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A cuatro semanas decisivas de las presidenciales

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16/04/2018
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FOTOGRAFÍA: FELIPE ROTJES | EL ESTÍMULO

Teniendo en el horizonte la fecha del 20 de mayo, día para el cual están pautadas las elecciones presidenciales, tenemos por delante como nación cuatro semanas decisivas. Se trata desde mi punto de vista de otra fecha que marcará un punto de inflexión.

Nicolás Maduro busca su relección en los comicios del 20 de mayo, pero aún en el caso de que esto ocurra (en política nada está escrito), no gozará de un nuevo gobierno extendido o placentero. La ilegitimidad de una reelección lograda gracias un fraude, para torcer la legitima voluntad popular que hoy está a favor de un cambio en Venezuela, sólo hundirá a Maduro.

A diferencia de lo que ocurre hoy, con países que, si bien cuestionan las violaciones a derechos humanos en Venezuela, nadie está discutiendo la legitimidad de Maduro en la presidencia, tras un fraude el 20 de mayo pasaríamos a un escenario en el cual se le desconocería, tanto interna como externamente. Y ello tendrá consecuencias no sólo políticas sino principalmente financieras.

Un nuevo gobierno de Maduro, no reconocido como legítimo, no contará con capacidad de maniobra ni en las finanzas internacionales ni en la diplomacia, a lo que se suma lo que viene siendo un anuncio de Estados Unidos de subir un escalón en las políticas de sanciones, pudiendo llegar éstas al embargo petrolero.

Estos escenarios seguramente son analizados en diversos espacios del poder. Para muchos de los otros poderes o tribus que cohabitan dentro del chavismo, se deben estar haciendo cálculos en este momento: seguir apostando a la relección de Maduro les garantiza sus prebendas (sin duda) pero ello puede ser a muy corto plazo, mientras que abrir paso a otro escenario con alguien que le garantice inmunidad por un lapso extendido (caso de Falcón) podría ser una salida.

Si hay elecciones y asiste un volumen de votantes medianamente razonable, por otro lado, coloca en serios aprietos a la oposición que apostó por la abstención. Para esos actores, sigue siendo un desafío explicar de que manera van a canalizar el descontento popular si la gente sencillamente permanece en sus casas. La falta de una estrategia unitaria plasmada en una hoja de ruta para enfrentar a la dictadura sigue siendo un fracaso de cara al ciudadano.

 

Hace poco sostuve dos conversaciones sobre Falcón y sus posibilidades de triunfo el 20 de mayo. La primera fue con una persona allegada a su equipo de campaña. Para Falcón y sus colaboradores no hay duda de que pueden obtener más votos que Maduro (dado el nivel de descontento eso puede ocurrir sin mucho esfuerzo), el gran problema está en cómo defender la votación. El desafío no es tanto ganar sino en cómo hacer efectiva la victoria.

La apuesta de Falcón, según este colaborador suyo, está en que las Fuerzas Armadas no avalen el fraude el 20 de mayo. Este escenario se vincula con lo dicho párrafos más arriba, y la pregunta de estas semanas es si se jugará el alto mando sus cartas con Maduro o le serán leales hasta que dejen de serlo.

La otra conversación sobre Falcón la sostuve con una analista política. En su opinión, Falcón gana, aunque pierda las elecciones. Dada la fragmentación en el seno opositor y las decisiones impuestas sobre otros liderazgos (Capriles inhabilitado, López preso en su casa), Falcón tras una campaña electoral en la que aún pierda pasará a ser un referente político nacional, lo cual en su caso es ganancia por si eventualmente ocurren nuevas elecciones en el corto plazo.

La reelección de Maduro el 20 de mayo no le garantiza, de ningún modo, su permanencia indefinida en el poder, al contrario, dicha reelección podría acelerar la crisis llevándole a una salida anticipada por decisión de las propias facciones de poder en el chavismo.

Esto también es solamente un escenario, una posibilidad.

Soy de los que pone en entredicho la idea de que ya todo está cantado para el 20 de mayo. Sigo creyendo que con tal nivel de incertidumbre con la que estamos en Venezuela, se abren situaciones favorables a salidas inesperadas, no siempre democráticas. Por cierto, esto no es nuevo en nuestro país, tal como lo señalara Ramón J. Velásquez al hacer un balance de las crisis políticas venezolanas del siglo XX.