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El optimismo comienza con José Hernández

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23/02/2017
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(CÉSAR DENNIS/ PRENSA ATLÉTICO VENEZUELA)

A punto de comenzar el Campeonato Sudamericano Sub-17, es poco lo que se sabe de la selección que representará al balompié venezolano en esa competencia que se jugará en Chile, entre el 23 de febrero y el 19 de marzo. Sin embargo, que sea José Hernández el entrenador de ese grupo, constituye, gracias a sus conocimientos, un raro punto de unión entre las diferentes corrientes de pensamiento del fútbol venezolano.

Permítame que le cuente una confidencia: estuve presente cuando se designó a Rafael Dudamel y a Hernández para comandar los ciclos sub-20 y sub-17. Noel Sanvicente, seleccionador nacional para aquel entonces, estaba seguro de que ambas eran las mejores opciones tras las salidas de Miguel Echenausi y Ceferino Bencomo. En el caso del actual seleccionador sub-17, Sanvicente insistió hasta el cansancio para lograr su nominación, y para ello no hizo sino reiterarle, a los dirigentes de la Federación Venezolana de Fútbol, que José era el entrenador más capacitado para acompañar a estos muchachos en esta etapa de su formación.

Recordemos un consejo de Juan Manuel Lillo: para saber de fútbol hay que saber de futbolistas. Por ello, replicar modelos ajenos a la naturaleza de los jugadores es una conducta contra natura, por no decir imposible. En los equipos se puede contar con futbolistas que interpreten el juego de una manera similar, pero nunca igual. Pongamos como ejemplo a España, selección que en los últimos tiempos ha dado lecciones de esto que aquí menciono: la ausencia de David Villa fue la puerta de entrada para Nolito, un jugador con aparentes similitudes al “Guaje” pero también con diferencias notables, gracias a su singularidad. No debe etiquetarse quién es mejor, sino cuál suma más a la dinámica grupal.

Esto lo sabe el profesor Hernández, y vaya si da gusto escucharlo reflexionar sobre este y muchos ejemplos. Durante todos los años en los que ha ejercido la profesión de entrenador no ha dejado de lado su curiosidad. Él mismo expresa y comprende cuestiones tan básicas como que nadie enseña, es decir, más que transmitir, lo que hace un preparador es despertar cualidades propias de quien escucha. A propósito de esto que menciono, el entrenador español Óscar Cano Moreno, pensador de referencia para muchos, entre los que también está el profesor Hernández, en una charla reciente para la revista The Tactical Room, le decía a Martí Perarnau que “ser formador tiene más que ver con no desperdiciar el talento que con proporcionarlo“.

Hay una anécdota que retrata perfectamente esto que explica el ex seleccionador sub-19 de Qatar, y la expone el argentino Fernando Signorini, antiguo preparador físico del equipo nacional argentino, en su libro “Fútbol, llamado a la rebelión“, página 216, y que me permito reproducir en su totalidad:

Una de las anécdotas más significativas de mi paso por el equipo nacional tuvo como escenario el estadio Velodrome de Marsella, en vísperas del amistoso frente a Francia. Diego (Maradona) había dado por finalizada la sesión y la mayoría de los jugadores caminaron hacia el vestuario, mientras los delanteros fueron llamados a practicar definición. Yo estaba observando desde el círculo central. Era el turno de Leo Messi, quien colocó la pelota a dos metros fuera del área, casi en línea recta, y le pegó de Sur buscando el ángulo derecho del arco defendido por Juan Pablo Carrizo. Sin embargo, el tío se fue muy alto y desviado. Leo giró sobre sus talones y haciendo un gesto de indudable fastidio comenzó a alejarse. Entonces, cruzándome en su camino, le dije: ‘¡No me vas a decir que te vas a ir después de semejante porquería, ¿no?!’. Sonrió con picardía y cuando se aprestaba regresar se escuchó la voz de Diego diciéndole: ‘Vení Leíto, vení. Te estás apurando mucho papi, no le saques el pie tan rápido a la pelota, acompaña la más porque si no ella no sabe lo que vos querés que haga’. La puso entonces en el mismo lugar y agregó: ‘Tenés que hacer así, ¡mira!’. Tomo una carrera muy corta y al llegar le pegó como en los viejos tiempos. La pelota se clavó con violencia. El poste y el travesaño de un sorprendido Carrizo, que nada pudo hacer por habitar el redondo misil“.

