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Emilia Díaz-Struck: “Cuando el periodismo resulta incómodo, la reacción histórica ha sido deslegitimarlo”

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Los que la conocen dicen que es lo más parecido en Venezuela a una criatura de Spotlight, la película premiada con el Oscar acerca de los periodistas que destaparon el escándalo de los curas pederastas en Boston: una investigadora superdotada y extrañamente discreta en medio de una profesión de egos muy bocones y espueleados, que puede pasar horas ante una hoja de cálculo de Excel detectando gloriosas sinfonías invisibles entre el ruido de datos inconexos.

Emilia Díaz-Struck (Caracas, 1985) ha sido una pieza clave en investigaciones internacionales tan relevantes como los escándalos de los Panamá Papers y las correrías de Luis Velázquez Alvaray, ex magistrado del TSJ. Su segundo apellido, que suena como a un hachazo contra la opacidad, es de origen alemán: deja saber, siempre con su legendaria contención, que un diciembre en su familia es una mezcla de culturas con comida típica venezolana, española y germánica.

La joven políglota actualmente trabaja en Washington como integrante del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, una red de más de 190 comunicadores resteados contra las marramucias en 65 países.

—La unidad de investigación de Últimas Noticias fue desmantelada justo después de un reportaje sobre el asesinato de Bassil Da Costa y hoy sigue siendo un diario muy leído. ¿Un caso emblemático para el pesimismo?

 

—Los medios públicos o privados necesitan dar espacio al periodismo independiente y manejar una agenda propia, que se guíe por el interés público. El caso de Últimas Noticias no es aislado. En 2015, después de un año de trabajo, un grupo de más de 30 periodistas venezolanos bajo la coordinación de Ipys Venezuela, en alianza con Armando.info y Poderopedia, logró documentar el cambio de propiedad de al menos 25 medios de comunicación en un período de 5 años en 9 estados del país y mostró cómo esta situación derivó en situaciones de censura y autocensura en muchos de estos espacios y produjo silencio. Las transformaciones en los medios de comunicación pusieron en evidencia la valía de muchos periodistas que dentro y fuera de esos medios siguieron peleando por hacer un periodismo independiente en Venezuela. Una cosa son los medios y otra los periodistas. También vemos que cuando los periodistas perdieron espacios, abrieron nuevos y apostaron por los emprendimientos. Ahora encontramos una generación importante que está haciendo un trabajo muy valioso en el mundo digital. Ni los periodistas ni los medios son formuladores de políticas públicas y fiscales. Una vez salen a la luz las historias, corresponde a los generadores de políticas públicas, a las autoridades y a las instituciones jugar su rol. Cuando esto no sucede, las historias periodísticas quedan como un registro histórico valioso para el futuro y como un recurso para la toma de decisiones del ciudadano.

—Hay medios impresos que están pagando a sus periodistas quincenas que alcanzan para tres paquetes de arroz. El periodismo de investigación es costoso. ¿Se puede investigar con hambre?

 

—El contexto actual venezolano resalta nuevamente la necesidad del periodismo independiente. En este momento hay muchas historias que documentar y contar, al tiempo que la audiencia venezolana demanda información. El flujo de rumores es alto y eso genera más incertidumbre. Eso abre muchas posibilidades para los emprendimientos periodísticos y medios que decidan apostar por la credibilidad y la agenda propia. El buen periodismo tiene que pagarse bien. Si un periodista no percibe ingresos suficientes para subsistir con un trabajo, buscará más fuentes de ingresos. En ese proceso, reduce el tiempo que puede dedicar a buscar más fuentes para profundizar la información, verificar los datos, y aumentan los riesgos de tener historias a medias, historias fragmentadas. Sin embargo, la crisis en las remuneraciones a los profesionales venezolanos afecta a muchos sectores y no únicamente a los periodistas. En el panorama de nuevos medios también adquiere valor la innovación y las alianzas entre periodistas para explorar a fondo un tema. Este tipo de colaboraciones han venido cobrando fuerza en Venezuela y han permitido superar la censura y la autocensura.

—¿Qué reportaje queda por hacer en Venezuela?

