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Charlie Arturaola, la parlata del vino

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20/07/2016
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FOTOS CORTESÍA CHARLIE ARTURAOLA

En el insólito mundo de los vinos, donde se conjuga arte, talento y mucha sensibilidad, debe existir el don de la palabra y, es aquí donde entra en escena un personaje que merece la pena conocer: Charlie Arturaola

Bien vasco
Charlie, nacido en el barrio gallego de Montevideo, es de familia vasca, pero ha viajado desde hace tantas veces para Argentina, que la misma enóloga Susana Balbo pensó que era porteño.

Es tan vasco que cuando ingresas a su página web, la tipografía con la que está escrito su nombre es vasca y lo mejor es que está diseñado por el creativo Mikel de la marcakukuxumuxu quien es muy amigo suyo.

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Bendecido con el don de la palabra, es una persona que resalta en cualquier sitio así no emita sonido. Su pinta habla por si sola: chaquetas italianas de Tallia, lentes de Modena de la marca Kador, zapatos canadienses de cualquier cantidad de colores de la marca Nativas y camisas de Roma marca Dani Roma, captan la atención de quienes le rodean.

Periodista de formación, hizo locución deportiva y radio. Algo que le encantaba pero no rendía. Incluso su tío abuelo en algún momento le llegó a decir: “Te metiste en la profesión más odiosa del mundo” y comparte: “Me fui al mundial de fútbol, empecé a trabajar para RTVE y me di cuenta después del mundial, que me enamoré de una viña en La Rioja, luego en Francia y ahí me cambió la vida”.
“El vino me lo forjé”

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“A los 11 años entendí que me gustaba el vino cuando mi papá me mandó a una viña con pico y pala y me di cuenta de que mi trabajo iba a ser del otro lado”.

Arturaola es trotamundos: salió a los 19 años de Uruguay y se ha paseado por mar y tierra. Como buen periodista, tiene el don de ser “pico de plata” y eso, en el mundo del vino, es indispensable para hacerlo atractivo, que la gente quiera desearlo y luego muera por probarlo.

Después de entender que su nuevo amor era esta bebida, en sus viajes entendió que había formas de hacer otro tipo de vida cerca de esas botellas y etiquetas. Gracias a eso, se dijo “Yo quiero hacer esto”. Madrid, Málaga, San Sebastián, Navarra, y probando dos tragos de jerez fueron más que suficiente para conocer viñedos, abrir botellas y empezar la travesía.

 

Inicios en El Caribe

“Viví en Puerto Rico y Santo Domingo y ahí empecé en el mundo de la gastronomía. Trabajé en un restaurante de Santo Domingo en la administración”, comparte y agrega “Vengo del caribe, de la onda suave”.

En una de sus tantas anécdotas cuenta que una vez le tocó salir a atender en la sala y ese día el bistec salió quemado. “Se me caían las botellas de vino. La primera vez que bañé la espalda de una mujer fue con una botella de pinot grigio. Le pagamos el vestido y al final todos me decían “que simpático sos”.

Recuerda con aprecio al señor Raúl Orazzi quien vivió hasta los 94 años y quien lo mandó a la cocina para aprender y ver la restauración de otra forma. Charlie preguntaba: “¿Cuándo puedo servir las cosas?” y él respondía que cuando tuviera que salir. Y confiesa: “Él marcó lo que soy hoy en día”.

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Las buenas prácticas en el restaurante y la habilidad para cautivar a través de la palabra le dieron la oportunidad de poder trabajar en un evento de Oscar de la Renta donde se embolsilló a 500 personas que disfrutaron de sus buenos servicios. Además, este tipo de experiencias las hacía para aprender nuevos idiomas: si bien hablaba inglés y francés, quería aprender italiano.

“Me fui puliendo, cocinaba crepes, costillas de cordero, etc. Y con respecto al vino, lo mío era viajar por las etiquetas. Yo soñaba con la etiqueta del vino Castillo de Ygay 1933”.

