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¿Cómo queda repartido el poder dentro del PSUV luego del 15-O?

Maduro y gobernadores electos
22/10/2017
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FOTO: PRENSA PRESIDENCIAL

De cara a las elecciones del 15 de octubre había tres elementos claves para el chavismo: 1) lavarse la cara luego de dos años con baja legitimidad electoral y creciente presión internacional, 2) proteger el aparato político de su partido y 3) mantener la unidad que lo ha caracterizado históricamente

Con los resultados electorales sobre la mesa, se puede concluir que obtuvo avances importantes en los últimos dos objetivos, por lo menos en el corto y mediano plazo. Con respecto al primero, falta terminar de medir la reacción internacional, pero tiene ahora mejores cartas que antes de la elección para trabajar en pro de la meta mencionada.

Buena parte de la atención antes y después de los comicios se concentró en el tema de la legitimidad y el escenario internacional, pero los dos siguientes puntos son de igual trascendencia política si se considera la historia del chavismo y parte de las herramientas que le permiten mantenerse en el poder. A continuación se analizan estos tres aspectos una vez elegidos los 23 nuevos gobernadores.

¿Vuelve la legitimidad electoral?

El tema es de extrema importancia. De él depende en buena medida que el oficialismo pueda ser calificado o no como una dictadura, un debate que por años ha reinado en los análisis que se realizan sobre este movimiento.

La principal interrogante es si el proceso fue lo suficientemente limpio como para considerarse democrático. La MUD denunció fraude y, aunque algunos dirigentes han reconocido su derrota, otros no la aceptan. La oposición deberá mostrar pruebas de las irregularidades del domingo además de explicar el impacto de todos los trucos previos que aplicó el CNE y del ventajismo del PSUV. La lucha por dar barniz de pureza o impureza a las elecciones del domingo apenas está por verse y de ello dependerá si la presión internacional se sigue acumulando contra el gobierno.

Con Chávez en vida el movimiento fue uno autoritario que gracias a sus continuas victorias electorales conseguía mantener al margen las críticas foráneas. Eso dejó de ser así con la llegada de Maduro y la crisis económica, lo que limitó la capacidad de ganar comicios debido a que la popularidad del chavismo cayó a menos del 30%. ¿Cambió eso el domingo o realmente no cambió y fue sólo la consolidación del inicio de una tendencia de manipulación de elecciones? PSUV y MUD se deben movilizar para ganar adeptos hacia sus respectivas respuestas.

Salvaron el aparato… ¿Y con ello su base apoyo?

Poca gente se percató de que el domingo pasado el PSUV podría haberse desmoronado, lo que hubiese significado un gigantesco avance para la oposición en el objetivo de debilitar a la base oficialista. Las elecciones regionales y municipales tienen una gigantesca importancia en ese sentido, pero en los últimos años han sido menospreciadas por dirigentes y ciudadanos. Para explicar la situación, hay que hacer un pequeño repaso por la estructura del partido de gobierno.

Estudios previos publicados en el libro Auge y declive de la hegemonía chavista dan cuenta de que buena parte de los miembros de la burocracia del PSUV pueden ser calificados como “profesionales camuflados”, entendidos estos como miembros que ocupan cargos públicos que sirven como “sinecuras que permiten al militante dedicarse casi a tiempo completo a la política pero sin gravar el presupuesto del partido con su salario” (Panebianco).

Analizando muestras de las distintas instancias que tiene el PSUV, desde nacionales hasta de base, se pudo encontrar que alrededor de 90% de los militantes cuyo lugar de trabajo está registrado en el Instituto Venezolano de Seguro Social son funcionarios públicos. De ellos, alrededor de 40% laboran para gobernaciones y alcaldías. Es decir: estos gobiernos descentralizados son una inmensa agencia de trabajo para dar un sueldo a militantes pesuvistas. Con ello se mantiene la maquinaria activa y financiada, a la vez que se garantiza la lealtad de estas personas. El PSUV ya consiguió el control de buena parte de las gobernaciones para mantener vivo su aparato. Ahora le faltan las alcaldías.

Mucha gente se pregunta por qué el chavismo no baja del 20% de aceptación a pesar de la crisis económica. Esta es una de las respuestas. A través de este mecanismo se mantiene en funcionamiento la burocracia, una burocracia que lleva a cabo distintas tareas políticas esenciales.

Cambios en grupos, misma unidad

Con la muerte de Hugo Chávez acabaron los años en los que el chavismo era cohesionado por un líder. Sin embargo, comenzó la etapa en la que esa cohesión recayó sobre el interés por mantener el poder.

El oficialismo tenía 20 gobernaciones manejadas por distintos grupos: el de Maduro, el de Cabello, militares de distinto signo y líderes con peso propio a nivel regional. El domingo consiguieron victorias en 18 gobernaciones y eso les permite continuar con los equilibrios de poder. Los nuevos gobernadores pueden ser distribuidos en cuatro grupos diferentes: pro Miraflores, pro Cabello, militares comprometido con Chávez y líderes regionales. Dentro de cada grupo hay tendencias internas y diferencias, pero esta primera categorización básica permite dibujar un panorama de la situación.

