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10 cosas que un venezolano necesita en el Everest

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Me burlaba con frecuencia de Alberto Camardiel cuando trabajé como periodista especializado de fútbol a mediados de la década pasada. Aparentemente desprovisto de toda malicia, el apodado “Zancudito” era un personaje habitual junto al terreno de juego en las transmisiones de RCTV durante el boom de la Vinotinto.

Alberto Camardiel ha llegado mucho más lejos que yo. Sí, ese tipo del que me burlaba y al que hoy sigues sin escucharle nunca hablar mal de nadie. Está casado y tiene una hija preciosísima de 4 años, Clara Helena. Ha completado cuatro maratones de 42 kilómetros, forma parte del equipo organizador de la carrera del CAF y entre el próximo 11 y 23 de mayo (la fecha de su cumpleaños 41) intentará conquistar la cumbre del Everest (8.848 metros) junto a otra venezolana que podría convertirse en la primera en escalar hasta el techo del mundo, Giselle Cesin.

“Venía de ser futbolista, por eso mi visión siempre era positiva”, recuerda hoy de sus años de reportero de la Vinotinto el “Zancudito”, que jugó en los equipos Galicia y UCV de segunda división. En 2011 llegó en el puesto 95 absoluto del maratón de Nueva York con un cronómetro de 2 horas y 35 minutos.

Ahora es un aventurero con un discurso fuera de lo común: “Vas al Everest principalmente porque te da nota la montaña. Sería un mentiroso si dijera que trato de dar un mensaje de motivación al pueblo venezolano en un momento difícil. Para mí eso no existe. De hecho, nunca llevé bandera en expediciones anteriores. Si a ti te inspira mi historia, qué chévere, pero no lo hago para que te inspire. Lo hago porque me apasiona. Si lo consigo, me lo dedicaré a mí mismo”.

Y el periodista egresado de la UCV podría convertirse en sucesor de Ramón Blanco (7 de octubre de 1993), español naturalizado que entonces estableció un récord absoluto de edad con 60 años, y de dos integrantes del Proyecto Cumbre, Marcus Tobía y el fallecido José Antonio “Indio” Delgado (23 de mayo de 2001).

Sobre la base de conversaciones con Camardiel (que, luego de una conexión Caracas-Miami-Qatar, quedó botado en Katmandú para el comienzo de la aventura), una lista de 10 cosas que necesita un venezolano para subir el Everest:

1) Dinero. En el caso individual de Camardiel, el presupuesto total de la expedición asciende a 45.000 dólares (sólo el permiso que hay que pagar al gobierno de Nepal por ingresar a la zona del Everest cuesta 11.000 dólares). Para ello ha recurrido a lo que él prefiere llamar aliados, en vez de patrocinantes, y entre los que se cuentan amigos como Tomás Rincón, el futbolista venezolano que milita en la Juventus de Italia. La lista completa de los que le ayudan a financiar la aventura está en su página web: el canal TLT, Valeven, Bancamiga, Seguros Venezuela, Go Pro, La Fontana, Fondo Valores, Construcciones Yamaro, TZ, G&B, Zone Gratitude, Sei, LA Sistemas y Más Digital, entre otros.

2) Gestor. No nos referimos al personaje que te ayuda a conseguir un pasaporte a Venezuela, sino a la agencia internacional de montañismo que te facilita la vida y te tramita todo el papeleo para ir a Nepal (país por el que se asciende a la ruta sur del Everest, que es la que intentarán Cesin y Camardiel). La agencia también contrata a los sherpas, la etnia budista nepalesa del valle del Khumbu, al pie del Himalaya, de entre cuyos pobladores aclimatados a la altura han salido los ayudantes que tradicionalmente hacen de baquianos para los musiúes. En este caso, los organizadores del viaje son los hermanos de origen argentino Guillermo y Damián Benegas, que suman 16 cumbres de la montaña más alta del mundo entre ambos. A los dos venezolanos les acompañarán tres clientes estadounidenses, Rick Reagan, Edward McCullough y John Oldring. “Nadie puede pensar en el Everest solo: es una suma de esfuerzos”, recuerda Camardiel. “Pero por supuesto, no es que les pagas y te llevan a la cumbre. Tienes que llevar todos tus recaudos al día, entre ellos el principal: partirte el culo entrenando todos los días. Si no, ni con el mejor gestor llegas a 8.848 metros de altura”.

3) Un plan. Camardiel y Cesin han sido entrenados a distancia por Scott Johnson y Steve House, montañistas autores de la que es considerada actualmente la Biblia de todo escalador: Training for the New Alpinism (2014). El plan específico de Camardiel ha tenido ocho meses de duración. Va a la montaña más alta del mundo, pero no la más complicada en cuanto a escalada: “Por suerte el Everest no implica una demanda técnica importante. Es un reto casi totalmente físico, o más bien fisiológico: adaptación a la altura y a la larga exposición al ejercicio. No es un maratón contra el tiempo en el que vas a toda mecha: en este caso de lo que se trata sobre todo es de desarrollar resistencia”. También ha tenido que trabajar fuerza muscular: a Alberto no le agrada ir a gimnasios y por eso equipó uno pequeño en su casa, en la que incluso construyó una mini-pared de escalada. La rutina con pesas no es la tradicional que hacen los kilúos, sino un entrenamiento de fuerza dinámico, es decir, ejercicios que impliquen consumir oxígeno con peso extra encima.

