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Guerra de las trochas: peligros que enfrentan venezolanos para escapar hacia Colombia

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30/03/2018
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POR BRAM EBUS @BRAMEBUS/COLABORADOR AGENCIA IRIN. FOTO PRINCIPAL: DAGNE COBO/EL ESTÍMULO (ARCHIVO)

“Es una distancia similar a la de un viaje entre Berlín y Atenas. La frontera colombo-venezolana, de 2.219 kilómetros de largo, ha sido por mucho tiempo porosa y difícil de manejar. Hay siete cruces oficiales, pero cerca de 300 senderos clandestinos, llamados trochas, disputados por varios grupos armados ilegales, utilizados por contrabandistas y atravesados diariamente por miles de migrantes, a menudo bajo gran riesgo”. 

Un reportaje de la agencia internacional IRIN News, firmado por el corresponsal Bram Ebus  (lea el artículo original en inglés aquí) se acerca a esta “La guerra de las trochas”, para contar de primera mano el infortunio de miles de venezolanos obligados a cruzar hacia Colombia, para escapar del colapso de la economía de Venezuela, una ex potencia petrolera que en el pasado atrajo a millones de colombianos. IRIN News se especializa en cubrir e informar sobre crisis humanitarias alrededor del mundo. No es responsable de esta traducción libre hecha por El Estímulo.

Los analistas y funcionarios advierten que el tráfico de personas por esos senderos ha aumentado en las últimas semanas desde que el presidente colombiano Juan Manuel Santos anunció que aplicará controles más estrictos en los cruces fronterizos oficiales, en un esfuerzo por contener la migración masiva desde Venezuela.

Colombia no reconoce a los migrantes venezolanos como refugiados, pero la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, afirmó recientemente que un número significativo debería considerarse como tales. También está instando a los estados receptores a que permitan a los venezolanos el acceso a su territorio y que adopten medidas de protección más pragmáticas.

Un juego de números

“El problema de los migrantes venezolanos ha estado creciendo. Es un problema complejo; un problema al que no estamos acostumbrados “, dijo Santos durante una visita a la ciudad fronteriza de Cúcuta el 8 de febrero, el día en que anunció las nuevas regulaciones fronterizas.

Desde entonces, solo los poseedores de visas válidas o de tarjetas migratorias (que solo permiten visitas a corto plazo y ya no son emitidas) pueden ingresar a Colombia.

Willington Muñoz, coordinador de un centro de refugiados dirigido por la Iglesia Católica en Cúcuta, dice que las nuevas medidas pueden interpretarse como un “cierre diplomático de la frontera”, porque muchos venezolanos carecen de los documentos necesarios para obtener pasaportes y los funcionarios pueden solicitar sobornos inaccesibles o carecen de los materiales para procesar las solicitudes.

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Foto: Bram Ebus/Agencia IRIN News

La oficina de migración de Colombia se jacta de que la afluencia en los cruces oficiales venezolanos se redujo en un 30 por ciento en las dos semanas posteriores a las nuevas regulaciones. Pero tales estadísticas pueden ser un juego de números. Los venezolanos desesperados por escapar de la crisis económica y política no se detienen fácilmente.

Funcionarios en el departamento fronterizo colombiano Norte de Santander, del cual Cúcuta es la capital, han registrado 78 trochas. Dicen que recientemente han visto más contrabandistas y migrantes indocumentados usando esos senderos.

Más de 550.000 venezolanos documentados residen actualmente en Colombia, pero muchos más han ingresado sin documentación, aumentando la presión sobre ciudades fronterizas como Cúcuta.

-“Te matarán”-

Los contrabandistas también dependen de las trochas. “Si cometes un error y tomas la trocha equivocada, te matarán”, dice un joven de 23 años de Caracas que pidió que su nombre sea resguardado por seguridad,  en alusión a los diversos grupos que controlan los caminos.

Llegó a Colombia en noviembre pasado y dice que mientras dormía en la estación de autobuses de Cúcuta fue contratado como contrabandista. Dice que dejó de trasegar productos de contrabando hace unas semanas, temiendo por su vida. Ganó buen dinero, en un trabajo que dependía de las trochas, “pero la vida vale más”, explica.

