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La amistad se descorcha

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07/04/2016
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FOTO: PURSUITIST.COM

La Modernidad ha introducido un cambio en el momento de descorche. Significa varias rupturas con los hábitos del pasado. El primer cambio es de percepción. Del que busca y quiere una botella; y también de la persona a la que invitan a participar o le ofrecen el descorche

Así, las botellas dejan de ser botellas, se convierten en ofrendas, en homenajes, en agradecimiento, en momentos gratos, en estilo personal.

No es moda, es tendencia

En el pasado se descorchaba según el calendario. Para año nuevo, la navidad, los cumpleaños y algunos aniversarios personales como el matrimonio.

En algunas regiones del mundo donde el sol cambia dramáticamente el paisaje, la noche y el humor, se festeja además el solsticio de verano. (Evento astronómico que marca el momento en que la incidencia de los rayos solares está al máximo y provoca el día más largo del año).

Ahora no. No se sigue el calendario, tampoco se siguen las estaciones del año. Ahora, la noción de búsqueda de la felicidad avanza, tratando de quitarse el corsé. La empujan las nuevas generaciones, que no usan corsé y a quienes tan solo la palabra, les espanta.

“El mundo lo mueven los optimistas, no lo pesimistas”, recordaba el maestro en comportamiento Jean Huteau. Desde el champán al último espumoso, todos los vinos le están agradecidos por su sabiduría al profesor francés. A ellos se suman sin orden ni concierto todos aquellos que viven con sed.

El fundamento del antojo
Como en la vida, las cosas son según el cristal con que se mire. Para los “censores del gusto ajeno” el párrafo de introducción a esta crónica puede ser interpretado como una incitación a beber más.

Para los urbanitas cultos, eso no es así. Lo dicho no es promover el bacanal del descorche, sino un reconocimiento a los cambios de hábitos que separan el inicio del siglo XXI con aquellos que reinaron desde el siglo XIX hasta mediados del XX.

Además, uno no anda por la vida cargando un camión cisterna con alcohol, repartiéndolo a golpes de manguera, para que los amigos se embriaguen. Ni hace listas para que sus amistades en la mesa lo recuerden, a pan y agua.

En cada ocasión que se desea celebrar uno afina el olfato. En la medida de lo posible no improvisa. Recurre a la experiencia o al conocimiento adquirido, busca ayuda y consejo para seleccionar lo más adecuado, lo correcto.

No es un asunto de dinero, sino una expresión de cultura urbana, que se ejerce sin aspaviento, en todas las franjas sociales.

Revolución en los vinos espumosos
La primera categoría que en los últimos tres años trabajó para encabezar la tendencia fue el vino espumoso italiano Prosecco. No es champán, ni usa sus uvas, ni su método en el viñedo ni en la vinificación. Pero sí usa su botella. Esto tiene amargados a los franceses.

El champagne francés se elabora en una región específica y pequeña de los viñedos franceses, utilizando tres tipos de uva propias, dosificando el prensado, para producir poco, en forma muy costosa. Así, el champagne logró posicionarse como el vino de festejo más caro que se produce en el planeta y se comercializa como si fuera perfume.

En algún momento de la historia de la categoría, el champán invitó a la gente a beberlo más allá de navidad, año nuevo o festejos espaciados. No tuvo suerte. Era muy caro. Lo sigue siendo.

Ese fue el “nicho de mercado” que decidió explotar el Prosecco. Vende sus botellas iguales a las del champagne, a un tercio del precio del vino francés. Hace el vino italiano con la uva Prosecco, en los alrededores de Conegliano del Véneto, cerca de Trieste. Ahora que explotó su consumo, lo elaboran en siete provincias de Italia con la uva Glera (nuevo nombre de la antigua Prosecco) hasta un máximo del 15 % y el resto se obtiene de vinos provenientes de otras uvas (Verdiso, Bianchetta Trevigiana, Perera, Glera lunga, Chardonnay, Pinot Bianco, Pinot Grigio y Pinot Nero).

El orquestado esfuerzo de venta del Prosecco acompañó la nueva noción de “amistad se descorcha”. Disparó en forma espectacular sus ventas y tras él vienen los vinos espumosos que a menor precio se producen en Latinoamérica, por ejemplo.

Ahora se descorcha vino espumoso no solo en Navidad y Año Nuevo sino durante todo el año.

La segmentación del descorche
Un gourmet con ganas de descorchar la amistad, usa las características y estilos de los vinos tranquilos (en Enología, los vinos sin burbujas) para transitar caminos hacia el placer.

Para empezar, tiene a su alcance los vinos de conversación. Allí entran todos los aperitivos con el vermú a la cabeza, seguido por el Campari (licor italiano de hierbas y frutas) el Cynar (licor de alcachofa y otras 12 hierbas) y las otras botellas que en su estilo, desee agregar.

Para celebrar la amistad mientras se come, están todos los vinos de todas las regiones, en sus tres categorías de colores: blancos, rosados y tintos. Esta categoría es muy amplia y congrega también a los vinos de homenaje. Se entiendo por ello aquellas botellas especiales, con atributos de diferenciación especial por las añadas, la calidad de las cepas o el hombre famoso del productor o la región.
Finalmente, siguiendo la secuencia gastronómica, llega el momento de los tragos de sobremesa. Aquí entran en arco iris perfecto de goce y celebración, botellas que han construido su prestigio a lo largo de mucho tiempo. De la vertiente francesa: Grand Marnier, Cointreau, Bénédictine, ByB, Anis, Chartreuse, Perfait Amour. De la vertiente italiana: Grappa, Amaretto, Sambuca, Frangélico, licores de frutas, licores de café, etc.

A todos ellos, el conocedor agrega como opciones según el momento y la compañía una copa emblemática de Coñac, Brandy, Armañac, Mirabelle, Cointreau, Drambuie… y las opciones dulces de vinos especiales: Moscatel, Sauternes, Tokaji, Vin Santo, Malvasía… Y “su majestad” como trago de seducción, conocimiento y amistad: el vino de Oporto en todas sus variantes rojas.

Si le asombra o abruma la diversidad de opciones, le recuerdo una frase que citaba con frecuencia el Profesor Emile Peynaud (padre de la Enología Moderna), “También de día, el cielo está poblado de estrellas”.