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El embarazo no es sinónimo de comer por dos

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26/02/2015
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POR: DÉBORA ILOVACA @DEBORALIESKA

El estado nutricional de la futura madre y los alimentos que ingiere durante la gestación son determinantes para la salud y el crecimiento de su hijo. Las mujeres embarazadas deben aumentar de peso y comer balanceadamente bajo observación médica

Hay que decirlo y repetirlo. Estar embarazada no significa comer por dos. Tampoco se trata de comer como siempre se come. Ni de complacer todos los antojos que surgen a lo largo del día. Estar embarazada implica alimentarse como embarazada: como una mujer en cuyo vientre se está desarrollando y creciendo una nueva vida. Porque –tal como lo señala la Organización Mundial de la Salud (OMS)– cada uno de los alimentos que se ingieren mientras se está embaraza y mientras se está amamantando pueden afectar la salud de la madre y de su bebé.

Lo primero que toda futura madre tiene que saber es que debe aumentar de peso, pues, además de satisfacer sus propias necesidades nutricionales, también debe satisfacer las del niño. Y, también, que los rangos de aumento de peso varían de una mujer a otra.

Así lo explica la médico nutrólogo Ingrid Rached de Paoli: “Los kilogramos que se deben aumentar dependen del estado nutricional de la mujer embarazada. De acuerdo con la OMS, una mujer bien nutrida debe aumentar entre 11 y 16 kilogramos, una mujer desnutrida entre 12 y 18 kilogramos, una mujer con sobrepeso entre 6 y 11 kilogramos, y una mujer con obesidad entre 5 y 9 kilogramos”.

Este aumento de peso tiene lugar, principalmente, en los dos últimos trimestres del embarazo. “En el primer trimestre se da la menor ganancia de peso, a causa de los vómitos y el malestar que sienten las embarazadas. En el segundo se aumenta de peso para soportar el volumen de ese feto que está creciendo. Y en el último trimestre se aumenta de peso para alimentar al feto. Es durante ese tiempo que las embarazadas se ven muy barrigonas de pronto, porque la barriga crece muy rápido. Por eso las recomendaciones alimentarias son diferentes en cada trimestre”, dice Rached.

Francia Sáez de Sosa, gineco-obstetra, también sostiene que se debe ganar peso durante el embarazo y que los rangos cambian de una mujer a otra. Sin embargo, dice que lo ideal es que una mujer embarazada aumente entre 9 y 12 kilogramos. ¿Por qué? Porque aumentar mucho de peso puede tener consecuencias negativas para la salud de la madre y del niño.

“Aumentar de peso excesivamente durante el embarazo predispone a la mujer a padecer de enfermedades como preclampsia (hipertensión durante el embarazo), diabetes gestacional (diabetes que se presenta por primera vez durante la gestación) y otras complicaciones mórbidas. Para el feto tampoco es beneficioso: puede nacer un bebé con sobrepeso, lo trae complicaciones en el parto vaginal y hay que recurrir a cesárea”, dice Sáez.

Comer menos de lo necesario también es contraproducente para el embarazo. Eso dice la nutricionista de la Fundación Bengoa Yinett Mosqueda: “Si la madre no se alimenta adecuadamente, además de correr el riesgo de que el bebé nazca bajo de peso, puede ocasionar que el feto no se desarrolle adecuadamente, que se presente el problema de la espina bífida (columna mal desarrollada) y otras malformaciones congénitas”.

Para no comer de más, ni de menos, las expertas recomiendan acudir al médico obstetra y a un nutricionista. De esta manera, cada mujer puede saber exactamente cuánto peso es recomendable que gane y, sobre todo, qué comer, cómo comer y cuándo comer para ganarlo.

La regla de oro –dicen las expertas– es comer sana y balanceadamente. Consumir todos los grupos de alimentos: vegetales, frutas, panes, cereales, granos, carnes, huevos, productos lácteos y grasas. También vitaminas y minerales, en especial: ácido fólico, hierro, calcio y vitaminas A, C, D. Y, muy importante, comer varias veces al día. “Las embarazadas tienen que comer sus tres comidas principales y un mínimo de dos meriendas: una a media mañana y una a media tarde, y tal vez otra en la noche, después de la cena”, explica Rached.

En general –dice Mosqueda– la madre puede comer de todo, pero cuidando las cantidades y evitando las frituras y las grasas trans. “Tampoco es recomendable consumir café, té ni refrescos. Pues la cafeína no permita la absorción de calcio en los huesos. Es preferible que ingieran agua, jugos naturales o limonada. Los jugos de cartón tampoco son la mejor porque contienen mucha azúcar, así que deben tomarse con moderación”.

Rached agrega que la embarazadas también deben controlar la ingesta de edulcorantes. “Los permitidos por la Administración de comidas y drogas de Estados Unidos (Food and Drug Adminitration) y en orden de recomendación son: sucralosa, aspartame, asesulfame-k, neotame y sacarina (ésta es la menos recomendada). Se recomienda consumir entre dos y tres porciones diarias, lo que equivale a no más de dos o tres sobrecitos al día”. Nada parecido a comer por dos.