Un buen día le dijeron: “Si tú me vendes todo el vino viejo que tenemos atrás, de 100$ te doy 50$. Y así fue. Había mucho vino francés y él le dio salida. Charlie comenta relajado “Yo vendo lo que me gusta: vendo historias, tengo la parlata”.

 

La vida a bordo
Arturaola llegó a trabajar como maître en una compañía que contaba con 27 barcos. Trabajó nueve meses con éxito hasta que entró en un problema jerárquico con otros compañeros que eran españoles que no lo querían y lo llamaban “el vasco de mierda”.

Se ríe y comparte “Me echaron del trabajo a las 6:00 am, a las 09:00 am entré a la oficina de la competencia y a las 10:00 tenía un ticket para trabajar en el Queen Elizabeth de la línea de cruceros Cunard (la del Titanic)”.

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Continúa con la anécdota “Me habían sacado la tarjeta roja y me mandaron de vacaciones. Un chileno me dijo que por qué no me iba a la empresa que estaba al frente. Un italiano con un habano más grande que su vida estaba en la puerta fumando llamado Sal Brunetti. Ahí le dije que sabía vender más de lo que se vender de vinos. Me transfieren de New York y luego a Venezia, gracias a Riccardo Polito director de Bebidas y Don Peineta, Restaurant Manager del barco quienes me ayudaron a aprender cómo comis (ayudante de sumiller)”.

A Charlie se le ha dado el don de vender con facilidad. Pasó cuatro años trabajando en cruceros. En una oportunidad, en altamar, con 1600 pasajeros a bordo, llegó a vender 24.000 dólares en vino en una semana.

 

Un vino en cada puerto
Transmitir la pasión e historia detrás de una etiqueta es una tarea que requiere de disciplina e inspiración. En cada puerto al que Charlie llegó como Málaga, Canarias, Venecia, Alejandría, Atenas, Israel, Estambul e incluso el sur de Rusia aprovechó la oportunidad de comprar lo que sus amigos llamaban “vinos raros”. El paladar hay que expandirlo, dice el experto y por ello, en vez de conformarse con lo que todo el mundo compraba, él prefería seleccionar cosas más autóctonas y propias de cada lugar:

“Cada vez que podía, me iba a conocer vinos en diversas ciudades. Hay que tomar lo que el pueblo da. La gente insistía en que yo tomaba vinos raros. Al parecer emborrachaba a la gente”.

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Otra historia interesante es que mientras estaba en esa etapa de cruceros, coincidió con la Guerra del Golfo Pérsico en el barco y le dieron la oportunidad ser la persona responsable de alimentos y bebidas así como quien llevaba la contabilidad. “Comíamos muy bien, tomábamos muy bien así que agarré un contrato de nueve meses. Nos pagaban cash: 1000 dólares por cada misil que lanzaban. Lanzaban gas mostaza”. Así que cada misil le ayudó a generar unos buenos ahorros.

Charlie es de los afortunados que puede decir que celebró los 150 años de la flota más antigua del mundo.

Después de todo ese tiempo, decidió quedarse en tierra firme y se fue a vivir para Key Byscayne donde se dedicó a tomar cava sentado en una piscina. “Me quedé sin dinero y dije tengo que salir a trabajar”, comparte.

Por esas casualidades de la vida, donde él se encontraba, había gente de Santo Domingo que lo conocía de diez años antes que tenían un restaurante en Miami. Al verlo le dijeron “Por qué no te vienes a trabajar con nosotros, necesitamos a uno para el vino como tú”.

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Él ya tenía 30 años y quería trabajar “suavecito” así que accedió a administrar pero no comprar. En 1997 saltó de Coral Gables a North Miami donde creó una carta de vinos para un establecimiento que fue tan interesante que Wine Spectator dijo era una de las cartas más vanguardistas que había en el sur de la Florida. En ese momento le cambió la vida y entre algunos cambios, se divorcia por segunda vez.

En el 98 hizo un joint venture con sommeliers jóvenes y a quienes les dio clases sobre lo que él sabía de vinos. En el 99 dice que se iba a montar en un cohete y se iba a ir para otro sitio y de repente, un domingo cualquiera estaba donde nadie quería trabajar y alguien entró a juzgar su vino. Su carta estaba entre las mejores del sur de la Florida y eso era algo importante.