Una caminata de cuatro kilómetros a través de la frontera por una trocha es una costosa aventura, dice. Los paramilitares y guerrilleros que han luchado durante mucho tiempo en el conflicto civil que lleva medio siglo en Colombia, abarrotan las rutas. Las guerrillas del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y del EPL (Ejército Popular de Liberación) están activas, al igual que los Rastrojos y los Urabeños, grupos paramilitares que compiten por el control de las trochas más lucrativas. Todos exigen pagos por parte de las personas que usan las rutas.

En una sola trocha a veces hay siete o más puntos de control dominados por diferentes grupos, incluyendo la Guardia Nacional de Venezuela. Un número creciente de migrantes venezolanos, así como los maleteros, los contrabandistas que usan las trochas, están siendo presa de la extorsión en los muchos puestos de control.

 

El costo total de los pases de ida es de por lo menos entre $ 80 y $ 100, pagados a diferentes grupos en diferentes puntos de control, según los observadores y las personas que han usado las rutas. Se exigen tarifas más altas para el transporte de mercancías. “Si no les pagas, ellos te matan”, dice el ex contrabandista.

El gobierno colombiano no ignora la existencia de la guerra de las trochas. “Habrá más control y más seguridad en las fronteras”, prometió Santos, al ofrecer mayor seguridad en todas las regiones fronterizas, cuando anunció las restricciones en los cruces fronterizos oficiales. Desde principios de febrero, Colombia ha enviado aproximadamente 3.000 efectivos de seguridad a las áreas fronterizas, y siete trochas han sido cerradas. Pero a medida que algunas cierran, se abren unas nuevas.

-Alimentando una economía subterránea-

Las trochas alimentan la próspera economía informal en Cúcuta. La ciudad fronteriza existe en gran parte debido a la diferencia cambiaria entre las monedas venezolana y colombiana. En el pasado, Venezuela era mucho más próspera que Colombia, y los productos colombianos se vendían al otro lado de la frontera. Ahora, es al revés. Todo, desde los alimentos hasta el combustible altamente subsidiado de Venezuela, se transporta a través de las trochas.

Durante un recorrido por el centro de Cúcuta, el ex contrabandista y un vendedor ambulante de dulces y aperitivos señalan puestos informales en un mercado. Allí ofrecen champús, cigarrillos, harina, leche en polvo y muchos otros productos, principalmente alimentos, que se hacen en Venezuela pero son difíciles de comprar allí.

Debido a que Venezuela está plagada de hiperinflación, los productos básicos a menudo son traficados a través de las trochas a Colombia, donde se cotizan a un precio mucho mejor, en pesos colombianos más fuertes que el bolívar.

En uno de los puestos del mercado de Cúcuta, una mujer de 49 años que tiene doble nacionalidad, colombiana y venezolana, vende productos de limpieza y ron de contrabando, provenientes de Venezuela. Una vez por semana ella camina a través de un trocha, dice, pagando tarifas en siete u ocho puntos armados de control. Cuando puede, ella prefiere comprar a otros contrabandistas y evitar el riesgo de las trochas.

Otros de los bienes ampliamente disponibles en Venezuela y contrabandeados a Colombia son las armas. “Un revólver cuesta alrededor de 1.3 millones de pesos colombianos ($ 470) en Colombia, y se puede comprar por 400.000 pesos ($ 140) en Venezuela”, explica el ex contrabandista.

El peaje humano

Mujeres, muchas de ellas menores de edad, también son objeto de tráfico a través de las trochas para luego ser prostituidas en Cúcuta. Las rutas del tráfico humano han existido a lo largo de la frontera desde la década de 1980, explica Wilfredo Cañizares Arévalo, director de la Fundación Progresar, en Cúcuta. Muy a menudo, las mujeres colombianas fueron traficadas a Venezuela, donde luego eran enviadas a Aruba y Curazao como trabajadoras sexuales, agrega.

La crisis en Venezuela ha invertido las cosas, dice Arévalo: ahora las mujeres venezolanas y las chicas menores de edad son traficadas a Colombia. El reciente endurecimiento de los controles fronterizos oficiales, dice, “dio como resultado que se vuelvan a abrir rutas antiguas e informales” para la trata de mujeres y un aumento en el tráfico de menores.

Las rutas al otro lado de la frontera, señala, cambian constantemente.

Los venezolanos sin dinero o sin documentos de identidad legales son presa fácil para los grupos armados irregulares que buscan trabajadores.

