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David Saliva derrota a Procter & Goliat

jabon

Un micro científico exhibido en las salas de cine por el CNAC emplaza a la población a fabricar jabones artesanales y recuerde el poder antiséptico de nuestros propios fluidos corporales. Como dicen unos versos del cancionero popular: “Salivita es un muchacho que yo tengo en la bodega, por si usted algo necesita, enseguida se lo lleva”

En el resto del planeta Tierra se producen anualmente más de 40 millardos de barras de jabón de baño de tamaño estándar (unos 130 gramos), que no suelen pasar de 0,5 dólares cada una en cualquier establecimiento donde ocurre algo conocido como venta libre. Alrededor de 10 empresas trasnacionales controlan 50 por ciento del mercado global, entre ellas Procter & Gamble, que produce jabones de manera probada y sistematizada desde hace casi 180 años. En total, jabones y otros detergentes constituyen una industria que mueve anualmente 90 millardos de dólares, con un enorme crecimiento en China, país en el que hasta hace poco no existía el hábito generalizado de lavarse las manos (y otras partes del cuerpo) y que ahora se acerca a los estándares de los países desarrollados: 20 barras de jabón por persona al año.

Según un estudio publicado en 2015 por la firma Brand Footprint, jabones como Lifebuoy (puesto 4), Dove (casilla 9), Lux (13º) y Safeguard (32º) se encuentran entre las marcas globales más reconocidas y compradas del mundo, un escalafón que encabezan la gaseosa Coca Cola, la crema dental Colgate y el café Nescafé.

Contra toda esta macoya se enfrentan valientemente instituciones como la Red de Ecoproductores Contra la Guerra Económica, el Ministerio de Comunas y Movimientos Populares (su titular Isis Ochoa ocupa puestos de vanguardia en el desmaquillaje ideológico de Diana D’Agostino) e incluso el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), que en alianza con las productoras independientes Filmoven y TVDC, está exhibiendo en los cines venezolanos los micros Noticiencia. Entre ellos, el de la elaboración de jabón artesanal.

Hágalo usted mismo, como la guapa chama del video, que a uno le parece haber visto antes en otro lado, pero no sabe dónde:

Absolutamente nada de lo que se dice en el video es mentira. El texto de introducción no puede ser más contundente: “Los animales resuelven su higiene sin necesidad de jabón. Pero el ser humano se ha olvidado del poder limpiador de la saliva”.

El redactor puede dar fe de que la saliva es una sustancia antiséptica subestimada, que, en casos de emergencia, incluso, puede utilizarse como sustituta de la solución para asear y preservar los lentes de contacto. Como entretenimiento complementario, propone el videoclip “Salivita” del conjunto La Parranda de Beto, todo un clásico de la denominada música campesina:

“Salivita es un muchacho que yo tengo en la bodega

Por si usted algo necesita, enseguida se lo lleva”

¿Qué es un jabón? Básicamente, la unión de dos cosas que generalmente jamás se juntan (agua y aceite) a través de un reactivo alcalino, como impecablemente lo expone la chama del video de Noticiencia del CNAC.

Esto ya lo sabían de sobra, se explica, las lavanderas prehispánicas de guayucos que recogían el agua de los arroyos que bajaban hediondas de los altares de sacrificio de animales (y quizás de personas).

También lo sabían un señor inglés que hacía velas y un señor irlandés que hacía jabones, ambos inmigrantes pelabolas en Estados Unidos en 1837, y que se aliaron cuando se percataron de que los dos empleaban por igual la grasa de cochino entre sus materias primas (la ciudad donde se establecieron, Cincinnati, era apodada Porcópolis, lo que sugiere el potencial de El Junquito como núcleo endógeno del aseo). Estos explotadores capitalistas del chicharrón se llamaban William Procter y James Gamble, y casi dos siglos después, sus herederos son acusados en Venezuela de una práctica desleal denominada simplificación de la producción.

A la simplificación de la producción, la revolución responde de manera sabia con la simplificación de la vida. Por eso no hay Lux, Moncler, Dove, Safeguard, Palmolive, mucho menos Heno de Pravia. Después de todo, el espejismo mercantilista de la variedad no es más que el caprichito pequeñoburgués de la jeva que te responde con la boca torcida cuando le llevas el único jabón que consigues: “¡Pero mi vida, ese es el que me reseca las manos!”.

“La guerra económica que ha estado atravesando nuestro país desde hace tres años ha causado la desaparición de productos de la cesta básica, incluyendo aquellos de aseo personal. Afortunadamente, han surgido otras alternativas para hacer frente a esta situación. Normalmente todos los productos que las mujeres y hombres usamos tienen mucho químicos, que finalmente terminan perjudicándonos”, señala una nota publicada hace unas semanas por el portal Alba Ciudad en el que se anunció el inicio de los cursos de jabones, desodorantes y talcos de la fundación Fundambiente. Todo desabastecimiento en el fondo es una oportunidad.

El redactor envió un correo electrónico manifestando su interés en participar un curso y recibió una lista de materiales que debe llevar a la Plaza Caracas, además de un pago de 1.500 bolívares: agua destilada de aire acondicionado, aceite comestible (“obligatoriamente reusado y que no esté rancio”), dos potes de arroz chino, un vasito de café, un palo de madera de gancho de ropa para remover, guantes, tapaboca, aceites esenciales para dar olor al jabón, colorante de pastelería, moldes y vinagre (“con medio litro que lleve todo el grupo es suficiente”). El reactivo alcalino, que debe manejarse con suma cautela, lo suministra Fundambiente. 

La morena de Noticiencia, que lo que está es buenas noches, recomienda usar aceite usado de cocina cuando te venga en la bolsa del CLAP, en vez de la grasa de cochino. Y eso sí, tenga extremo cuidado con el reactivo alcalino, la sosa cáustica (hidróxido de sodio), que se emplea también para destapar cañerías y fabricar explosivos terroristas. No lo haga en casa, dedíquese a lo que usted mejor sepa. Perdón: mejor dicho, hágalo en casa, no deje que la Procter & Gamble se apropie de la simplificación, pero póngase sus guantes y sus lentes protectores, y no deje que los niños metan mucho las narices. En Mercado Libre, el combo de productos químicos para el jabón artesanal cuesta desde 3.500 bolívares. También podemos sustituir el mal hábito de la Harina PAN elaborando harinas de plátano, ñame o yuca, que son cosas que regalan por ahí en las calles, pero eso es tema para otro artículo.

Importante: déjelo reposar ocho días o no será un jabón, sino un gel lavaplatos. ¿Qué pensaba? No se ponga cáustico ni soso. Las cosas se toman su tiempo, lo dice el vicepresidente Pérez Abad. ¿Qué son ocho días en la escala imperturbable del tiempo, por ejemplo, de las rectoras del Consejo Nacional Electoral? Mientras tanto, recuerde la recomendación de la salivita, que también está sirviendo de pegamento de la paz social.