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Dudamel hasta el 2022: La lógica vuelve a ganar el pulso

Dudamel
09/10/2017
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FOTO: MARTIN BERNETTI / AFP/ ARCHIVO

Un mes y una semana. Ese fue el tiempo en el que la Federación Venezolana de Fútbol aseguró los recursos necesarios para mantener a Rafael Dudamel en el cargo. Aquella advertencia que soltó en rueda de prensa el seleccionador nacional el primer día de septiembre pasado ( “Si hoy terminara la eliminatoria de Rusia, hoy terminaría mi ciclo, (…) pero hay tiempo para nosotros trabajar y seguir construyendo con nuestra prioridad que es la selección nacional y ellos (los dirigentes) poder conseguir todo lo que garantice no solamente el cuerpo técnico sino también todo el plan de trabajo que hemos compartido con ellos”) ha concluido con un final feliz. Feliz para él, que aseguraba que su mente estaba puesta en continuar al mando, y más que necesario para la Vinotinto, desde el punto de vista de la lógica.

Más allá de algunos detractores que reclaman resultados positivos al actual seleccionador o de aquellos que desde una óptica no deportiva manejaban su salida como un precio político, el análisis de la renovación de Dudamel hasta Catar 2022 debe partir desde otro punto de vista. Desde el punto de vista de la sensatez y la lógica.

Cuando tomó el mando en abril de 2016, el yaracuyano asumía el reto con la condición de contar con un salvoconducto que le permitiera arrancar un periplo mundialista nuevo, sin el lastre de unas eliminatorias perdidas, como al momento en el que recogió el listón de Noel Sanvicente. Su prédica era mantener la lucha por una clasificación remota a Rusia mientras las matemáticas así lo permitieran.

No obstante, la realidad de juego de una selección estancada en su juego y sin ideas, pudo más que la buena voluntad y el verbo de Dudamel. Salvo el 5-0 a Bolivia, desde el mero análisis resultadista, el panorama cambiaba muy poco y las esperanzas de un resurgimiento que rescatara el prestigio deportivo, tan escabrosamente labrado y tan rápidamente destruido, eran escasas.

La pausa premundialista, que dio paso al sudamericano y el mundial Sub 20, fue la reinyección de combustible para el seleccionador. Conocedor como ninguno de una generación de futbolistas extraordinaria, que creció y se formó bajo su mano, devolvió a Dudamel el crédito que siempre tuvo en su época de futbolista y le permitió, con un título de subcampeón del mundo bajo su brazo, tomar medidas si se quiere antipáticas (algunos referentes han quedado al margen como Vizcarrondo, Guerra, Seijas, Rosales, Añor) en el combinado de mayores para transformarlo y darle mayor protagonismo a otros intérpretes, la mayoría de ellos, surgidos de la exitosa selección Sub 20.

¿El resultado? Tres empates ante selecciones que luchan por meterse en el mundial de Rusia (Colombia, Argentina y Uruguay). Con un fútbol que aún intenta estructurarse bajo la idea de su técnico, la solidez defensiva ha sido el punto de partida para recuperar la competitividad de un combinado que cerrará el tortuoso camino hacia el mundial de Europa del Este en el último lugar de la clasificación, algo que no ocurría desde hace cinco procesos premundialistas. Con algunas dudas sobre la gestación de fútbol ofensivo en la propuesta en cancha, reconocidas por el propio Dudamel al declarar en rueda de prensa después del 0-0 ante Uruguay en Pueblo Nuevo que “el grupo tiene la idea. Debemos seguir insistiendo en la confianza y atrevimiento de seguir jugando (…) hay que ser más constante en el volumen de juego que debemos generar”, el análisis global tiene que dar certeza de que arrancar un nuevo proceso, con un nuevo técnico, sería disolver lo que se ha avanzado y tomar nuevo rumbo desde cero. Una apuesta tan optimista como riesgosa.

