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Atlanta: Una obra maestra llamada “Teddy Perkins”

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Atlanta comenzó un 6 de septiembre del año 2016. En el primer segundo, vemos cómo una persona rompe el retrovisor del carro Alfred (o Paper Boi), que sale violentamente a buscar pelea. Su primo, Earn, intenta detener a Alfred, mientras Darius, su otro amigo, tiene la sensación de estar viviendo un deja vu.

El rapero violento, el primo que busca mediar con cualquier problemática y el amigo místico. Es quizás uno de los minutos que, en retrospectiva, hace que sean uno de los minutos que mejor desarrolla a sus personajes. Porque a lo largo de la temporada y media que ha tenido la serie, Alfred, Earn y Darius se han mantenido tal cual como son desde un principio.

Además, desde el principio sentimos esa necesidad de Donald Glover, creador y escritor, además de interpretar a Earn, el protagonista de la serie, de reflejar en gran medida una actualidad política y cultural. A veces en un sentido bastante realista, pero en la mayoría de los casos, desde la comdia más absurda y surreal posible. No solo cuestiones raciales surgen a la superficie una y otra vez, sino las problemáticas que todo ello conlleva, siempre visto desde la localidad de Atlanta.

La posibilidad de entender al menos la percepción de una sociedad desde un hombre joven, es posible gracias al entendimiento y conocimiento que Glover tiene sobre su entorno. Después de una primera temporada con momentos cómicos de principio a fin, o capítulos más arriesgados como “B.A.N”, séptimo de la temporada, y una especie de sátira sobre los medios y la discusión sobre la cultura negra, Glover y compañía se han atrevido a ir muchísimo más allá en la segunda temporada, que lleva por título “Robbin’ Season”.

Desde que la temporada comienza, hay una intención por dejar en evidencia las capacidades de la serie de tener en cuenta, y entender, que existe toda una historia detrás de esta sociedad, que mucho más allá que una discusión sobre la cultura negra, puede llegar a alcanzarse y conocerse a través de otros elementos, como lo es la música. “Hot Head” de Death Grips, seguida por “Hey Love” de The Delfonics es lo que mejor deja esto en evidencia.

Sin embargo, hay otros elementos que Atlanta intenta descifrar para poner en contexto la historia en un contexto racial, netamente. La semana pasada, la serie tuvo al aire su mejor episodio en lo que va de su corta historia. “Teddy Perkins”, dirigido por el ya habitual Hiro Murai, es uno de los momentos más enigmáticos, así como imprescindibles de la televisión actual. Atlanta suele perseguir episodios en los cuales sumerge a los tres protagonistas en una especie de viaje bajo las influencias del género. En este caso, “Teddy Perkins” parece estar más influenciado en el horror, que, digamos en la comedia absurda o surreal, como suele suceder en la mayoría de sus episodios.

Darius lee un anuncio en un foro de música en el cual ofrecen un piano gratis. En un U-Haul, de esos camiones que se alquilan para hacer mudanzas, Darius llega a su destino. Una enorme mansión que nos hace intuír que algo no saldrá tan bien. Allí, Darius conoce a Thedore Perkins, dueño de la casa y del piano que Darius ha ido a recoger. Desde la primera conversación, podemos enterarnos de quién es “Teddy”. Hermano de Benny Hope, un famoso y aclamado músico de jazz que solía tocar piano, pero a causa de una rara enfermedad en la piel, dejó de hacerlo.

Teddy nos lleva a situaciones tan extrañas que entran en los terrenos del horror psicológico sin que aún hallamos presenciado algo que realmente pertenezca a esta descripción. Teddy convesa con Darius sobre diversos temas, desde la genialidad en la música de Stevie Wonders, la capacidad de su hermano Benny de usar la tristeza en la música que escribía, y más importante, sobre las figuras paternales. En un momento en el episodio, Teddy, mientras le muestra lo que son los inicios de un pequeño “museo” para figuras paternas sobresalientes en la historia, hace saber su caso a favor de hombres que abusaron de sus hijos para que estos se convirtieran en figuras importantes. Marvin Gaye Sr, Joe Jackson, el padre de Emilio Estévez en The Breakfast Club. Todo esto resulta como temas de conversación triviales si dejamos por fuera un único elemento: el aspecto de Teddy.

Como mayor inspiración en el look de Michael Jackson en sus años como “blanco”, Teddy es un hombre pálido y con facciones extrañas y cejas pintadas a mano. En el momento en el que Darius entra a la casa, y lo vemos en la penumbra a un lado de la puerta, “Teddy Perkins” toma un rumbo meramente horrorífico desde el primer cuadro en el que vemos al protagonista del episodio. Un hombre atormentado por muchísimas cosas, y cuya historia nos hace ver una interesante perspectiva sobre temas como las relaciones familiares y la música.

 

En un momento del episodio, Teddy hace énfasis en que el “rap” siempre le pareció algo gracioso. “Un género que se quedó en su adolescencia”, después de hablar sobre el jazz y la importancia de otros músicos, además de su hermano. Darius responde que “a veces la gente solo quiere divertirse”. “Divertirse…” , responde Teddy después de pensarlo por un momento. Después de ver el resto del episodio, éste es quizás uno de los momentos más importantes del episodio, no solo por cómo concluye “Teddy Perkins”, sino porque entra dentro de una discusión importante que existe en la actualidad de la música.

Hace un par de semanas, en Twitter, un par de personas discutían sobre la validez de la música generada por computadora, en contraposición con la música clásica. A pesar de ser una discusión entre dos personas, muchas otras trataron de unirse, dejando saber sus opiniones. ¿Quién es Darius y quién es Teddy?

El episodio, por sí solo, deja muchísimas preguntas. Ya que, además de tener grandes parecidos evidentes con Get Out, “Teddy Perkins” se configura como uno de los episodios más imprescindibles de la televisión actual. Y además de estar filmado y dirigido de una manera impecable, es una pieza audiovisual que invita a la conversación sobre temas que podemos encontrarnos en cualquier rincón del mundo (virtual o no).

El capítulo cierra con “Evil” de Stevie Wonder. Lo cual funciona como una especie de epílogo a esta pequeña película de horror protagonizada por nuestro místico Darius.