“El reclutamiento ha aumentado”, dice un representante del Ombudsman Departamental para los Derechos Humanos de Colombia. “Muchos colombo venezolanos y venezolanos menores de edad” son buscados por esos grupos, agrega.

Los niños de 12 o 13 años de edad a menudo son reclutados para recolectar información de “inteligencia” y transportar combustible a Colombia, donde la gasolina tiene un precio mucho más alto que en Venezuela, explica el representante.

“Los niños venezolanos reciben bicicletas por parte del ELN. Cruzan la frontera con las bicicletas y el combustible. Saben dónde están el Ejército, el ELN, los Rastrojos, los Urabeños y la policía. Usan las zonas rurales alrededor de Cúcuta” para transitar.

“Los tiroteos entre los distintos grupos ocurren en las aldeas rurales a plena luz del día, y menores han muerto”, agrega el funcionario.

 

De nuevas soluciones a nuevos problemas

Las crisis fronterizas y migratorias, incluidas las guerras de trochas, se han convertido en uno de los temas más politizados a medida que Colombia y Venezuela preparan las elecciones presidenciales y parlamentarias de esta primavera (boreal). Hasta el momento, sin embargo, no hay ninguna solución a la vista.

Ivan Briscoe, director del programa para América Latina y el Caribe de la organización independiente para la consolidación de la paz International Crisis Group, explica que la crisis migratoria continuará mientras las razones fundamentales para la migración se mantengan o aumenten.

En referencia a la mano dura en los chequeos de documentación en los puntos fronterizos oficiales, señala: “El efecto perverso del aumento de los controles cuando hay una gran demanda por parte de migrantes es que suben los precios cobrados a los migrantes debido a su fuerte deseo de cruzar”.

Y, agrega, las medidas también pueden impulsar la actividad en los mercados ilícitos. En lugar de aliviar la crisis, dice, los esfuerzos de Colombia para frenar la fuerte afluencia de inmigrantes por razones económicas han traído nuevos problemas.

En otro reportaje especial de IRIN, (original en inglés aquí) del mismo autor señala que en enero al menos 550.000 venezolanos residían oficialmente en Colombia, y casi la mitad de ellos habían llegado el año pasado, según funcionarios colombianos.

La mayoría está huyendo del colapso económico de su país, en una de las migraciones más grandes del mundo no relacionadas con un conflicto (armado). El ritmo aumentó en los últimos seis meses de 2017, con un incremento del 62% en el número de venezolanos que viven en Colombia en la segunda mitad de ese año, en comparación con la primera mitad. Y siguen viniendo.

El centro de Cúcuta está lleno de migrantes venezolanos durmiendo en las calles. La mayoría de ellos no tiene dinero. Los mendigos están en todas partes. Las niñas menores de edad se prostituyen a lo largo de las carreteras. Se dice que las pandillas armadas, las guerrillas del ELN y los paramilitares reclutan a numeroso jóvenes venezolanos desesperados.

Colombia no está acostumbrada a esto. Durante más de medio siglo, la marea humana fue al revés: más de cinco millones de colombianos emigraron a Venezuela para escapar del conflicto entre las fuerzas gubernamentales, los paramilitares, los grupos delictivos y los grupos guerrilleros. Ahora, la marea ha cambiado.

Jozef Merkx, representante en el país del ACNUR, la Agencia de Refugiados de la ONU, teme que la hospitalidad de Colombia ya esté en un punto de quiebre. No sabe qué sucederá si un número similar de venezolanos llega durante los próximos seis meses, una posibilidad clara, especialmente porque las tensiones pueden aumentar en torno a las elecciones presidenciales del 20 de mayo en Venezuela.

Los funcionarios oficiales colombianos dicen que la migración legal de Venezuela disminuyó en febrero, luego de que el presidente colombiano Juan Manuel Santos anunciara que se necesita un pasaporte o tarjeta migratoria válida que permita visitas de corta duración a la zona fronteriza y que Colombia haya dejado de emitirla temporalmente, apretando lo que había sido una revisión a menudo relajada de documentos.

Las entradas a través de siete puntos de control migratorio disminuyeron de 48.000 a 35.000 personas por día, dicen los funcionarios, aunque esas cifras incluyen personas que compran bienes y regresan a Venezuela, así como a aquellos que transitan por Colombia.

Acerca de la Agencia IRIN:

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