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“Telecocinando” con las morochas

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26/07/2016
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FOTOS CORTESÍA: OCARINA CASTILLO

Es auténtico que Bertha Cecilia y Carmen Cecilia Flores Oropeza eran morochas, nacidas en Caracas el año 1912 en el seno de la numerosa familia del Dr. Flores –médico- y su esposa Doña Consuelo, integrada por cinco hijas y tres varones que vivieron por los lados de El Conde. Las morochas se casaron pronto: Berta a los 14 o 15 años con Juan Francisco Cavalcanti y Carmencita un poco después con el señor Pagés, pero quiso la vida que ambas quedaran viudas y sin hijos apenas al inicio de su madurez, dedicando entonces sus mejores energías a una actividad que les apasionaba desde jóvenes: la culinaria

En efecto, en su casa materna eran frecuentes los copiosos almuerzos domingueros caraqueños, tradición que heredaron las jóvenes amas de casa, sobre todo Berta, quien cultivó el arte de recibir amigos y ofrecer los mejores platos, haciéndose frecuente la frase “…voy al almuerzo con las morochas”.

Berta y Carmencita hacían un buen equipo, en el que tenían desempeños diferenciados. Berta era la experta en comida: elaboraba los menús y hacía las compras en los mercados de Quinta Crespo o Guaicaipuro en compañía de sus ayudantes. Tenía un amplio conocimiento de gastronomía internacional, ya que se esmeró en viajar, investigar y probar las diferentes cocinas, aprendió recetas y conoció distintos ingredientes, que en muchos casos, adaptó a nuestra realidad.

Berta tenía además el don de la enseñanza que disfrutaba poner en práctica con sus colaboradores. Sentía un gusto especial por la comida, para ella era un placer sin igual cocinar, servir, degustar, atender. Insistía en que “…los platos debían ser agradables a la vista para que sean ricos al paladar” cuidando no solo el sabor, sino también su presentación y la compañía.

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Carmen, por su parte, había sido oficinista trabajando mucho tiempo en empresas comerciales, en esta nueva faceta su mejor compañera, su apoyo. Ella era especialista en bebidas y el arte de servir la mesa: dominaba el conocimiento de las vajillas, las servilletas, los buenos modales, los brindis y la cristalería. Distinguía claramente una copa de otra, sabía usarla y servir la bebida correspondiente a cada una, conocía el brindis adecuado para cada ocasión así como la correspondencia entre la comida, los licores y otras bebidas. Se lucía preparando sabrosos jugos y caratos tradicionales venezolanos servidos en jarras que rebosaban frescura.

En 1950 las morochas publicaron el libro: Recetario del pescado, cocina criolla e internacional y en 1958 emprendieron en Televisa el programa Telecocinando con la producción de Jorge Godoy.

En sus inicios hacían el programa en estudio y poco tiempo después comenzaron a transmitirlos desde la Quinta “Guadalupana”, casa en la que vivían las dos hermanas ubicada frente al canal, que contaba con una cocina espaciosa con tres niveles y adaptada para las emisiones en vivo.

Podría decirse que a través del programa, difundieron gran parte de su educación familiar: una vida con modales, esmero, sutilezas. Para explorar la reacción de los consumidores, organizaban sesiones de degustación de los platos a las cuales invitaban en primera instancia a sus compañeros del canal insistiendo en la intención de reafirmarles el disfrute de la buena mesa.

Morochas_Bienmesabe

Un ejemplo de ello, era la organización puesta en práctica en la elaboración de las hallacas, plato preferido de ambas, que degustaban primero con la familia aplicando, entre otras, la “técnica del pabilo” para añadir el punto de picante. Otros de sus platos preferidos eran el Chupe y la Chalupa, este último, con cachapas de hojas y numerosos quesos. El postre preferido de Berta era la “torta merengue” que constituía un maravilloso postre para un almuerzo, elaborada con discos de merengue de varios tamaños que se alternaban con diferentes cremas (con base de crema de leche batida con Nevazúcar) hasta lograr una pirámide que se coronaba con fresas frescas.

El legado de las morochas también se difundió a través de publicaciones escritas, entre las que se recuerda en especial la columna que tuvieron en la revista Estampas del periódico El Universal llamada Cocine con las Morochas entre 1971 y 1983.