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El día que el fútbol fue subastado

Gianni Infantino / Alejandro Dominguez
07/12/2018
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FOTOGRAFÍA: AP

Copa Libertadores de América. El nombre lo dice todo pese a que la ejecución no respete la esencia. Que la vuelta de la final se celebre en Madrid solo resalta la condición del fútbol como negocio más que como deporte. Sí, lo ocurrido el 24 de noviembre en Buenos Aires rompió con todo guion lógico, pero lo decidido días después en Asunción terminó de prender fuego a sus restos.

El anuncio del Santiago Bernabéu como sede del River Plate vs Boca Juniors y el aplauso del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, solo engorda una lista de contradicciones del mandamás del órgano que rige la disciplina, personaje que no ha escondido su molestia al desarrollo de un juego de liga española en Miami el próximo año, pero que ve con buenos ojos mudar de zona un evento continental.

La situación, en un deporte manchado en los últimos años por escándalos de corrupción, invita a pensar en el posible interés económico escondido detrás del llamado a que España albergue el juego por el título.

Lo que Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, priorizó al momento de darle marcha a la vuelta de la final hace retroceder el tiempo poco más de 200 años, cuando en Suramérica aún regía la mano dura del español. Esa clase de historia en la que el cabecilla olvidó su siguiente episodio fue traída otra vez a la mesa y consigo la incertidumbre.

El fútbol como puente entre países es una realidad, pero no por ello se debe acabar con una tradición de más de 50 años en la región. Los correctivos debían estar destinados hacia un equipo que falló en la organización de un evento de alta talla y que desnudó una cruda pero conocida verdad sustentada en la violencia como bandera. Aún así, y con todo el castigo posible sobre River Plate, la vuelta debía jugarse en América.

Desde las oficinas, el Bernabéu es el marco perfecto, donde el espectáculo privará por encima de lo que está en el ADN del fútbol suramericano. No faltarán los que asistan al recinto como quien se pasea por una pasarela a la espera de que el árbitro principal pite el inicio de un choque visto para muchos como un duelo de exhibición, mientras que sobre el gramado los dos grandes de Argentina resuelven una llave que quedará por siempre acompañada de un asterisco.

Para la cita se prevé que figuras como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi compartan en la grada de la casa del Real Madrid, un guiño odioso para que las cámaras se posen de vez en cuando sobre los movimientos del par de astros por encima del duelo.

Cuando comience el choque se notará también las diferencias de la dinámica entre Europa y América, una discusión sana de estilos en el que España será epicentro de una responsabilidad para que los protagonistas trasladen ese sentimiento característico de la región al Viejo Continente y cuya fluidez no es reconocida por su estética sino por su ambición.

Al terminar el día, la final soñada que torció su rumbo por la mano de delincuentes y que no fue corregida de forma efectiva por los gerentes que están ahí para hacerlo, marcará un antes y un después en la historia del deporte, capítulo en el que un evento de tal magnitud terminó siendo subastado al mejor postor.