En West Palm Beach, Boca Ratón hizo una carta de 1200 vinos italianos para un lugar de cocina italiana que fue la que le dio más importancia en este país. Nadie sabía pronunciar en italiano y él sí. Era una gran responsabilidad ya que tenía a su cargo una venta de dos millones en vino.

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A Charlie lo contrataron para que fuera el jefe de compras de vino del Boca Raton Resort, un hotel que poseía 1400 habitaciones y donde debía enseñar a los 250 camareros del recinto. “Yo acepté el reto. De buenas a primeras quedé en 2001 a cargo de la compra de 10.000.000 de dólares en vino”.

Hasta 2006 trabajó en el restaurante Lucca, uno de los del hotel y que pertenecía a Robert De Niro y establecimiento que ganó una mención para ir a la En 2000 iban a Aspen a hacer demostraciones de food and wine. Y el único que hacía las demostraciones era Charlie. El restaurante gana una mención para ir al James Beard Foundation, reconocimiento que te consagra en EEUU en temas referentes a comida y vinos.
Soy el hombre que habla de vinos
“Yo ya no quería ser director de bebidas porque me recordaba a mis años locos de crucero. Me retiré y me fui a trabajar al Golfo de México donde me dieron cuatro hoteles boutique para hacerme cargo de ellos”.

“El dueño me dijo de una forma jocosa: yo quiero que me montes un buen restaurante de vinos piemontés. Él quería los mismos premios del Boca Resort”.

Ahí era una especie de comprador corporativo de vinos donde hablaba de vinos, daba clases, master clases, servicios, hablaba de comida y hacían workshops.

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Para 2007 tuvo una oferta para trabajar con Mario Batalli en Las Vegas pero vino la crisis y no podían abrir los cinco restaurantes así que una vez más, volvió a darle un giro a su vida. “Me decidí casar con mi señora con quien ya voy a cumplir 10 años”.

Profesor de hospitality en la universidad de Boca Raton, invitado en Aspen para hablar de DOC, productor de contenidos referentes al tema, con unas lecturas importantes en los medios en los que publica, debuta en 2010 frente a las cámaras.

El mendozino Ramiro Navarro, dedicado al cine y la producción, un buen dijo a sus amigos “Tengo un muchacho uruguayo que se las sabe de todas” y con él nació El Camino del vino.

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No había dinero para hacer el camino del vino y en 2007, la enóloga Susana Balbo comentó “lo que le hace falta a Mendoza es una linda película donde se muestre nuestras viñas”. Se enteró del proyecto y con 10000 dólares prestados. Como el destino siempre le sonríe a Charlie y sus proyectos, se consiguieron 300.000 dólares más que vendieron de Hollywood.

A la fecha 45000 personas han visto este video y ha recibido numerosos y reconocidos premios internacionales.

 

“Yo tengo muchas buenas experiencias y malas pero todas terminan en una copa”

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La película trata sobre Charlie quien pierde el paladar. Eso fue un gran desafío ya que lo llevaron a ser ambiguo con algo que gusta o no gusta. Tiene un poco de ficción y es estilo documental mocudrama. En la historia su gran gurú, quien lo ayuda en esta situación es el reconocido enólogo Michel Rolland aunque también participa el cocinero Donato De Santis y la esposa de Charlie, Pandora Anwyl.

El cocinero Donato es su compinche en el camino del vino ya que el buen sommelier nunca puede ir en contra del chef. “Yo entro a la gastronomía por ser maître de hotel, cuento historias de las familias del vino”.

 

Coleccionista
Charlie comparte sobre sus gustos y dice “Me encanta el tannat pero hay que entenderlo a los 10 o 12 años, también tomo tempranillo raspón. Si no entiendes el vino desde las bases, no puedes entender un grand cru. Pero yo tomo historia, el vino es documento”.

