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Dudamel tenía razón…

dudamel

Una orden emanada del Despacho de la Presidencia de la República canceló la gira por los Estados Unidos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela, que iba a ser dirigida por Gustavo Dudamel. Los conciertos pautados para las fechas 9, 14, 17 y 21 de septiembre ya no se darán. Una retaliación del régimen a las declaraciones de nuestro famoso director que en mayo y en julio de este año se pronunció públicamente pidiéndole a Maduro que cesara la violencia y suspendiera la convocatoria a la Constituyente, respectivamente.

Ciento ochenta músicos de todos los estados de Venezuela habían sido cuidadosamente seleccionados. Tenían tres meses ensayando los conciertos que ofrecerían. Las entradas se agotaron tan pronto salieron a la venta. Pero Maduro quería vengarse del joven director. Como Chávez cuando despidió a los mejores trabajadores de PDVSA, cree que el daño se lo hace a Dudamel y no a los pequeños músicos y por extensión, al país entero. Incluso, daña aún más –si es que eso es posible- su imagen y la de su mandato. Porque aunque no le guste, Gustavo Dudamel es el venezolano más conocido y la cancelación de los conciertos ya le ha dado varias vueltas al mundo.

Muchos criticaron ácidamente a Gustavo por no pronunciarse en contra del régimen. Lo calificaron con toda suerte de epítetos. También a quienes levantamos nuestras voces en su defensa. Ahora tienen la respuesta de por qué guardó silencio durante tantos años: sabía que si hablaba, el régimen la tomaría en contra de El Sistema, como en efecto ocurrió.

El querido y admirado Maestro Abreu siempre le aconsejó callarse, tragar grueso y aguantar por el bien de tantos niños que tienen la oportunidad de salir de la marginalidad a través de la música. Lo mismo que hizo él durante cuarenta años de construcción de la mayor y más revolucionaria obra que se ha llevado a cabo en Venezuela y me atrevo a decir que en toda América Latina. Fue la táctica que él usó y creyó que a Gustavo le serviría. Pero se equivocó: no confrontar le sirvió al Maestro Abreu porque trató con demócratas. Ahora es distinto. Son los ñángaras a quienes poco o nada les importa El Sistema.

Gustavo Dudamel desde hace años tiene su vida resuelta, gracias a su talento y a su trabajo. Desde el principio ha podido pronunciarse en contra del régimen de Chávez y de Maduro y quedarse tan tranquilo. Lo acusaron de egoísta. Si hubiera sido egoísta hubiera mandado al diablo todo lo relativo a Venezuela. Pero tomó el camino difícil -cosa que pocos hacen- y se quedó callado aguantando el chaparrón de críticas, para proteger a los hoy casi ochocientos mil niños que conforman la obra. Cuando ya era imposible quedarse callado habló y vemos que los temores de que la emprendieran en contra de El Sistema eran reales.

Diez años lleva la campaña de desprestigio en contra de Dudamel. Un alemán que hubiera tenido a uno o varios judíos escondidos en su casa no hubiera podido hablar mal de Hitler ni del régimen nazi: todo lo contrario, hubiera pretendido ser el más nazi de todos los nazis. Subsiste la duda de si quienes lo criticaron –algunos de ellos conociendo muy bien El Sistema- lo hicieron por una pensada estrategia política o si más bien fue por temas personales.

El caso es que Dudamel está sufriendo por la cancelación de la gira (sus tuits lo dicen claramente), por los niños a quienes se les ha impedido tocar frente a públicos exigentes y representar a Venezuela con lo mejor que tenemos, pero más aún porque sabe que El Sistema se está tambaleando. Y él es testigo de excepción de lo que ha costado construir una empresa de ese calibre. Pero ya todo ocurrió y todo está planteado, no hay chance de dar vuelta atrás: si queda algo de sensatez en este país, todos deberíamos salir a defender a nuestro Sistema de Orquestas.

A Maduro este acto le costará muy caro. A la imagen de asesino ganada a pulso, se le añadirá otra raya más. No sé quién lo está asesorando, pero más bien pareciera que fuera su enemigo. ¿Será Diosdado Cabello?…

De ahora en adelante, quienes opinen para destruir, deberían pensarlo mejor. El daño es como la conocida historia de esparcir las plumas de una almohada en un campo: es imposible volver a recogerlas todas.

A Gustavo Dudamel y a los jóvenes músicos les envío un mensaje de solidaridad y esperanza: vamos a salir de esto y cuando salgamos, podrán salir a enseñarle al mundo de qué fibra estamos hechos los venezolanos.

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