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Carta a Eduardo Fernández

Eduardo Fernandez
17/09/2019
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FOTOGRAFÍA: DANIEL HERNÁNDEZ

Querido Eduardo,

Te consta que siempre he dicho –tanto en público como en privado- que la persona que está mejor preparada en nuestro país para ser presidente, eres tú. No sólo por los años de formación política que tienes, sino por tu cultura y, sobre todo, por tu honestidad. Una combinación difícil de conseguir en la Venezuela de hoy, donde todos los valores se han ido al estricote. Tu proceder –quizás por tu misma rectitud- no fue entendido por muchos. Cuando fuiste candidato a la presidencia la mayoría optó porque volviera la rochela de 1973… y volvió.

Nuestro común, querido y admirado amigo Luis Alberto Machado se sentía orgulloso de ti. Y a pesar de que en ocasiones estuvieron enfrentados, él pensaba de la misma manera que yo. Por eso te escribo esta carta. Por su recuerdo, porque él se estaría haciendo las mismas preguntas que yo.

¿Qué te ha pasado, Eduardo? ¿Contra quién te estás “rebelando”? ¿A quiénes estás representando? ¿Quién te dio poder para ser vocero y de qué? ¿Qué locura es esa de prestarte a convocar elecciones adelantadas?

Te lo pregunto a ti porque todavía pienso que no estás en una macolla de traidores. ¿Cómo es posible que cuando necesitamos más unión en la oposición salgan ustedes, auto designados, a echar una broma que no tiene sentido? Y no es porque piense que tienen muchos seguidores, por fortuna, sino porque están haciendo ruido, están dividiendo y todo ruido y división, por pequeños que sean, hacen daño en estos momentos tan delicados. El líder de la oposición venezolana se llama Juan Guaidó. Presidente encargado, reconocido por las democracias más sólidas del mundo que nos apoyan en este tortuoso camino al cese de la usurpación. ¿Por qué no congregarse en torno a él?

Me imagino que tu razón será de peso, para arriesgarte a perder lo poco que te queda de credibilidad y popularidad. Y quisiera conocerla, Eduardo, en serio. ¡Casi 3 millones de personas votaron por ti en 1988!

Tú que te quejaste de que Caldera había destruido a Copei, estás prestándote a la destrucción del país. ¿Qué te hace pensar que la cuerda de mafiosos que integran la cúpula del régimen va a aceptar elecciones limpias, diálogo, condiciones? Si no se las aceptaron a unos expertos mediadores como los noruegos, ¿qué van a ofrecerles a ustedes?… Porque me niego a pensar que te hayan hecho una “oferta”, porque tú no eres así, Eduardo. Al menos eso creo… Y si va a haber alguna otra negociación, los negociadores tienen que ser designados por un amplio consenso que provenga del grupo liderado por Guaidó. No sacados de un saco de gatos.

Tampoco entiendo cómo un demócrata cristiano convencido (¿o ya no tan convencido?) termine aliándose con un chiripero. La historia se repite. ¡Estás haciendo todo lo que criticaste! Y no es porque yo no crea en las alianzas, sino porque todos los que te acompañan en esa empresa se han ganado a pulso la desconfianza del país. Y desgraciadamente, tú también.

Me da mucha tristeza leer las críticas que te hacen. Yo no creo que estés vendido. Estoy segura de que no eres corrupto. No creo que seas traidor. Mucho menos que seas un delincuente. Pero caramba, amigo, ¡cada vez es más difícil defenderte! ¿O es que prefieres, como decía Oscar Wilde, que “hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”?… ¿Qué hablen de ti, aunque sea mal? ¡Te lo ganaste a pulso!

No sé si estarás aún a tiempo de terminar tu carrera política haciendo algún bien por el país al que dedicaste tu alma, tu vida y tu corazón. Ojalá puedas. Te digo de corazón que no me gustaría verte terminar tu carrera política de esta manera. No sólo es que Venezuela no se lo merece. No te lo mereces tú.