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Las otras caras del vino
Trabajar con este producto no necesariamente es producirlo, venderlo o catarlo. Existen muchas otras áreas que lo hacen aún más fascinante. Desde 2003, el experto trabaja con las aseguradoras de vino de cavas privadas. Es el catador que dicta si una cava está bien o no: “Voy a una cava privada, hago inventario, los cato y digo en qué estado están para poder hacer una póliza de seguro”.
Gracias a todos estos años de anécdotas, experiencias y actividades, comparte con orgullo, que debido a todas las colecciones que ha tratado, ha comprado alrededor de 4.000 botellas.

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“Tenemos alrededor de 1.000 y 1.200 vinos en un área, en otro piso 1.400 vinos en refrigeradoras a 12°C. Tengo un galpón donde tengo otros 1400 vinos de Bordeaux. Admito que la uva cabernet sauvignon es mi preferida: opulentas, robustas, estructuras sedosas. Me encantan los vinos de Toscana”.
Entre las cosas que más le gusta de abrir un vino añejado es poder disfrutar una uva que haya sido tratada dentro de una cava, que no haya sufrido.

Su botella favorita está acostada y hay que pararla: es del año 2000. “El día que mi hijo decidió irse a Uruguay, me gasté 5000 dólares en comprar mucho vino de Bordeaux. Se fue mi hijo pero hice dinero”.

Por los momentos le da un poco más de impulso al cine y la tv. “Hay buenas críticas de que no le tengo miedo a la cámara y tengo la habilidad y la versatilidad para hablar en idiomas diversos”. Y agrega: “Quiero comer en Boroa con Michelin”.

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Con 54 años y 30 de ellos metido en el vino lo decreta: “He hecho todo tipo de cosas debajo del cinturón del vino. Me gusta enseñar todo lo que he visto”.

También, desde hace siete años, trabaja en la elaboración de 180 etiquetas de vino que se venden entre Vancouver, Victoria y Alberta. Se podría decir que con su paladar ha hecho vinos para los canadienses. Para ello, viaja a Europa y en cinco días prueba alrededor de 450 vinos. Ahí decide si le gustan o no y luego habla con los enólogos para afinar con ellos el sabor del vino que gustará a su mercado. Entre los vinos que elabora está el blanco de Sicilia, así como vino del Veneto o pinot grigio.

Todos los años escoge vinos para cada seis meses, recorre las regiones que quiere representar en Canadá y confirma: “El canadiense sabe de vinos y tiene paladar exquisito. Es un mercado de compradores entre 7000 y 10000 cajas de vino al año”.

 

Cómo selecciona los vinos que prueba:
“Ayudo familias y no conglomerados gigantes”. Y así, con esa decisión, pasa a darle alma al vino a través de las notas de cata que lleva cada etiqueta seleccionada.

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“Tenemos mucha gente con libros pero no saben vender una botella de vino. El problema es que la gente compra etiquetas y no vino”, se lamenta.“Hago vinos que no tenían alma, les pongo pasión y alma en las notas de cata. Si bien la etiqueta de enfrente es importante, la parte de atrás demuestra que tienen territorio”. Él evangeliza el vino y aprovecha tener la oportunidad de recorrer el mundo y tener afinidad por muchas cepas.

De los portugueses agradece el que le hayan enseñado contar historias en un minuto para que no le tiraran las comidas los mesoneros.

“Tenemos que quedar bien y somos un team” e insiste en lo importante de aprender a seleccionar las palabras que vas a utilizar para explicar el vino.

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Cabe destacar que Charlie Arturaola es el único hispano en el mundo en ganar en 2012, el premio en Inglaterra Wine Communicator of the Year Award en Londres para la más vieja competencia de Vinos del Mundo, la International Wine Spirit Competition, IWSC, premio que comparte junto a Jancis Robinson, Clive Coates, Serena Sutcliffe, Oz Clark entre otros.

El uruguayo se reconoce también como el único sommelier que ha hecho dos películas del vino y programas de tv; adora recorrer el mundo para poder difundir que nadie le regaló nada: “Uno lo ha hecho a pulmón con ganas de recorrer el mundo”, finaliza mientras acaricia a China su gata quien se mete en todos lados como los chinos.

Coordenadas para brindar con Charlie: