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7 películas desconocidas sobre elecciones que debes ver

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Sí, hemos oído de Todos los hombres del Presidente o de la oscarizada película chilena No. Sin embargo, existen otros filmes, algunos realizados en Latinoamérica, que merecen ser vistos antes o después de las elecciones legislativas en Venezuela. Aquí te hacemos una lista para que las busques rapidito.

7- Ciudadano Bob Roberts (1992)

Brillante y laureado debut cinematográfico de Tim Robbins (Shawshank Redemption, Mystic River).

¿Por qué debemos verla?

Ray Wise, Gore Vidal, John Cusak, Fred Ward, Bob Balaban, James Spader, Helen Hunt, David Strathairn, Alan Rickman, Susan Sarandon… Si con estos secundarios no te da curiosidad, pues sencillamente no te gusta el cine. Cierto, Roberts pertenece al grupo de intelectuales que delira por cualquier cosa que le parezca de izquierda y desde esa visión construye la historia del candidato Bob Roberts. No obstante, antes que convertir el filme en una denuncia panfletaria, la película es una genial parodia de los descarados mensajes del poder y su eco en la sociedad.

¿Cuál es su conexión con Venezuela?

Un candidato que ofrece todo lo que no puede dar. Que desde el estilo musical denominado folk, muy popular en la sociedad norteamericana, envía mensajes políticamente incorrectos y diametralmente opuestos a los que aspira Estados Unidos. La manipulación política presentada por Robbins a ritmo de falso documental (mockumentary) existe hoy, en cualquier otra sociedad, estado o país.

 

6- El disputado voto del Señor Cayo (1986)

Una película muy conocida en España, pero podo difundida afuera de sus fronteras. Dos años después, su director Antonio Giménez Rico sería reconocido por el guión de la interesante Jarrapellos, una adaptación de la novela de Felipe Tigro.

¿Por qué debemos verla?

Retrata las diferencias entre la España rural y la urbana. Los ciudadanos tienen la oportunidad de votar luego de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975). La trama respeta la historia original que desarrolló Miguel Delibes en el libro. En un pueblo olvidado por el universo entero, jóvenes militantes del PSOE intentarán convencer al electorado. El señor Cayo es uno de los tres habitantes que aún permanece en el pueblo. La sabiduría popular frente al discurso de modernidad genera un debate muy interesante para el espectador

¿Cuál es su conexión con Venezuela?

Históricamente le ha sido imposible a la oposición penetrar en lo que se ha denominado la “Venezuela profunda”. Y creo que parte de esa falta de conexión es lo etéreo que pueden sonar algunos conceptos academicistas para una población que tiene otras prioridades. La dialéctica entre Cayo (Francisco Rabal) y Víctor (Juan Luis Galiardo) es una discusión atemporal, que perfectamente se puede desarrollar en la Venezuela del presente.

 

5- El Estudiante (2011)

De las cintas más premiadas en Argentina, en los últimos cinco años. El director Santiago Mitre, dos años después, lograría la consagración internacional con Paulina (La Patota).

¿Por qué debemos verla?

Fue escogida como la mejor película argentina de 2011 por los representantes argentinos de la sociedad de críticos del mundo, Fipresci. El Estudiante narra la historia de Roque (Esteban Lamothe), un joven que llega a la universidad sin intereses particulares hasta que conoce a Paula (Romina Paula), quien lo convierte en un militante.

Leonardo D’Espósito realizó esta reseña en la revista Noticias: “es un thriller político lleno de suspenso, de zancadillas, de pequeñas victorias, de traiciones, de sexo, de manipulaciones. Una dinámica y despiadada radiografía del poder que utiliza como escenario la universidad. Un retrato de la UBA más allá de lo preciso –hasta la sátira– que se refiere de modo transparente a la miseria y la grandeza de nuestra vida política o, más allá, a la naturaleza y el manejo del poder, un tema que excede cualquier coyuntura. Opera prima realizada con un profesionalismo abrumador sin los subsidios del INCAA, no solo es el mejor filme argentino del año, sino una obra histórica”.

¿Cuál es su conexión con Venezuela?

El Estudiante posiblemente sea, sin proponérselo, el filme que mejor define la ausencia de política, verdadera política, en los diferentes centros de estudiantes del mundo. “Esto es política”, es una de las frases que más se repite en esta cinta y el abuso al pronunciarla justifica la cantidad de traiciones al pensamiento crítico que debe tener, por antonomasia, cualquier movimiento reivindicativo juvenil. Ver la escuela, los lemas, las pancartas, la simbología presente en esta obra es rebotar las luchas sin contenido de diferentes agrupaciones en las universidades venezolanas.

 

4- Bullworth (1998)

Escrita, actuada y dirigida por Warren Beatty, se trata de una de las mejores sátiras sobre las campañas políticas. Nunca podrás sacar de tu mente la imagen del rapero Betty.

¿Por qué debemos verla?

Nominada al Oscar por su guión original, el filme no deja títere con cabeza. De hecho fue boicoteada porque colocaba en primer plano a los empresarios como los verdaderos gobernantes detrás de los republicanos y demócratas, además reflexionaba sobre al racismo como un conflicto mayor, asociado a la pobreza y a la falta de oportunidades. Tal fue su impacto que encontró problemas de distribución y doblaje en su momento.

¿Cuál es su conexión con Venezuela?

El candidato Jay Bullworth ha decidido que morirá, literalmente, diciendo la verdad. Para ello contrata a un asesino. Antes de partir utiliza sus discursos públicos para contar exactamente las cosas como son. Sin hechizo alguno, sigue la línea de Jim Carrey en Mentiroso Mentiroso. Cuando retrocedemos a 1998, encontraremos que exactamente la base del chavismo encontró eco gracias a un discurso sencillo y directo. Hugo Chávez metió no el dedo sino el puño en la llaga al hacer énfasis en temas personales, que los grandes partidos habían obviado. De buenas intenciones, sin embargo, están hechas las colas del futuro. Es sencillo criticar y hacer un diagnóstico de lo que debe cambiar Lo complicado es pasar del discurso a los hechos.

 

3- El último hurra (1958)

Una de las obras que menos se discute cuando se analiza el legado cinematográfico del maestro John Ford.

¿Por qué debemos verla?

Basta un nombre: Spencer Tracy. Es un placer verlo en esta cinta que narra el enfrentamiento entre la política real  y la mediática. Frank Skeffington es un alcalde que busca su última reelección, pero por primera vez enfrentará a un joven con más carisma que talento. Entonces, toda la experiencia del veterano parece inútil ante las nuevas ideas del marketing publicitario.

¿Cuál es su conexión con Venezuela?

Como es habitual en Ford, una película que podría resumirse en “el deseo de un alcalde por la reelección” se convierte en algo más profundo. Queda en evidencia que los intereses detrás de las caras visibles del poder son tan viejos como los celos. Los empresarios de maletín, la religión, la familia y sobre todo el amor por el compromiso marcan un guión vigente, que se mueve entre el drama y la comedia de manera dinámica y sobre todo verosímil.

2- Día de campaña (1974)

Une partie de campagne es un documental francés que pasó 28 años en el refrigerador solo porque la compañía que lo pidió no quedó contenta con del resultado. El fotógrafo Raymond Depardon, quien marcaría los principios del documental moderno y cuyos trabajos periodísticos serían reconocidos en todo el mundo, cubre el día a día del candidato Valery Giscard d’Estaing. Su experiencia como secretario de Estado y Finanzas le permitiría ser elegido como presidente de Francia.

¿Por qué debemos verla?

Cuando supe de este documental, me hice la misma pregunta que usted al leer estas líneas: ¿qué había registrado el director para que se bloqueara durante tanto tiempo?  La respuesta la tenemos cuando observamos la desnaturalización de los mitos políticos encarnados en figuras que dudan de sus ideas y proyectos. Los momentos de introspección del candidato son brillantes.

¿Cuál es su conexión con Venezuela?

Nos obliga a preguntarnos qué pasa puertas adentro con las grandes figuras políticas. Cómo ascienden o descienden en el interés colectivo del electorado. Imagine por un momento tener acceso a los más íntimos de reflexión de Ramos Allup o Diosdado Cabello.

 

1-La batalla de Chile (1975)

Posiblemente el mejor documental latinoamericano del que tengamos noticias. Filmado entre 1972 y 1973, registra la continuidad, por la vía del voto, del proyecto de Salvador Allende y la Unidad Popular y su posterior derrocamiento

¿Por qué debemos verla?

Obligatoria para cualquier persona que posea un mínimo de interés por la política y un máximo por la historia de Latinoamérica. Se divide en tres partes y fue dirigida por Patricio Guzmán, quien terminaría su trabajo en el exilio. Actualmente se puede ver en youtube.

“Momento irrepetible el del gobierno de Salvador Allende y forma irrepetible de filmarlo. Maravillosa coincidencia a la que habría que estar siempre agradecidos y que nos permite ver estos tres capítulos como la suma de una época. Podrá no contenerlo todo, lo que es lógico, pero como resumen apasionado es insustituible. La mezquindad ideológica encontrará todas las insuficiencias y omisiones que quiera, pero nada de eso logra disminuir la intensidad exaltada de una película, cuya filiación es siempre clara: está a favor de Allende y en contra de sus enemigos. Pero eso no pretende disminuir a unos a favor del otro, son los propios participantes los que se validan o no frente a la cámara. Y el cine sale ganando”, se lee en la Enciclopedia del Cine Chileno.

¿Cuál es la conexión con Venezuela?

No creo que tenga que explicar esto. Allende ha sido uno de los apellidos más nombrados por los presidentes Hugo Cháez Frías y Nicolás Maduro. Como en su momento en Chile y con la misma criminalidad política y asociación con élites económicas, en Venezuela se rompió un hilo constitucional, aún cuando se insista en la absurda teoría del vacío de poder.