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Distopía Now

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Un paraje semidesértico. A lo lejos, aparece un camión. El conductor pierde el control y choca. La mercancía que transporta queda desparramada por el suelo. El conductor, al lado, agonizante. De la nada y por todos lados aparecen unos seres. Asaltan el vehículo y se llevan la carga, que no es oro o joyas, sino comida. Los seres no son morlocks, ni esto es La máquina del tiempo de H.G. Wells. Tampoco es Mad Max ni un futuro distópico. Es Venezuela. Y es ahora.

Fue hace unos días, en el estado Miranda. El vídeo es una oda a la mezquindad y a la mal llamada viveza criolla. Porque, por desgracia, eso les viene de herencia colonial. No en vano la novela picaresca nació en la España del Siglo de Oro.

El saqueo de este camión no es un hecho aislado. Al menos 8 han quedado registrados en You Tube en este último año, según el conteo de RunRunes. Al menos en 8 ocasiones nos hemos echado las manos a la cabeza para luego decir que esto llegó al “llegadero”. Reparto de pollos vivos, medicinas, harina de maíz pre cocida y hasta piezas completas de res. Un festín del malandraje.

Algunas de estas fiestas self service han sido bajo la mirada de la autoridad, digamos, competente. En este último vídeo alguien con camisa parda y un escudo en el brazo está presente mientras se llevan todo. Y ve cómo le dan la vuelta al chofer, herido, inconsciente.

Quiero pensar que los saqueadores lo voltearon para aminorar algo la poca vergüenza que les queda. Quiero pensar que ese agente de la autoridad llamó a una ambulancia y fue el responsable de que el chofer fuera trasladado al hospital, donde se recupera de sus heridas. Quiero pensar que esa gente que se dispuso a robar –porque señores, eso es robar-, no tenía nada en la nevera para echarse a la boca. Aunque a ninguno vi que estuviera en los huesos.

Y, lo siento, no voy a pensar que esto es culpa de un Gobierno. Porque ya está bien de echarle la culpa al otro para exculpar los fallos de todos. Sí, es culpa de un Gobierno que no se hace responsable, de una educación que va en picado, de unas autoridades de papel. Sí. Pero también de este individualismo que nos hace procurarnos lo nuestro sin importar nada más.

Que nos lleva a agarrar una paca de harina antes que atender a un ciudadano, quién sabe si a punto de morir en el suelo.