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Benzemá convirtió al Atlético en un equipo de ateos

diablo
10/05/2017
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FOTOGRAFÍA: EFE

Creer.
Del lat. credĕre.
Conjug. c. leer.
1. tr. Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado. El catecismo enseña lo que hay que creer.
U. t. c. prnl. Se lo creetodo.
2. tr. Tener a alguien por veraz. Siempre te he creído.
3. tr. Pensar u opinar algo. Creo que te equivocas.
4. tr. Tener algo por verosímil o probable. No creo que llueva.
5. tr. Atribuir mentalmente a alguien o algo una determinada característica, situación o estado. Te creía enferma. Os creía en Cádiz. Creyó oportuno decirlo.
6. intr. Tener creencias religiosas. Son muchos los que creen.
7. intr. Tener por cierto que alguien o algo existe verdaderamente. Cree en la reencarnación.
8. intr. Tener confianza en alguien o algo. Creyó en ella cuando nadie lo hacía. No creo en ese proyecto.

“Sin cegarme ni ponerte exclamación, creo en ti”, cantaba Miguel Bosé; “yo creo en muchas cosas que no he visto, y ustedes también, lo sé”, advertía Willie Colón y en la escuela nos enseñaban a creer en “el espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna”.

“Sigo creyendo porque tenemos opciones”, dijo Simeone después del 3-0 en el Bernabéu. Y lo creyó todo el mundo en el Vicente Calderón, hasta el 2-0. Cuando faltaba un solo gol para hacer posible lo imposible, el Atlético de Madrid se convirtió al ateísmo; cuando más necesitaba del arrebato emocional, los colchoneros se abrazaron a la lógica y en esa discusión académica hoy no hay quien le gane al Real Madrid. El gol de Isco, que por creación literaria debería llevar la firma Benzemá, certificó la supremacía de la razón humana.

Seven, aquella maravillosa película que nos advertía de un tal David Fincher, cerraba con una frase de  Ernest Hemingway intervenida: “El mundo es maravilloso y vale la pena luchar por él. Estoy de acuerdo con la segunda parte”, decía la voz de Morgan Freeman. Los fanáticos del Atlético pueden hacerla suya después de ver cómo, por cuarta vez, algo nunca visto en estas lides, eran eliminados por el mismo rival, por el compañero de ciudad, por su histórica antítesis. Tal vez solo El Guasón aguante tantos fracasos.

Tácticamente el partido encontró al viejo Atlético tratando de ejercer la presión que  olvidó en el primer duelo. Carrasco, Saúl, Gabi y Koke eran una hermandad, al menos mientras duró el éxtasis local. El primer gol parte de ese asedio que acobardó a los de Zidane. Incluso Saúl le gana en salto a Cristiano Ronaldo, un experto en mantener un do sostenido en el aire. Y luego se sumaría Griezmann, con un penal que entró con suspenso.

El gol en tiro de esquina y el penalti de Varane a Torres retratan muy bien al hoy finalista de Champions. Bastarían esas dos imágenes para que el espectador de la película pudiera entender la trama; elipsis narrativa se llama. Y ya que estamos hablando del séptimo arte, se cae de anteojos la comparación. Atlético fue aquel villano que se encarga, cerca del final, de explicar todo el plan con el que piensa borrar de la faz de la tierra al superhéroe. Lo hemos visto mil veces. Es un cliché. Al mismo tiempo, mientras suelta el discurso, el protagonista se desata, encuentra un objeto cortante o emplea un último recurso que le permite cambiar el final de la película.

Entendiendo que ya sabremos el desenlace, el cinéfilo se sienta en la butaca solo para conocer cuál será el estratagema del sobreviviente y esta vez sí que valió la pena pagar el ticket. Porque el gol del Madrid se teje bajo la complejidad de un guión de Cristopher Nolan. Benzemá, como Cooper en Interestellar, traspasó la línea del tiempo. Comenzó en una esquina y desapareció ante la vista de Godín, Giménez y Savic para volver a unir sus partículas en el área y asistir a Kroos. Le faltó precisión al alemán. La trama exigía una definición épica. El rebote, sin embargo, fue bien aprovechado por Isco, que bien pudo haber hecho un blooper ante tan delicada posición.

Hay imágenes que pueden perseguirte toda la vida. Para Simeone, un hombre que insiste en el “orden”, que elabora todo un discurso desde el desprecio a la posesión, el ingreso en cámara lenta de Benzemá y la llegada de dos mediocampistas -uno debajo del arco para la segunda jugada- deben tener el mismo efecto que la visita del padre Damien Carras a la casa de Regan.

Y con ese gol, al que tanto se le teme desde que las eliminatorias tienen este formato, se acabó el partido. El segundo tiempo fue un ejemplo de la calidad del equipo merengue cuando mueve la pelota, en específico cuando Modric se suelta e Isco se asienta. Los cambios desmejoraron aún más al Atlético, que hacía ya mucho tiempo había dejado de creer. De nuevo le quedarán las gradas y esa autocompasión de sentirse que allí sí, como afición, son invencibles.