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¿Síndrome de Down = alimentación especial?

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En el marco del Día Mundial del Síndrome de Down queremos dar a conocer cómo debe ser la alimentación en personas con esta condición, partiendo de la premisa de que si todos debemos llevar una dieta adecuada y que iniciarlo desde edades muy tempranas ayuda a garantizar salud por el resto de la vida, pues de igual forma es en los seres especiales que nacen con un cromosoma de más

Posiblemente una de las interrogantes que existe es que los niños, adolescentes y adultos con Síndrome de Down deben llevar una alimentación “especial”. Y es parte de los mitos que se han generado por falta de información. Es cierto que parte de nacer con esta condición es sufrir de Hipotonía (falta de tónico muscular) y que esto trae como consecuencia que son más lentos en procesar, masticar y digerir los alimentos, sin embargo si los educamos en la importancia de una alimentación saludable, evitamos el sobrepeso y el padecimiento de enfermedades asociadas.

En los adolescentes con síndrome de Down es  aún más importante velar por una alimentación sana, porque aunque en la infancia no hayan tenido exceso de peso, la acumulación de grasa suele ser más marcada a partir de la pubertad. Por otra parte, tienen dificultades para controlarse ante los alimentos que más les gustan, comiendo en grandes cantidades y con demasiada frecuencia lo que más les agrada. Por ello la práctica de ejercicio debe incluirse como parte de su rutina diaria y así poder controlar su peso.

De igual forma existe el extremo contrario están los adolescentes que quieren seguir una dieta, entusiasmados por el deseo de tener una mejor imagen o por la influencia de su entorno o los medios de comunicación. Las dietas son un peligro cuando no hay un profesional que las aconseje, porque tienden a ser desequilibradas y prescindir de alimentos esenciales para la salud.

En cuanto a qué alimentos son los más apropiados las mismas que en cualquier otro niño, es decir, leche los primeros seis meses, luego incorporar alimentos sólidos en papillas y, al aparecer los dientes, comenzar a dar alimentos progresivamente picados, cosa de que a los dos años se logre ofrecer la misma alimentación que preparan para el resto de la familia. Lo importante son los hábitos alimenticios, a sus horarios y sin comidas a deshora.

El tema emocional también afecta a niños y adultos con este síndrome, esto pues son más vulnerables a encontrarse en entornos que no favorezcan su inserción social. Esto podría derivar a una mayor posibilidad de estados de ansiedad o depresión, por no ser considerados con dignidad por otras personas, afectando sus hábitos alimenticios, tal como le sucedería a cualquier otra persona.

Información cortesía de la Asociación Civil Uno Más