 

Tanto Signorini como Maradona no hicieron más que identificar una virtud propia de Lionel Messi; no le “contagiaron” cualidades ajenas a su ser, simplemente lo ayudaron a reconocer de qué era capaz. El episodio debería servir como ejemplo de que el crecimiento del futbolista no se detiene jamás, y que el paso por el profesionalismo no significa que el futbolista ya está hecho. Como seres humanos estamos en un estado continuo de cambio. Pero volvamos al seleccionador nacional sub-17.

Hernández es un gran observador, cualidad que lo acompañará siempre en el complejo proceso que es la construcción de un equipo. Investido como seleccionador, un conductor se convierte justamente en eso, en alguien que debe elegir, y esto sólo puede lograrse a través de la atenta y paciente mirada a los futbolistas que componen el equipo. Cometerá errores, pero Hernández está más que capacitado para identificar valores que los demás desconocemos o no divisamos.

Una de las frases más utilizadas en la actualidad es aquella que reza que el fútbol es de los futbolistas. En mi caso, esta afirmación no constituye un desprecio por la labor del entrenador de fútbol. Los futbolistas son los protagonistas porque ellos entran al campo, ellos se relacionan, ellos disputan, y de ellos nace cualquier interacción que veremos en un terreno de juego, pero los entrenadores pueden, gracias a su apertura y su observación, como en el caso de Maradona y Signorini, plantear escenarios, despertar sensaciones y promover contextos que quizá los futbolistas, por sí solos, no podrían.

Pep Guardiola, en una publicidad de un banco español, explicaba su labor al mando del primer equipo del FC Barcelona: “La idea es que al jugador de más talento le dé los consejos para que su talento no salga diez veces en un partido sino que salga cuarenta. Este es mi trabajo“. Los entrenadores cuentan con la posibilidad de colaborar en la evolución de sus dirigidos, partiendo siempre de las virtudes de ese deportista, no de los caprichos o deseos del preparador.

A pesar de las cualidades que describen al seleccionador Sub-17, es imposible pronosticar como le irá a su selección en el torneo sudamericano, porque insisto, son los futbolistas los que protagonizan este juego. Lo que uno aspira, al igual que con la selección sub-20, es que el paso de estos chicos por los equipos nacionales ayude en el desarrollo de sus propias herramientas, y sean, en caso de continuar en el fútbol profesional, valores útiles para la selección mayor. Ni Hernández, ni Dudamel, ni ningún otro entrenador pueden transferir virtudes, pero sí colaborar y guiar en la concientización de que éstas existen y pueden ser explotadas en favor de un objetivo superior: la construcción de un equipo.

Cano Moreno expresaba en la misma charla con Perarnau que “cuando se habla de formación y artesanía, rápidamente hemos de imaginar qué es lo que hace un artesano. Bien, pues el artesano lo que está viendo una piedra a esculpir un trozo de barro modelar son las posibilidades que tiene esa piedra o ese barro. Por lo tanto, la idea no parte nunca del artesano, sino que parte del objeto que quiere moldear o modular“. En casi dos años de trabajo, José Hernández y su equipo técnico seleccionaron futbolistas que teóricamente pueden mejorar bajo ese manto que es la idea de equipo. El tiempo dirá si esto que menciono logró ser, o si sencillamente fue otra buena intención que no superó su etapa embrionaria.

Permítame terminar estas líneas con un reconocimiento a uno de los aciertos de la breve conducción de Noel Sanvicente en la selección Vinotinto. Lejos de proponer amigos para esos cargos, el hoy entrenador del Caracas FC llevó a directores técnicos capacitados para las tareas propuestas. El tiempo, que pone todo en su sitio, le dio la razón al guayanés, aunque esto fastidie a los expertos en acomodar la realidad y la historia a su conveniencia. Ninguno se llama Winston, se apellida Smith o trabaja en el Ministerio de La Verdad, pero vaya si son efectivos en su intento por reescribir el pasado según sus intereses.

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