 

—La evolución de PDVSA puede ser uno de los tantos hilos conductores para entender la historia de Venezuela. La industria petrolera tiene muchas caras y a través de ella se puede ver por un lado cómo opera la empresa y cómo fue su evolución interna en términos de estructura y manera de hacer negocios. También el desarrollo y financiamiento de programas sociales que abarcan la alimentación y la vivienda, el manejo del dinero, en qué resultó cada inversión y qué impacto tuvo en el venezolano. No será una historia contada en los medios la que sintetice el proceso político venezolano, sino una serie de historias y ya hay varios trabajos emblemáticos. Entre ellos destacan la investigación sobre la triangulación de leche importada a Venezuela de Lisseth Boon, el trabajo sobre los negocios eléctricos de César Batiz, la serie Cáncer en los equipos que hizo la Unidad de Investigación de El Nacional entre 2012 y 2013, el reportaje de investigación de Últimas Noticias sobre lo sucedido durante las protestas de 2014 y la serie de trabajos periodísticos que desarrolló un equipo de 11 periodistas venezolanos desde emprendimientos digitales independientes para explorar las historias venezolanas vinculadas con los Panamá Papers.

—¿Tus motivaciones para salir de Venezuela fueron profesionales o personales?

 

—Una combinación. Ha sido una evolución de mi trabajo y de la vida. La mayor parte de mi trabajo lo he hecho desde Venezuela y desde hace poco me encuentro trabajando desde la sede del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés). Antes colaboraba con la organización como miembro local y ahora trabajo como parte del staff del ICIJ con periodistas en todos los países que son parte de los proyectos liderados por el Consorcio. Ha sido una oportunidad importante de crecimiento que me ha permitido aprender mucho de colegas de otros países, pues la naturaleza del ICIJ es hacer investigaciones periodísticas colaborativas de escala global con periodistas alrededor del mundo.

—Desde Washington, ¿qué aporte puedes hacer a Venezuela, si acaso eso es importante para ti?

 

—Mi trabajo me permite seguir en contacto con la realidad venezolana y dar espacio a miradas venezolanas y latinoamericanas dentro de proyectos periodísticos transnacionales del ICIJ. Busco que América Latina se vea bien representada en esos proyectos y la colaboración ayuda a fortalecer el trabajo periodístico que todos hacemos como equipo. Esto, en consecuencia, ayuda a fortalecer al periodismo venezolano, latinoamericano y global, al tiempo que los temas que se trabajan en los proyectos periodísticos del Consorcio tratan de realidades en las que los ciudadanos se han visto afectados, que son de interés público y tienen impacto global.

—¿En Venezuela alguna vez te cuestionaste a ti misma por defender los intereses de los dueños de medios, según la retórica del chavismo?

 

—Creo en el periodismo independiente y en que hay que hacer la reportería suficiente para contar una historia. El trabajo del periodismo no es hacer propaganda, para eso existen los departamentos de relaciones públicas. Lo ideal es lograr una agenda propia y responder al interés público y humano. El estándar es buscar suficientes fuentes, documentar la información y verificarla antes de salir con una historia. Se trata también de trascender las declaraciones y la inmediatez. Ése es el periodismo en el que creo y que busco hacer.

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—¿Lo que se ha desarrollado en Venezuela desde 1999 es una revolución contra el conocimiento?

 

—Lo que muestra es una visión distinta sobre la academia, los valores y el conocimiento que se genera en los espacios de formación, que no siempre se ha compaginado con los ideales clásicos. La autonomía es fundamental para la academia, pues es la independencia y libertad en la discusión de ideas la que permite generar conocimiento.

—El nuevo gobierno de Estados Unidos percibe a ciertos medios de comunicación como enemigos y niega hechos suficientemente contrastados. ¿Hay una tendencia internacional hacia el debilitamiento del libre pensamiento?   

 

—Ahora y en el pasado se han visto situaciones en las que se busca deslegitimar a la prensa. Cuando el periodismo resulta incómodo, la reacción histórica ha sido deslegitimarlo y negarlo. Pero la libertad de prensa también ha tenido y tiene sus defensores y sigue siendo un derecho. En estos lugares en los que se ha buscado deslegitimar el trabajo periodístico, existen al mismo tiempo espacios que dan cabida al libre pensamiento, al periodismo independiente y que hacen la diferencia. La complejidad y las dificultades que enfrenta la sociedad a nivel global hacen que el periodismo independiente con altos estándares y la existencia de espacios para el libre pensamiento sigan siendo fundamentales.

—No tienes mucha presencia en redes sociales. ¿Una elección personal?

