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El billete de Bs 5.000

AVN

El malestar que ha causado el retraso en la actualización del cono en Venezuela se ha manifestado de distintas maneras.

En nota de AP (marzo 2016) se lee que el Banco de la República de Colombia declaró que, a propósito del reciente billete de 100.000 pesos, “utiliza técnicas estadísticas para determinar las denominaciones de billetes que requiere la economía, en función del ingreso per cápita y el monto del salario mínimo. A medida que crecen estas variables, aumenta el valor de las transacciones y el uso de los billetes de mayor denominación”.

Una versión de la métrica-D, utilizada en Colombia y otros países del mundo para definir sus conos monetarios, propone una regla simple: emitir como billete de mayor denominación uno que se aproxime a la sexta parte del ingreso mensual promedio del país. Por las debilidades de la economía venezolana y la inexistencia de mejor información, tomemos como referencia de ingreso el “salario mínimo integral”, que  el presidente incrementó el 1ro de mayo hasta Bs. 33.636 mensual. La sexta parte de este número es 5.606, por cuanto ya el BCV debería estar preparando la emisión del billete de Bs. 5.000.

Sin embargo, la emisión de los billetes de Bs. 500 y Bs. 1.000 no pasa de ser un rumor. Según una nota de Bloomberg (abril 2016), el BCV prefirió encargar cientos de miles de billetes de Bs. 100 a De La Rue, Giesecke & Devrient y Oberthur Fiduciaire e importarlos en “docenas de aviones 747”, a pesar de no poder pagarlos luego puntualmente.

El malestar que ha causado el retraso en la actualización del cono en Venezuela se ha manifestado de distintas maneras. Mencionemos sólo dos. Primero: el fantasma del “corralito”, que recorrió las redes sociales cuando los cajeros automáticos de los bancos comenzaron a vaciarse de efectivo más rápido de lo que se les reponía. Entonces se confundió un simple asunto de manejo de volúmenes de papel con los eventos que acompañan severas crisis bancarias.

Segundo: los billetes de Bs. 100 comenzaron a tener su propio precio en la frontera, donde el carácter ilegal de algunas transacciones hace preferible el uso de efectivo sobre el de transferencias. En consecuencia, no tener acceso a billetes de la mayor denominación se convirtió en un problema más para el resto de la población.

Permitir el deterioro del cono es una queja adicional en contra del BCV. Ponerlo a circular hoy no sólo implica reconocer montones de sus errores: también dejar de cometer otros. Ahora bien, corresponde hacer varias advertencias. Emitir el billete de Bs. 5.000 hoy no empeorará (ni reducirá) la inflación, ni será la prueba que faltaba para declarar la hiperinflación. Reducirá costos de importación y transacción, que no son todos, pero no son despreciables ni justificables. Por último, sin disciplina fiscal y un cambio en las relaciones público privadas, esta será otra medida insuficiente a la vuelta de pocos meses.