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¡Así no saldremos del chavismo!

OPOSICIÓN
12/06/2018
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FOTOGRAFÍA: CORTESÍA | ARCHIVO EL ESTÍMULO

Esa pajarera que es el Twitter lleva varias semanas enloquecida, pero la última semana ha sido desbordada. Cuando deberíamos estar más unidos que nunca para establecer una ruta de marcha y ver cómo salimos de esta pesadilla, lo que se hace es atornillar más al gobierno. Es insólito, pero muchos opositores son más opositores entre ellos que frente a un régimen que ha destrozado al país.

A principios de semana corrió un tuit falso atribuido a Julio Borges, donde decía que dado lo ocurrido en la OEA su partido estaba dispuesto a sentarse a conversar con el gobierno. Con la rabia a flor de piel, casi nadie se detuvo a comprobar la información y Julio Borges, una vez más y sin tener culpa alguna, pasó a ser el enemigo público número uno. Días más tarde le tocó el turno a Luis Florido, quien se salió de la línea partidista de VP y le cayó de todo encima. Y “de todo” es literal. Y es que esa oposición básicamente tuitera, es irracional y venática. Lo mejor que le puede pasar al G2 cubano.

Estas fuerzas vivas de la sociedad que atacan sin clemencia a sus contendores, dominan las redes sociales y la opinión pública y los medios de comunicación internacionales. Estos últimos asumen la misma cruzada. Ahí es donde está el público que hay que satisfacer con noticias, dramas y teorías conspirativas. A esa audiencia hay que darle lo que quiere oír, como ha ocurrido por seis décadas con la disidencia cubana en el exilio, que terminó viendo cómo los Castro salieron del poder por viejos y no por la presión de las sanciones y bloqueo por el que tanto cabildeo hicieron. Nunca lograron recuperar su país y pasaron a ser de otro país.

El viernes pasado estuve conversando largo y tendido con un amigo, inteligente y analítico. El tema, la oposición, sus alternativas y su ruta. Quisiera compartir con ustedes parte de esa enriquecedora tenida:

Yo argumentaba que uno de los gravísimos problemas que tenemos es que todos dentro de la oposición se creen absolutamente dueños de la verdad y que por ello se sienten empoderados para atacar de cualquier manera y en cualquier momento. Él me respondió que aparte de ser una arrogancia, la oposición no ha sido tan inteligente como cree serlo, ni siquiera cuando trata de convencer al resto de esa certeza. Más bien, lo que ha logrado en las últimas dos décadas es la consolidación en el poder absoluto de aquellos a los que se ha opuesto vehementemente y también -como consecuencia- ha llevado a la miseria emocional a muchos de quienes han creído en ellos. Y no es sólo miseria emocional, ha empeorado también las condiciones económicas y sociales de aquellos a quienes ha ofrecido ayudar una vez acceda al poder.

Esta oposición –cuya retórica incesante desde el día uno ha sido proyectar a sus oponentes como una escoria con la que hay que acabar sin miramientos (exactamente lo mismo que hizo Chávez)- no ha tenido oferta alguna que no sea “hay que sacar del poder al chavismo como sea”.

Venezuela –continuó mi amigo- es hoy una suerte de circo romano en el que la víctima es el pueblo que bajó de las gradas a la arena, donde los bandos en disputa, fanáticos ambos en esencia y desde las gradas, los van sacrificando para dar como cierto que su punto de vista es aquel y no otro. Y ahí queda el pueblo, en esa arena mortal donde parece que no hay escapatoria.

Yo concuerdo en que sólo habrá escapatoria en la medida en que la oposición deje de destrozarse y de una buena vez se agrupe para lograr el objetivo común, que es salir de este régimen. No dudo que dentro del chavismo-madurismo haya desacuerdos, enemistades y odios profundos, pero hacia el exterior se han mantenido monolíticamente juntos. ¿Por qué no imitarlos en eso y lavamos nuestros trapos sucios en casa?

Mi amigo considera que mientras todas las acciones de esta fuerza viva opositora que se retroalimenta a sí misma, desplegada dentro de Venezuela y en todo el mundo, con deseos de revancha, con deseos de castigar a quien considera que la ha hecho infeliz en otro país, lo que hace es alargar su propio sufrimiento y el de la mayoría que se quedó porque no quiere o no puede irse. Esa oposición radical se ha convertido en una fuerza impresionante, provocadora e inflamada, que sin duda atrae y persuade, pero también molesta y genera rechazo como ocurre en el debate entre liberales y Trump, donde los liberales con su fanatismo traerán la reelección del controversial presidente norteamericano.

Esa oposición no acepta que Hugo Chávez, muerto desde hace 4 años, tenga 53% de aceptación en el año 2018. Tampoco quiere destacar que buena parte de ese mismo grupo que añora a Chávez, admira los valores de Polar y en particular a Lorenzo Mendoza, que representa el punto de encuentro. Es por eso que Lorenzo sería una alternativa, pero contradictoriamente le costaría más satisfacer a los radicales de la oposición que al mismo chavismo de a pie, y es por eso que hace bien en no meterse en esa pelea que solo le hará daño a él, a su familia y a su negocio.

Esta fuerza viva de nuestra sociedad no se considera fanática, aunque actúa como tal. Si alguno de su grupo se descarrila será castigado sin misericordia con el amedrentamiento del escrache, con la seguridad de que hace lo correcto. Parece que esa conducta es la que hay que tener, estando lejos entonces de darse cuenta que se han convertido en parte del problema y no de la solución. Trajeron la antipolítica, el golpe, el chiripero, a Chávez y ahora perpetúan una tragedia que no tiene hasta ahora otra solución que no sea un consenso de país en el que primero se reconozca que los problemas de hoy son los mismos de ayer, pero agravados a la enésima, entre ellos el prejuicio y la división entre buenos y malos. Y mientras no nos demos cuenta de que hay que buscar coincidencias y no diferencias entre los habitantes de un mismo país como corresponde, jamás saldremos del chavismo…