 

—Una de las grandes riquezas que tenemos dentro del mundo digital es la libertad de elegir. Hago uso frecuente de las redes sociales, pero uno no tan visible. Cada espacio tiene sus dinámicas y sus tiempos. En mi caso trabajo mucho con bases de datos y recursos digitales como herramientas para la investigación periodística, eso ha incluido también el uso de las redes sociales. Hay gente haciendo cosas súper interesantes desde estos espacios y participando en el libre flujo de ideas, pero al mismo tiempo hay muchos rumores y basura. Hay de todo, como en todas partes. El reto es saber distinguir en qué creer entre el gran volumen de datos que se generan y no convertirse en cajas repetidoras de rumores o informaciones falsas. Esto trasciende el tema de los medios de comunicación y tiene que ver también con cómo se están formando los ciudadanos ante el tema digital y cómo pueden desarrollar una mirada crítica a lo que fluye a través de las redes y decidir.

—¿Un periodista puede ser un intelectual o jamás dejará de tener un océano de conocimiento con un centímetro de profundidad?

 

— Ante los abundantes flujos de información que incluyen datos, hechos, ideas, el periodista contemporáneo se convierte en un cartógrafo de la realidad que puede mostrar mapas para ayudar a entender un mundo cada vez más complejo. Cuando comenzamos a hacer un trabajo periodístico, ayuda reconocer lo que no sabemos. Esto nos permite indagar más a fondo. El periodismo, con todos sus matices, tiene un impacto y la capacidad de mostrar hallazgos, historias, ideas, que pueden generar debates en la sociedad.

—¿Viste la película Spotlight? ¿En cierto modo es una elegía a un tipo de periodismo que se está muriendo?

 

—No se trata de una elegía de algo que está desapareciendo. En los últimos años ha venido creciendo el número de medios dedicados al periodismo de investigación en el mundo digital. Allí trabajan periodistas de alto nivel, muchos de los cuales han venido de medios tradicionales y tienen una trayectoria en esta especialidad. En Estados Unidos, a raíz de la victoria de Trump, varios medios han abierto más plazas para periodistas de investigación, lo que indica que habrá todavía más espacios para este tipo de trabajos. Creo que Venezuela tiene muchos temas que potencialmente pueden terminar siendo grandes investigaciones periodísticas y hay un grupo importante de periodistas trabajando en esto desde espacios independientes. Lo que me gusta de Spotlight es que muestra cómo un tema que se había descartado en el pasado puede convertirse en una gran investigación periodística y el valor que tienen los editores y directores cuando dan el tiempo necesario a los periodistas para completar una investigación.

— ¿Puedes contar algún caso emblemático acerca de tus dificultades para hacer periodismo de investigación en Venezuela?

—Prefiero contar un caso personal emblemático acerca de las posibilidades y aprendizajes que se dan a partir de las condiciones para hacer periodismo de investigación en Venezuela. En el país, aunque se garantiza el derecho al acceso a la información, no existe una ley de acceso a la información pública. Gracias al aprendizaje obtenido en talleres de periodismo y el contacto con colegas de otros países, fue posible ver que en otros países había información importante que conectaba con historias venezolanas y que documentos que no estaban disponibles en Venezuela era posible encontrarlos en otras partes del mundo. El siguiente paso fue trabajar con colegas de otros países en historias regionales que eran relevantes para los distintos lugares en los que había periodistas participando. Ahí notamos que aumentaba la calidad del trabajo periodístico y el acceso a fuentes para todos los que participaban en estos proyectos.

Emilia Díaz-Struck nació en Caracas en 1985. Actualmente se desempeña como editora de investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés).  Ha sido profesora de la UCV y colaboradora de The Washington Post, ICIJ, El Universal y El Mundo. Fue coordinadora del área de periodismo de investigación del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS). También ha escrito trabajos para la revista Poder y Negocios y el portal Armando.info, del cual es cofundadora. En 2012 fue reportera residente en el Centro New England para Periodismo de Investigación (New England Center for Investigative Reporting) de la Universidad de Boston y Connectas, una plataforma periodística para las Américas.

Esta entrevista pertenece a una serie de jóvenes intelectuales venezolanos. Para leer las entrevistas a Guillermo Aveledo Coll, Daniel Esparza, Anabella Abadi y Rodrigo Blanco haga click sobre sus nombres.

 

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