Es en este preciso punto, en el concepto futbolístico, que se entiende como lógica y racional la continuidad de Dudamel al frente de la selección. Sus métodos han alcanzado resultados exitosos en las selecciones formativas, las mismas que de a poco y ya están asumiendo mayores cuotas de responsabilidad en la de mayores. Con los Fariñez, Rincón, Solomón, Chancellor, Murillo, Yangel Herrera y Josef Martínez ubicándose como las caras representativas del actual proceso, el convencimiento de que la idea está madurando en el seno del grupo, es altamente positivo para encarar los próximos retos, que comenzarán por la Copa América de 2019.

¿Puede dársele confianza si a Venezuela le ha costado tanto marcar goles en estos últimos partidos? Considero que sí, porque era alarmante el naufragio defensivo de la selección a lo largo de estos dos últimos años y se logró dar con un orden y equilibrio demostrado ante selecciones de alto calibre. Partiendo desde esa premisa se interpreta que la reconstrucción se está dando progresivamente, paso a paso. No espere que la Vinotinto en adelante sea un equipo que despliegue en cancha una maravillosa propuesta futbolística que contemple múltiples ocasiones de gol y un juego que deslumbre a los ojos. “Este no es el fútbol que me gusta. Sin embargo para ser competitivo en la eliminatoria debo saber cómo jugarla”. Esa frase, expresada por Dudamel después del empate ante Argentina en Buenos Aires (primer punto conseguido en esa plaza) es clave para saber que el seleccionador privilegia el hecho de poder salir a ganar puntos dentro de las posibilidades que le otorga su plantel, más allá de los conceptos que se puedan tener sobre si su puesta en escena es atractiva o no. Pero primero, hay que convencerse, nuevamente, de que se puede salir a ganar. A ganar a Bolivia, a Argentina o a Brasil.

Algo es curioso: varias ratificaciones en el cargo se le han dado a Dudamel en este 2017, incluso la repetida renovación hasta 2022 ya fue anunciada en mayo. Las exigencias de una mejora económica post Mundial Sub 20 y la garantía de sostener una preparación de nivel de cara al próximo proceso premundialista era el punto de tranca que mantenía el pulso entre el seleccionador y Laureano González. El federativo, sin garantía de ingresos por patrocinio, dejó en suspenso ese acuerdo de palabra de extender el vínculo hasta Catar.

Rumores políticos que pedían la cabeza del entrenador por su postura asumida durante las protestas que se libraron en Venezuela han quedado a un lado y, aunque en la entrevista divulgada por prensa FVF con el presidente de esa entidad no se explica con detalles de dónde saldrán los recursos para sostener el plan de trabajo de Dudamel, queda entendido que la estatal petrolera PDVSA habría superado cualquier pretexto político y entraría en razón para brindar el apoyo necesario con los dólares que demanda la preparación venidera y el sustento del cuerpo técnico. Sin embargo, González aún evidencia con la frase “nos van a apoyar” que todavía no hay acuerdos cerrados de patrocinio con la empresa privada. Hay una pequeña laguna sin aclarar que identifique realmente con detalles de dónde provendrán esos medios, secretos de costumbre cuando se tiene que hablar de contratos en la FVF. Lo que sí queda claro, es que en la Federación hay aceptación de lo hecho hasta ahora por el seleccionador y que han dado un voto de confianza para su continuidad.

Dudamel sabe que el trabajo por delante es enorme, del mismo tamaño de la ilusión que lo embarga. Que la memoria del venezolano es corta y que los éxitos de Corea del Sur no pueden ser una cómoda donde recostarse cada vez que la afrenta se eleve. Sabe que la renovación no es un cheque en blanco: hay que seguir creciendo sin dar pasos atrás. Una vez culmine el partido en Asunción, el ensayo solo servirá para dar muestras de avance, de crecimiento. Amistosos para disipar dudas, módulos para perfeccionar detalles y consolidar ideas.

La lógica le ganó una, por fin, al precio de la política.

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