Pro Miraflores

Son seis los gobernadores en este grupo. Tienen nexos fuertes con miembros del Ejecutivo, en especial con el presidente Nicolás Maduro. Entre ellos están Héctor Rodríguez (Miranda) y Víctor Clark (Falcón), parte de una generación de dirigentes jóvenes a los que el Jefe de Estado les ha dado más poder y confianza; Edwin Rojas (Sucre), próximo al vicepresidente Tareck El Aissami; Margaud Godoy (Cojedes), cercana a Érika Farías, la ministra del Despacho de la Presidencia; Miguel Rodríguez (Amazonas), ex ministro de Maduro; y Aníbal Chávez, hermano del fallecido presidente y del ministro de Cultura, Adán Chávez.

Destaca en este grupo Héctor Rodríguez debido a que gana el emblemático estado Miranda y parte con opciones de empezar a construir un relato político que lo puede catapultar a la Presidencia. Dirige la Juventud del PSUV, organización que el propio Chávez le encomendó crear y vigilar en 2007. En ese grupo ha tenido que cohabitar con una tendencia andina muy cercana a El Aissami, por lo que sabe trabajar con este dirigente. El grupo andino, sin embargo, quedó algo debilitado el domingo, pues uno de sus representantes, Jheyson Guzmán, perdió la gobernación de Mérida.

Rodríguez se dio a conocer durante la campaña por la reforma constitucional de 2007, siendo la pieza principal de la respuesta que el chavismo creó ante el movimiento estudiantil. Tuvo la oportunidad de ser ministro del Despacho de la Presidencia de Chávez y esa cercanía le dio cierta autonomía respecto a los grupos de poder que había por debajo del fallecido presidente. Por eso el nuevo gobernador de Miranda, a pesar de tener buena relación con Maduro, no está totalmente casado con una facción, algo que puede jugar muy a su favor de cara al futuro.

Los “Pro-Cabello”

Este sería un grupo pequeño si se considera que Yelitze Santaella (Monagas) es la gobernadora con más cercanía a Diosdado Cabello. Sin embargo, reducir la situación a eso dejaría muchos elementos de importancia por fuera.

El primer vicepresidente del PSUV evitó a inicios de 2017 que se le restara poder en el partido y desde hace más de un año viene haciendo giras periódicas por todo el país ratificando su control sobre la organización. No hay forma ahora de que Cabello pierda el segundo mayor cargo dentro de la tolda, la cual controla en la práctica y en el día a día.

Cabello estuvo muy activo haciendo campaña por todos los candidatos del oficialismo, cosa que Maduro evitó en buena medida. Si el presidente actual sigue siendo impopular cuando se tenga que escoger candidato para la silla de Miraflores, la baja responsabilidad que ha tenido el antiguo jefe de la Asamblea Nacional dentro del gobierno será una fortaleza.

Militares chavistas

Tres gobernadores integran este grupo y su entrada al poder se dio con Hugo Chávez y se cimentó con Maduro. Ellos son: Rodolfo Marco Torres (Aragua), Carmen Meléndez (Lara) y Justo Noguera Pietri (Bolívar).

Merecen una mención especial Marco Torres y Meléndez. Son miembros del grupo de militares que ha sido más cercano a Maduro desde que llegó a Miraflores y en el cual también se ubica el general Vladimir Padrino López. Sin embargo, desde hace más de un año han venido cobrando cada vez más autonomía.

Primero Padrino acumuló poderes especiales sobre la economía, a la vez que ahora Marco Torres y Meléndez tienen aseguradas posiciones de poder incluso por más tiempo que Maduro. Esto genera la impresión de que esta facción seguirá independizándose y fortaleciéndose. Todos tenían compromisos políticos e ideológicos con Chávez, lo que les hizo fieles seguidores del presidente actual en sus primeros años.

La mala noticia para Maduro es que, mientras estos oficiales se mueven hacia las regiones, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana está cada vez más bajo el control de miembros de la promoción de Diosdado Cabello, los cuales empiezan a ser los oficiales activos con mayor graduación.

Líderes regionales

Hugo Chávez se encargó de reducir los liderazgos regionales dentro del oficialismo, algo que Maduro empezó a cambiar con su llegada al poder como una forma de mantener los equilibrios de poder. En este grupo se pueden ubicar 8 gobernadores: Rafael La Cava (Carabobo), José Vásquez (Guárico), Rafael Calles (Portuguesa), Ramón Carrizalez (Apure), Henry Rangel Silva (Trujillo), Jorge Luis García Carneiro (Vargas), Julio León Heredia (Yaracuy) y Lizeta Hernández (Delta Amacuro).

Los tres primeros vienen siendo alcaldes por más de un periodo y el liderazgo que construyeron desde sus municipios fue esencial para que se respetaran sus opciones y no se les impusiera un candidato desde Caracas. Cabe destacar la paciencia de La Cava, a quien en 2012 Chávez le colocó por encima como gobernador a Francisco Ameliach durante un acto en el que la gente abucheó la decisión. Pero La Cava trabajó cerca de Ameliach los últimos cuatro años y se ganó el puesto.

Por su parte, los cinco restantes ya eran gobernadores de sus estados y ejercen control sobre ellos. García Carneiro, Carrizalez y Rangel Silva fueron dejados en esas posiciones por Chávez en 2012, por lo que su principal lealtad era hacia el fallecido presidente.

El caso de León Heredia requiere de una mención especial. Gobierna desde 2008 y junto a su hermano, Néstor, maneja todos los hilos del poder en Yaracuy. Junto a los Chávez en Barinas, los León empiezan a ser una de las dinastías familiares más importantes a escala regional. Esto les ha dado cierto poder nacional también, pues el mandatario yaracuyano es miembro de la Dirección Nacional del PSUV.