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Semana Santa en Caracas: Más de 200 años de ayunos y comilonas

mesa de comedor cena

 

El Viernes de la Semana Santa estaba caracterizado por un ayuno matutino donde solo se ingería café negro que se servía de una enorme “jícara” y que luego se compensaba con un opíparo almuerzo.

 

Los católicos de mediados del siglo XIX esperaban con ansiedad que el reloj de la Catedral de Caracas marcara las 12:00 del mediodía del viernes de Semana Santa ya que con puntualidad rigurosa se servía el almuerzo donde se desquitaban del ayuno de la mañana con varios tragos de guarapo fermentado de concha de piña o con chicha a la que agregaban una copa de anisado, remedio eficaz para la buena digestión.

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Después del aperitivo se servía el sancocho de pescado fresco con plátano verde y aceite de Castilla donde nadaban sendas arepas, lo que era devorado con fruición por los hambrientos penitentes.

 

 

SANCOCHO

Luego aparecía en el gran comedor de las casonas familiares las bandejas de loza inglesa con hermosas torres de pira, hoja comestible de altísimo valor nutritivo también conocida como amaranto o yerba Caracas. Las hojas de pira eran mezcladas con verdolaga, repollo, harina de trigo, manteca y queso. Todos estos ingredientes se molían para cocinarlos y obtener una pasta.

pira, yerba caraca, amaranto, oxigenante cerebral

Foto: Pira. Cortesía Patrick Dolande

La comilona continuaba con el pastel o cuajado de morrocoy cuya preparación incluye pasas, almendras y alcaparras, que lo convierte hoy en día en un plato elitesco y prohibitivo, además de ser muy mal visto por los ambientalistas. Los comensales saciaban su afición por el dulce con tazas de chocolate acompañado de queso de Flandes y copiosas hogazas de pan.

chocolate caliente

Indiscutiblemente que después de este opíparo almuerzo, la cena se reducía y se hacía una vez terminada la procesión del Santo Sepulcro y de la Virgen de La Dolorosa. Ambas imágenes regresaban al templo a eso de las 11 de la noche, entonces los comensales se volvían a reunir para engullir unas hogazas de pan remojadas en vino Moscatel acompañado del tradicional dulce de lechosa, servido en hermosas compoteras de cristal.

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Esto nos hace pensar que el ayuno de la Semana Mayor se reducía a la frugalidad de la mañana, pues en la noche si bien lo ingerido no era copioso, no constituía ningún sacrificio, el Moscatel se encargaba de brindar placer, mientras que la lechosa bañada en almíbar satisfacía la afición del caraqueño por el dulce.
@alberto.veloz