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En Pozo del Cura crece un cacao secreto

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Regado por las cristalinas aguas del pozo y rodeadas de árboles frutales, crecen cultivos centenarios que dan un cacao fino, lleno de sabores dulces

Yofre Echarri es de profesión criminólogo pero, por decisión, se hizo agricultor hace 20 años. Yofre, moreno y de ojos azules, cambió por completo su vida cuando decidió volver a sus raíces en Caruao, un pueblito de la costa de Vargas que se encuentra a 45 minutos de Los Caracas.

Allí optó por dedicarse al cultivo de cacao. Desde hace muchos años, su padre tiene en la entrada del conocido Pozo del Cura un poco más de dos hectáreas con árboles de cacao que, según cuenta Yofre, son silvestres y algunos datan con más de 200 años. Sin haber realizado una siembra tradicional, cuenta con plantas de muchas especies.

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Con los años, Yofre se fue interesando por ampliar su conocimiento sobre el cacao. Realizó varios estudios hasta llegar al diplomado de la Universidad Simón Bolívar donde hoy en día es colaborador. Su siembra se convirtió en un laboratorio donde muchos de los grandes chocolateros venezolanos han pasado a estudiar el trabajo que realiza, además de ser proveedor de cacao de marcas como Cacao de origen.

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Una de las particularidades que se consigue allí es el perfecto clima húmedo que se crea debido a que toda la siembra está rodeada de arboles frutales como mangos, lechosas, naranjos, plátanos, cambures… Además posee una fuente de riego natural producto de las cristalinas aguas de Pozo del Cura. En suma, cuenta con un ambiente ideal para producir cacao fino, lleno de aromas y sabores dulces.

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Yofre se ha convertido en un estudioso no solo del tema del cacao sino también de los sabores de la Costa y de su historia. La visita que realizamos fue algo muy casual y particular. Nos encontramos en una de las calles de Caruao y, sin planificarlo, decidimos adentrarnos en Pozo del Cura. Después de caminar un poco más de una hora entre la siembra, que se ha convertido en un minibanco de germoplasma, Yofre nos mostró  orgulloso árboles variados e inmensos que cosecha con varas de bambú de distinto tamaño, lo que le divierte. Para él, ese trabajo no es para hacerse rico. Lo ve como un lugar donde tener paz y envejecer, manteniéndose activo.

Nos cuenta como anécdota que cuando comenzó, sus conocidos del pueblo decían que no pasaría del año, pues “encorbatado no sabe trabajar la tierra”. Así le decían porque Yofre trabajó por mucho tiempo en la banca privada. “Pero aquí 20 años después, manteniéndome en un terreno por donde han pasado los mejores del ramo”, concluye.