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El largo viaje por tierra de los jóvenes venezolanos que buscan refugio

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Salir en autobús por la frontera brasileña se ha convertido en una vía de escape de venezolanos que se sienten desesperanzados por la situación del país.

La maleta pesa 23 kilos y 400 gramos. Meiling Ustáriz, de 19 años, está feliz de que el límite permitido por la aerolínea sean 25 kilos y no 23 como pensaba. Así no tiene que sacar ninguno de los chocolates savoy o el paquete de galletas que tanto extrañará cuando llegue a Argentina. Su viaje comienza ese lunes 3 de julio desde Barquisimeto. Espera llegar a Buenos Aires el domingo 9, tras una semana que parece interminable entre aviones y autobuses.

Los 210 dólares y 10 euros que lleva, van doblados entre los dos sostenes que sobresalen de su blusa. Un millón cien mil bolívares también van guardados, aunque no con el mismo recelo, dentro del bolso de mano.

Luego de dos vuelos nacionales (Barquisimeto – Caracas y Caracas – Puerto Ordaz) se monta en el autobús que la llevará hasta la ciudad fronteriza del estado Bolívar, Santa Elena de Uairén. La emoción poco a poco se empaña por algunas lágrimas que le recuerdan que dentro de doce horas, en la próxima parada, tendrá que despedirse de su madre. Linda Pastora la acompaña hasta allí. En Santa Elena deberán darse el abrazo y decirse el “hasta pronto” que diariamente se pronuncia entrecortado por el llanto entre las familias venezolanas.

Es en esa parada que le toca hacer el primer cambio de moneda -de bolívares a reales- para costear el próximo pasaje hacia Boa Vista, Brasil. El boleto tiene un valor de 45 reales, lo que equivale a 94.500 bolívares (el real está en Bs. 2.100). Después de tres horas del viaje por carretera llega a la ciudad brasileña. Es viernes 7 de julio y aún está a dos días de su destino final.

Meiling decidió irse por tierra a riesgo de cualquier peligro. No tenía el dinero para un vuelo directo. Un pasaje desde Caracas a Buenos Aires, por la aerolínea CopaAirlines, salía en 1.500 dólares, al cambio en el mercado negro serían 11.508.000 bolívares . El costo total de su recorrido por tierra hasta la capital argentina es de Bs 1.889.500.

“Yo lo hago por mi familia. Por mi mamá, mi abuela, mis tías y primos. Quiero ayudarlos. Me da impotencia no poder conseguir medicinas en Venezuela si alguien se enferma. Me da de todo no poder tener calidad de vida por la delincuencia. Me iban matando por un celular”, cuenta con la voz quebrada que se escucha al otro lado del teléfono.

Sus sueños no son distintos a los de los más de veinte jóvenes venezolanos con los que se encuentra al llegar al aeropuerto de la capital del estado de Roraima, en el vecino país. Trabajar. De lo que sea. Limpiar pisos, lavar platos, servir las mesas de un café o atender una tienda. “Cualquier cosa dará más dinero que en Venezuela… Luego pensaré en los estudios”.

En “el rincón de los venezolanos”, como ella misma lo llama, están las maletas de los otros muchachos a los que también les toca embarcarse a las 3:00 de la mañana del sábado 8 de julio hasta São Paulo y con escala en Río de Janeiro para, finalmente, desembarcar en Buenos Aires.

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Fue a través de una agencia llamada “Soluciones Brasil” que el grupo de jóvenes gestionó los pasajes. “Yo pagué en pesos argentinos a través de Western Union y al dueño de la agencia se le convertía en reales. Él nos compró el pasaje desde Brasil a Argentina y salvó a otro chamo que se vino de estrella sin boleto, aventurándose”, relata Meiling.

Se trata de Abraham Goitía (31) que viajó desde Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, hasta la frontera de Brasil, con un millón de bolívares para cambiar a reales y unos cuantos dólares que logró reunir durante años. “Una de las razones por las que decido irme del país es por la situación tan jodía en la que está Venezuela. Perdón, pero no encuentro otra palabra. En Venezuela dejo a mi hija de 9 meses…”, se le quiebra la voz, hace una pausa y respira, pero no logra sobreponerse y continuar.

“Estudié computación. Trabajo como programador desde hace unos cuatro años y decidí irme del país porque siento que los esfuerzos que hago no son recompensados. Lo que ganaba no me alcanzaba para nada”, dice César Herrera (26), quien también pertenece al grupo de los que viajan a Argentina. Logró reunir 1.100 dólares, de los que costeó su traslado por tierra. “No me queda mucho, pero en Venezuela hay delincuencia, hay trancas, hay protestas, la inflación. Yo me sentí desesperado y llega un momento en que tienes que tomar la decisión: sí o sí. Mi carrera tiene bastante demanda en otros países y prefiero trabajar en otro lado donde reconozcan mi tiempo”.

El grupo de jóvenes, que busca refugio lejos de su país, aumenta con el pasar de las horas. Vanessa Hernández, de 22 años, se une junto a su mejor amiga. Las dos son ingeniero de sistemas y vienen de Maturín. Reconocen a Meiling luego de haber hablado con ella por el grupo de whatsapp “Los del 8” (el día que les toca viajar), y después de presentarse, se sientan en el piso del Aeroporto International de Boa Vista-Atlas Brasil Cantanhede a esperar… “ya falta poco, estamos más cerca”.

Doce horas más tarde, deciden asearse en uno de los baños del aeropuerto. Abraham olvida por unos minutos su organizador en uno de los asientos de espera. Se sorprende de regresar y encontrarlo donde lo dejó. Sin embargo, al abrirlo, se da cuenta de que le faltan los 500 reales que cambió por los bolívares.

-Y ahora, ¿cómo va a hacer?-
-No sé, pero a Venezuela ni de broma se devuelve-

Estado de Emergencia por llegada de venezolanos

 

La gobernadora del estado brasileño Roraima, Suely Campos, decretó Estado de Emergencia en diciembre de 2016. La llegada de inmigrantes venezolanos había aumentado dramáticamente en Boa Vista y Paracaima, las localidades fronterizas con Venezuela.

Campos pidió un “auxilio financiero” al gobierno federal por no tener cómo garantizar los gastos de salud y asistencia social tras la llegada de los venezolanos que, de acuerdo a sus declaraciones, ha desatado un aumento de los casos de malaria.

El Hospital General de Roraima pasó de atender a 324 venezolanos en el año 2014, a prestar ayuda a mil 240 en el 2016. De los 2 mil 517 casos de malaria detectados en el estado, mil 947 procedieron del país vecino, de acuerdo a los datos de la gobernación e información reseñada en el portal BBC.

En lo que va de 2017, unos 30 mil venezolanos han cruzado la frontera para viajar desde Brasil, e incluso, pedir asilo político.

“¿Que si me siento como refugiada? Sí… Yo no estoy saliendo de Venezuela, yo estoy huyendo”, dice Meiling mientras agarra sus maletas y se prepara para montarse en el avión que la llevará a su nuevo hogar.