4) Jugueticos. “He estado muy en contacto con Ramón Blanco y los miembros de Proyecto Cumbre y ellos suspiran porque les hubiera gustado contar con toda la tecnología de la que disponemos ahora”. Por ejemplo, a través de la aplicación TrainingPeaks, Camardiel y Cesin han sido supervisados a diario por sus entrenadores estadounidenses a distancia. Alberto usa un reloj con GPS que registra recorrido, calorías, frecuencia cardíaca y otras variables biométricas de esfuerzo en cada rutina y luego descarga esos datos vía Bluetooth en el celular. “Independientemente de lo que represente para ti la montaña, estamos en 2017. Ya no podemos subir hoy al Everest con las mismas botas que se puso Mallory en 1924

5) Kilometraje. Alberto ya llegó a la cumbre del Chimborazo (6.268 metros) y tiene dos viajes previos a Nepal en 2008 y 2015, en los que escaló montañas chiquiticas del Himalaya como el Taboche (6.542m) y el Imja Tse (6.189m), además del asentamiento de Lobuche (4.940m), ya en la ruta al Everest. El último viaje fue particularmente impactante porque ocurrió poco después del terremoto que dejó más de 9.000 muertes en el segundo país más pobre de Asia, entre ellos 22 montañistas tras una avalancha en el Everest. Como recuerdos nepalíes, en su casa tiene banderas de plegaria budistas y campanas de yak.

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6) Una empujadita. Precisamente después de regresar del segundo viaje de Nepal en 2015, Alberto conoció a la atleta venezolana Giselle Cesin, la responsable de que se le despertara lo que él llama un “sueño dormido” y candidata a primera venezolana en el piquito del Everest. “Es posible que desde la primera vez que subí al Pico Oriental del Ávila (2.640m) a los 10 años de edad ya haya pasado por mi cabeza ir al Everest. Pero Giselle fue la creadora de este proyecto y ya desde 2015 lo venía armando. Ella es la que me propuso que fuéramos juntos y su invitación me hizo salir adelante”.

7) El Ávila. “Mi entrenamiento consiste en pensar en el Everest sin saber qué es realmente estar en el Everest. Lo que he hecho en Caracas es ganar una base aeróbica, pero la aclimatación a altura ocurrirá durante los 55 días que estaré en Nepal antes de emprender el asalto a la cumbre. No necesitas tener una montaña de 8.000 metros para prepararte: hay neoyorquinos que han entrenado para el Everest subiendo escaleras. Siempre nos quejamos de lo que no tenemos en Venezuela, pero hay algo que los caraqueños con frecuencia no valoramos: el Ávila. Es nuestra montaña, el recurso con el que sí contamos, un lugar perfecto en el que también se prepararon los miembros del Proyecto Cumbre”. Una parte importante del plan de trabajo de Camardiel ha consistido en hacer ascensos en el Waraira Repano con cargas de entre 15 y 25 kilos.

8) Comida. “¿Qué se come en el Everest? Mucho arroz, papas, tallarines y la sopa de ajo, que siempre es mi favorita cuando llego al valle del Khumbu”, cuenta Alberto. La hidratación es fundamental: aunque el cuerpo no suda en temperaturas de 20 grados bajo cero, se pierden hasta tres litros diarios de agua por el esfuerzo que requiere jadear por el escaso oxígeno. “Lo principal en la montaña más alta del mundo es desgastarse lo menos posible antes del 15 de mayo, el probable momento del ataque a la cumbre desde el campamento III (7.200m). Hay que llegar a ese punto lo más entero que se pueda, sin ampollas, sin insolaciones y sin resfriados. Ya después de ahí lo que haces es echar el resto, como el maratonista en los últimos kilómetros. Cuando vas a hacer cumbre lo que menos piensas es en comer. A lo sumo te llevas unas barritas de granola o proteínas”

9) Retratarse. El día de buscar la cumbre llevas el menor peso posible, pero al menos tienes que dejar registro de la hazaña para pantallear en redes sociales. Por eso parte del equipo imprescindible de Alberto incluye una cámara Nikon con un lente 50-500mm y otras cuatro cámaras de video de acción. Y si todo eso falla, siempre te queda el celular. “Aparte de eso, no soy una persona de andar con amuletos”, asegura.

10) Mente positiva. Entre 1953 y 2016, un total de 4.469 montañistas hicieron cumbre 7.646 veces en el Everest, incluido un anciano de 80 años y un niño de 13. E igual, es una montaña a la que hay que tenerle respeto: en el intento han muerto 282 expedicionarios entre occidentales y sherpas, incluidos los 22 fallecidos del terremoto de 2015, otros 16 por una avalancha en 2014 y los ocho muertos de la tragedia de 1996 recreada en la película Everest (2015). “Después de 7.000 metros, los sherpas te hacen firmar un papel donde dejas claro que de ahí en adelante estás por tu cuenta”, relata Alberto. Incluso con todos los avances actuales para predecir el clima, sigue habiendo muchas formas de morir: la principal, caídas propiciadas por vientos de 150 kilómetros por hora, deshidratación, ceguera temporal o edemas pulmonares y cerebrales.

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“Pero las tragedias no pueden ser lo que marca la historia del montañismo”, replica Alberto Camardiel. “Te guste o no, el Everest hoy es una industria que mueve mucho dinero y es una montaña resguardada desde todo punto de vista. Nadie quiere que pase una tragedia con gente que paga mucho por ir. Y una parte de tu madurez como montañista es descubrir tu adaptación al entorno y decidir si estás listo o no para atacar la cumbre”.

Y aquí Alberto Camardiel podría replicar las palabras de Simone Moro, célebre montañista italiano: “No existe el fracaso en la montaña. Cualquier paso, por pequeño que sea, adentrándote en un terreno natural con el que has soñado, es ya un éxito”.

 

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