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La importancia de comer en casa

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26/12/2015
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POR: DÉBORA ILOVACA|FOTO: PATRICK DOLANDE

Cocinar es fuente de salud. El cuerpo reclama a gritos que se desempolve la costumbre de consumir comida casera. Conozca la importancia de comprar los productos adecuados y de disfrutar el placer de lo que se prepara en los fogones del hogar

Hay rutinas vitales que pasan desapercibidas. Las absorbe la falta de tiempo, la premura, lo inmediato. Se confunden con las ocupaciones diarias y empiezan a desaparecer poco a poco, hasta que sólo queda un amago. O peor: ¡un esperpento! Cocinar en casa es una rutina vital en vía de extinción. Y ha llegado el momento de rescatarla. No por ella en sí misma —aunque su valor no tiene parangón— sino por nosotros. Por la perpetuidad de nuestra especie. Los humanos somos los únicos seres vivos que cocinan.

La alimentación lejos de los fogones del hogar tiene una incidencia directa y negativa en la salud, la calidad de vida y la imagen corporal. Las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad son una consecuencia directa de sustituir la comida de casa por la de la calle. O, en términos más modernos, cambiar la slow food por la fast food.

La asociación Slow Food define la expresión como una forma irónica de “decirle que no a la comida rápida” y de defender “una vida sin apuros que comience en la mesa”. Es una suerte de filosofía de la alimentación que se opone a la estandarización de los sabores y las culturas, y al excesivo poder de las industrias multinacionales de condumios y agricultura.

Parte del principio de que cada persona tiene derecho al placer de la buena mesa y, al mismo tiempo, es responsable de proteger la herencia cultural y tradicional que hacen posible ese placer. Cree en la neo-grastronomía, un concepto que reconoce las estrechas relaciones que existen entre un plato de comida, el planeta, las personas y la cultura.

La nutricionista Gabriela López Mujica aplaude la propuesta de la slow food y dice que la clave de la buena alimentación está en comer de la manera más natural posible y en las cantidades adecuadas. Retomar la costumbre de ingerir preparaciones hechas en casa es una variable crucial de esa ecuación, pero con ciertas consideraciones. “No basta con comer en casa si no se compran los alimentos adecuados y reproducen el menú de la comida rápida. Se trata, mas bien, de un cambio en los hábitos alimenticios”, explica López Mujica.

Cambiar los hábitos alimenticios —dice la experta— empieza por comprar los productos adecuados: “Hay que evitar los excesivamente refinados y procesados, pues siempre van a tener preservantes y otros componentes añadidos. Por ejemplo: papas fritas, salsas comerciales, salchichas, embutidos, enlatados. Todos esos productos van a tener colesterol, grasas y sal añadida”.

Comer de forma natural implica aumentar la ingesta de verduras, hortalizas, frutas, granos, tubérculos. Y preferir los cereales y harinas integrales. “Los alimentos naturales tienen baja cantidades de azúcar y son ricos en fibra, vitaminas y minerales. Estas propiedades son muy beneficiosas para la salud porque disminuyen el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad y previenen ciertos tipos de cáncer, como el de colon”.

Para poner en práctica sus recomendaciones, López Mujica aconseja ir de compras a los mercados locales o municipales. De esa manera, se apoya a los pequeños productores, se pueden conseguir mejores precios y se evita caer en la tentación de los alimentos procesados y refinados. También es enriquecedor aprovechar los viajes, en especial dentro de Venezuela, para comprar productos autóctonos de la región. Es una ganancia triple: ¡en conocimiento, en variedad y en sabor venezolano!
La frase del mes: “La mejor bebida para todas las comidas es el agua”
EL ABC del slow food
La filosofía de la slow food se rige por tres principios fundamentales que deben cumplir los alimentos y su producción:
Que sean buenos: promueve una dieta saludable, fresca y variada que satisfaga los sentidos y sea parte de la cultura local.
Que sean limpios: se emplean procesos de producción y consumo de alimentos que no dañan el medio ambiente, los animales ni nuestra salud.
Que sean justos: los productos tienen precios accesibles para los consumidores y buenas condiciones de pago para los pequeños productores.

Pura agua
Tener una alimentación sana, balanceada y natural implica entender que el agua es la mejor bebida para acompañar todas las comidas. “Muchas personas piensan que tomar jugos comerciales es mejor que tomar refresco. Y resulta que no. Los refrescos, los jugos —incluso los light—, las bebidas para deportistas y las maltas contienen muchas azúcar. Todas son igual de dañinas. Lo ideal es tomar siempre agua”, dice López Mujica.
(RECUADRO)
Saca la cuenta
La cantidad de los factores altera el producto. Observar las calorías aproximadas que aporta cada tipo de alimentos es una guía para aprender a combinarlas. Se deben incluir todos los grupos —carbohidratos, proteínas, vegetales y frutas— en todas las comidas.

  • 1 tz de vegetales = 25 calorías
  • 1 ración de frutas = 60 calorías
  • 1 tz de pasta/arroz/granos/tubérculos = 160 calorías
  • 60 gr de carne/pollo/pescado = 150 calorías
  • 1 cdta de aceite = 45 calorías
  • 4 bolsitas de azúcar = 60 calorías
  • 1 lata de refresco = 160 calorías

Contacto

  • Gabriela López Mujica. Nutricionista.
  • Centro Médico Docente La Trinidad. Teléfonos: (0212)9458235/9496215.