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Bony, yo también voy a votar

Bony
16/05/2018
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO

No, no es “una terquedad” como me dijo mi hermano. Aprecio que mi pareja -que tampoco va a votar- haya respetado mi posición de hacerlo. Aprecio la buena disposición de ambos a escucharme y las conversaciones que tuvimos. Durante el mes que estuve de vacaciones reflexioné sobre lo que debía hacer y decidí que yo sí voy a ir a votar. En contra de Nicolás Maduro y su régimen infecto, destructor y asesino.

Para mi amiga Bony Simonovis, con afecto

Les voy a pedir, apreciados lectores, que lean mis razones antes de crucificarme. Yo puedo entender las razones que tienen quienes se van a abstener. Por ese mismo motivo estuve debatiéndome entre si hacerlo o no. Porque la tragedia venezolana es que si votamos, perdemos, y si no votamos, perdemos también. Nos pusieron en la situación de escoger qué es lo menos malo. Y para mí, lo menos malo es votar. Les voy a explicar por qué:

La razón principal es que la vía electoral ha sido la única mediante la cual hemos vencido al gobierno las veces que le hemos ganado. De resto, nos han revolcado como les ha dado la gana. Como no creo en los militares venezolanos, no espero que el régimen salga por la fuerza. Tampoco lo deseo. A estas alturas ya deberíamos estar curados en salud de lo que representa un gobierno militar. Espero que en Venezuela no lo haya más nunca en la vida.

Más bien, quisiera que se eliminaran las fuerzas armadas y el enorme presupuesto que éstas tienen, se destinara a la educación. Tampoco creo, como creen muchos, que llegarán los marines de Trump a poner orden. La diplomacia de estos tiempos es más coercitiva, de sanciones, penalidades e inhabilitaciones de todo tipo, que espero que continúen con toda fuerza en contra de quienes han destrozado al país. Es lo mínimo que merecen.

El chavismo ha sido exitoso en sus estrategias. No reconocerlo sería darle más fuerza de la que ya tiene. Con esto de votar o no votar han tenido un éxito arrollador, pues nos han enfrentado dentro de la oposición misma. Para dividirnos, para desmoralizarnos, para desesperanzarnos. Y lo están logrando.

Ni Bony Simonovis, ni yo, ni la gran mayoría de quienes decidimos ir a votar somos menos opositores, menos venezolanos, o menos “dignos”, como ya han dicho por ahí, que quienes decidieron abstenerse. Son solamente visiones distintas. Estoy convencida de que una votación arrolladora no la para nadie, por eso al gobierno le conviene la abstención. Debe haber celebración en el seno del PSUV cada vez que un venezolano manifiesta abiertamente la decisión de no ir a votar.

Si el CNE pudiera hacer la trampa electrónica, hubiera abierto las urnas en el exterior y no lo hizo. No tendría la necesidad de migrar electores a centros de votación imposibles de acceder. Tampoco de hacer ninguna de las marramuncias a las que nos tienen acostumbrados. Además de esos excesos, está la trampa en los centros donde no hay testigos.

Y yo me pregunto: ¿por qué esperar que otros hagan ese trabajo? ¿Por qué no instalarnos al final de la tarde en nuestros centros de votación y cuidar nosotros mismos nuestros votos? No me digan que van a llegar los colectivos, porque en Venezuela no hay colectivos suficientes para atacar todas las mesas de votación.

Voy a votar porque prefiero una salida electoral a volver a la calle sin agenda y sin acciones concretas para que maten a diecisiete decenas de muchachos, como ocurrió el año pasado, o más… Si hay una propuesta de qué hacer, que alguien me la diga, con puntos, comas y señales. El día uno, el dos, el tres, el cuatro y los que vienen después…

 

Voy a votar porque prefiero sentir que hice algo, a aceptar como ciudadana que no puedo hacer nada porque la solución está en manos de otros. Yo fui cooordinadora de Súmate en Aragua cuando El Firmazo y fue una experiencia de civismo maravillosa la de no habernos rendido ante todos los obstáculos que nos pusieron y firmamos, volvimos a firmar y reafirmamos una tercera vez que habíamos firmado la primera y la segunda vez.

Más o menos la misma situación que enfrentamos hoy: un gobierno con todos los recursos para trampear frente a ciudadanos dispuestos a defender la patria. Con mi voto le diré a Maduro que no lo quiero, que ha sido el peor presidente que hemos tenido (récord por cierto bien difícil de ganar) y que quiero que se vaya bien lejos y no regrese más nunca. Si no voto, no tendré ese desahogo. Y si me roban mi voto, saldré a la calle a denunciarlo.

El lunes 21 de mayo, tanto quienes iremos a votar como quienes no lo harán, nos despertaremos en un país donde habrá que tomar decisiones, ya sea de seguir exigiendo sanciones al régimen hasta lograr la salida de Nicolás Maduro y sus acólitos, o de apoyar a otro candidato a reclamar su triunfo. Y para ello, se necesita unidad. Si no nos unimos, el G2 cubano habrá ganado otra batalla y el régimen habrá tomado otra bocanada de aire para seguirnos o-diando y o-diendo…