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Call me by your name: Las leyes de la naturaleza

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08/02/2018
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TEXTO: HUMBERTO JOSÉ GONZÁLEZ BUSTILLO

“No se puede filmar un paisaje que no se conoce bien. Siempre se trata de lugares, no de decorados” Y de acá podemos agarrarnos para hablar con gusto sobre lo que sucede con Elio y con Oliver. Sobre todo, saber cómo ve Luca Guadagnino a los protagonistas de Call me by your name. La naturaleza es, entonces, uno de los instrumentos esenciales para que el director italiano pueda contar este relato de la forma en la que lo hace.

Hay varias instancias en las cuales este elemento puede funcionar para entender un poco cómo se da el acercamiento entre Elio y Oliver. Allí cabe entonces la posibilidad de hablar de la naturaleza, no solo desde el paisaje, sino desde los mismos cuerpos, desde las decisiones de Guadagnino de cómo filmar el presente. De todo.

Elio conoce a Oliver cuando éste visita a su padre, un académico, en una casa en el norte de Italia. Guadagnino ha hecho saber en un sinfín de ocasiones que se trata de un lugar cercano a donde él vivía en la pequeña ciudad. El recorrido de los espacios es importantísimo para el devenir que se avecina. Y es una de las cosas más bonitas que tiene este film.

Allí comienza la película, realmente. En los interiores. En la naturaleza de los lugares de la villa en donde viven los Perlman. Las primeras interacciones entre Elio y Oliver, el conocimiento centímetro a centímetro de su propio espacio por parte de Elio, siempre nos lleva prever una inminente relación entre ellos dos, romántica o no. La inminente intensificación psicológica de la sexualidad, al compartir un mismo baño, solo separados por un par de puertas, es una de las cosas que Guadagnino decide poner a la mano al espectador. O por lo menos, para el que se pregunte en algún momento “¿de dónde sale este drama de los dos?”. Y los hay…

Este juego del conocimiento y desconocimiento, de lugares conocidos por uno y desconocidos para el otro, favorece a la propia naturaleza del film. Elio siempre está en una especie de ventaja en cuanto a las cosas más materiales, quizás. En algún punto del film, Elio le hace saber a Oliver sobre lo poco que sabe sobre las cosas que de verdad importan. Lo cual es válido, si nos ponemos a ver que en ningún momento Elio llega a reconocer el interés de Oliver hacia él. Nunca podemos ver estas sensaciones desde la perspectiva de Oliver, pero podemos saber que es quien lleva las de ganar.

Este desconocimiento de Elio lo lleva a cada una de las situaciones en las que lo vemos. Sin duda, la llegada de Oliver despierta una necesidad de descubrimiento y búsqueda en cada uno de los rincones. A explorar la verdadera naturaleza de todo. Quizás comienza muchísimo más atrás, pero hay un momento clave en el cual Oliver baila al ritmo de “Lady Lady Lady” de Joe Esposito junto a Moroder.

Este es uno de los momentos más mágicos e importantes, con uno de los primeros planos, escasos dentro del film, en donde Elio examina con detalle a Oliver. No solo en la forma en la cual se mueve, sino que examina las posibilidades que la naturaleza de él trae consigo mismo. De la exploración, del descubrimiento. Acto seguido, vamos de la lenta balada, a movernos con más frenetismo con “Love my way” de The Psychedelic Furs. Y, consecuentemente, una de las líneas más importantes están en el coro de la canción. “I follow where my mind goes”.

Acá ya la decisión está tomada. Elio está dispuesto a seguir sus instintos. Y llega, entonces, este río de situaciones que hacen que Elio cambie. ¿O no lo hace? Hay un hermoso pasaje sobre Los fragmentos de Heráclito que da pie a entender muchas cosas sobre Elio. Es entonces, la música, la que le da pie a otro estallido dentro de Elio. Ninguna canción, por diferentes que sean, está allí por mero capricho.

Cada uno de los temas, está allí por una razón. Sobre todo con la versión de André Laplante del “Une barque sur L’Ocean” de Ravel. Guadagnino decide fragmentar la pieza, disolverla, rearmarla y ajustarla para más de un momento que al final del film, logra componer toda una pieza en torno a lo que Elio siente. Incluso, la misma sensación la podemos encontrar cuando “Visions of Gideon”, uno de los tres temas de Sufjan Stevens, empieza en una de las escenas más icónicas del film.

Una de las escenas en donde el acercamiento verdadero sucede con más importancia, es cuando Elio decide llevar a Oliver a una especie de río, bastante alejados de cualquier otro lugar que hayamos visitado. Elio le hace saber a Oliver sobre este pequeño espacio. “Éste es mi lugar”.

Elio, ya decidido a encontrarse consigo mismo, invita a Oliver a descubrir este lugar. A descubrir el agua fría y la tranquilidad del pasto. Es un momento bonito, pues es quizás donde verdaderamente podemos ver a Oliver por dentro. Inquieto e indeciso, explorando la naturaleza de las cosas que Oliver dice y hace. Conociendo el espacio.

 

La exploración, seguir a dónde nos lleva la mente, lo que nos dicta la naturaleza, es también una de las decisiones más importantes que Guadagnino toma en el film. Volviendo a la música, pues es una de las piezas más interesantes de este momento, retomamos la idea de “Visions of Gideon” y “Une barque…” como las que más instrospección nos dan sobre Elio. Guadagnino explica en una de sus entrevistas, que el rollo, de una u otra forma, no estaba bien colocado dentro de la cámara.

Esta escena, pintada de una forma casi mágica por la luz que se cuela dentro de la cámara que protege al rollo, es una de las que evoca más libertad creadora. Guadagnino, en montaje, decide dejar la escena tal cual como está, y jugar con la significación de lo que significan estos colores junto a un Elio que fuma un cigarrillo, un tanto perdido, al ritmo del piano, por un lado de Stevens y por el otro de Laplante.

La arquitectura, el paisaje y la música nos dan lugar a una nueva exploración: la de los sentimientos. Y lo que nombra al film. ¿Qué significa llamarse por el nombre del otro? Aquí sí que podremos caer en el lugar común, incluso, la primera vez que vi el film, esta fue la primera idea que se me vino a la mente para darle “nombre” a ese instante en el cual Elio llama a Oliver por su nombre y viceversa. Elio intuye por fin lo que todo este río de emociones junto a Oliver significan. Sobre el verdadero amor, sobre el amor propio, la importancia de lo trivial.

Pero, me pregunto yo, ¿qué ha de ser más satisfactorio que poder amarse a uno de la misma forma en la que se ama al otro? Guadagnino decide cerrar el film con otro primer plano de Elio. Otro plano importantísimo. Elio ríe, llora y moquea. Abre su boca, y se balancea, introspectivo, no solo por la noticia que acaba de recibir en el teléfono, sino porque ese río no tiene fin.Porque sabe que ese paisaje y los acontecimientos de ese preciso momento conservarán un lugar en la historia, y porque la naturaleza de todo, desde el descubrimiento propio, hasta la música y los lugares, serán un lugar pasado que dará pie a nuevas esperanzas para el futuro.

Elio sabe todo esto. Al final sonríe, y mira a la cámara. Él lo sabe.