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Desmontaje o desplome

colas vargas anciana
26/04/2016
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FOTOGRAFÍA: ANDREA HERNÁNDEZ

Los controles de precios y de cambios ya cumplieron trece años en Venezuela. La inflación registrada y proyectada y la ominosa escasez de medicinas, alimentos, repuestos y otros bienes y servicios esenciales confirman, una vez más, que estos controles son destructivos y que no sirven ni siquiera como armas en una “guerra económica” para proteger a los consumidores de sus presuntos explotadores.

El racionamiento que acompaña al desastre que vivimos ha sido una oportunidad de enriquecimiento para muy pocos, y de empobrecimiento para muchos más. Quienes han pasado horas durante días en colas por comida no han aprendido nada nuevo, no han conseguido trabajos estables, han expuesto su salud y a veces las de sus niños y abuelos a duras condiciones climáticas, han mantenido sus cuerpos inmóviles demasiado tiempo y han corrido riesgo de violencias.

Más han perdido quienes usen estos medios para revender productos controlados de lo que pudieron ganar. Identificar en los controles causas determinantes de estos males es indispensable, tanto como trabajar en su levantamiento. Sin embargo, debe advertirse que retirar las causas no siempre corrige los daños.

No de cualquier modo puede extraerse una bala de un herido. Aun cuando retirarla sea indispensable, hacerlo mal puede acabar con la oportunidad de salvarlo.

No es lo mismo desmontar los controles que verlos desplomarse. Los retrasos presidenciales hacen cada vez mayores las dificultades de proceder secuencialmente en la corrección de los problemas que se agravan día con día.

No adelantar la elaboración de un buen presupuesto, no crear un mercado de divisas, no disminuir hasta abandonar el financiamiento monetario, no reducir el número de productos controlados, no ajustar precios máximos, no modificar leyes vigentes hacen todo más difícil y peligroso.

Si los controles duran mucho más, las consecuencias redistributivas de su permanencia serán mayores y la protección que pueda ofrecerse a la población más vulnerable será menor. Antes de demoler un edificio, hay que vaciarlo. Si el edificio está por caer, hay que vaciarlo rápido. El tiempo sigue pasando.