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El abandono del cargo

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11/01/2017
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FOTO: ARCHIVO

Después de un breve silencio en la tregua navideña, consignado el fracaso del Referéndum Revocatorio, la dirigencia de la MUD, con nueva directiva en la Asamblea Nacional, ha decidido concretar la iniciativa para declarar ausente el cargo de la Presidencia de la República.Pasa a ser ésta, al parecer, la nueva bandera, el parámetro a partir de la cual irán serpenteando las ejecutorias de la MUD para darle continuar a la agenda de 2016. Es el fruto de un acuerdo político amplio y labrado, que tuvo como eje a Julio Borges, y que toca a casi todos sus partidos, incluyendo a Un Nuevo Tiempo y a Vente Venezuela. Apenas Avanzada Progresista, la organización de Henri Falcón, ha hecho públicas sus reservas.

Para sectores visibles del debate nacional, el abandono del cargo es un saludo a la bandera. Una disposición que encuentra a un Poder Legislativo cercado, en un escenario técnico de golpe, que viene a plantearle nuevas expectativas irrealizables a la ciudadanía, y que no resiste un análisis jurídico, puesto que, objetivamente, Maduro sigue en el Palacio de Miraflores.

No debe olvidarse, además, que la MUD viene saliendo de un estrepitoso final de 2016, y que tal circunstancia encuentra a una ciudadanía desmovilizada. Parte del problema consiste en que la MUD sigue siendo, sobre todo, un frente electoral, que no ha producido las adecuaciones organizativas necesarias para enfrentar la complejidad actual. Si algo debió quedarle claro a todo el mundo en Diciembre de 2016 es que las decisiones de la Mesa, el desarrollo de sus políticas, deben tener una unidad de mando más compacta y una visión que trascienda los afiches y los escenarios de marketing. La MUD tiene que estar un poco más de acuerdo en torno a lo que quiere y a lo que hace.

Dicho todo esto, consignando incluso, de nuevo, una enorme frustración personal por los errores políticos de la Oposición en momentos tan delicados, pienso que la declaratoria legislativa del abandono del cargo de la Presidencia de la República es pertinente.

Sobre su enunciado se puede hacer una interpretación completamente adecuada: se trata de algo parecido a una declaratoria de paternidad irresponsable. El estado venezolano está conducido por una persona desprolija, no apta, que no se ocupa, que no comprende, cuyas decisiones más importantes están produciendo una enorme y dolorosa tragedia social. A todo el mundo debería bastarle con eso.¿No es eso lo que pasa?

Es una declaratoria política, con contenido institucional y jurídico, en la cual la Asamblea Nacional emite un comunicado del tamaño de la gravedad que tenemos frente a nosotros. Básicamente, eso esperaría la población de su Asamblea Nacional. Por eso es que los mandos chavistas han reaccionado tan airados.

Por supuesto que es harto probable que no produzca resultados inmediatos. Lo que sí hará es colocarle calorías a la crisis institucional. Su punto de condensación necesitará de nuevos desarrollos; de presencia popular. El chavismo y el Poder Electoral pasaron todo 2016 burlándose del sentimiento mayoritario de la población. Aquí se están enviando mensajes muy claros. En muy buena medida, el ejercicio político es un universo de percepciones; un espacio en el cual los simbolismos pueden tener enorme contenido. Lo que sí sería inconcebible es que, frente al problema social actual, el Poder Legislativo no construya un discurso sobre el cual intentar producir desarrollos. La consecuencia número uno del actual procedimiento sería la convocatoria a unas elecciones generales.