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Empate en el clásico: De tensión mucho, de fútbol muy poco

CaracasFC
09/10/2018
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FOTOGRAFÍA: PRENSA CARACAS FC

Hay un debate que para mí ya es estéril en el fútbol venezolano. El Caracas – Táchira es un clásico no por lo añejo de la rivalidad sino porque hoy por hoy es el partido con más pique no solo entre los aficionados, sino también dentro del campo de juego. Si no lo cree, consúltele a quien estuvo en el Olímpico este lunes 8 de octubre.

Había varios condicionantes que enrarecían el ambiente del choque 107 entre los hoy rivales por antonomasia del campeonato local. La solicitud de Caracas de mover el partido al día lunes motivado a su participación en Copa Sudamericana ya elevó la temperatura. Cinco de la tarde un lunes es más horario de salir de la oficina a comienzo de un choque tan esperado por todos, incluso quienes no consumen nada nutritivo del rojo o el aurinegro. El ambiente fue de clásico. La gente llegó tarde al estadio pero la asistencia fue muy por encima de lo que se estimaba.

“Me genera incomodidad porque estoy seguro que si Táchira hubiera solicitado que se mudara el partido de fecha no tendríamos la misma voluntad de todos para cambiarla”, declaraba a la radio Giancarlo Maldonado en las horas previas, como vaciando un bidón de gasolina a un duelo que venía prendido en candela desde el 0-3 del Apertura donde Fernando Aristeguieta había generado un incendio con sus declaraciones en redes sociales y su provocadora celebración del gol.

Tensión. La soleada tarde de lunes, en la antesala, se respiraba tensión en los alrededores del Olímpico. Poca gente aún para el partido pero varios seguidores de Caracas rondando distintos sectores del lugar de juego. La autónoma UCV, esa donde los cuerpos policiales no pueden ingresar, dejaba ver entre sus caminerías numerosas camisetas rojas. Más tarde, durante el segundo tiempo, sería dicha autonomía el amparo de los vándalos.

En el terreno, también tensión desde el minuto 1. Patadas, fricción, agresiones, codazos, manotazos, gestos obscenos, provocación. Elementos propios de un choque donde todos en el campo sabían el partido que jugaban. No hubo diferencia entre las necesidades deportivas iniciales de Caracas y la comodidad en la clasificación de Táchira, era un clásico y los jugadores fueron con todo lo que tenían. Que nadie diga que éste es un partido más.

Por lo futbolístico no será recordado este Caracas – Táchira, tampoco por el trabajo de quien para mí es el mejor árbitro del país, Jesús Valenzuela, quien se tragó un par de expulsiones, alguna amarilla que hubiera cambiado el panorama del juego y un penal clarísimo sobre el paraguayo Aquino sobre el final. No fue el mejor día para el pito portugueseño.

Álex Pallarés no estuvo en el banco para su primer clásico en el país por un compromiso personal impostergable y el chamo Daniel Izzo se armó de guáramo a sus 26 años para pararse en la raya y dirigir a un transatlántico en plena batalla en alta mar. Del otro lado, el Caracas más falto de gol de los últimos tiempos mostraba su equipo de lujo salvo por la ausencia por lesión de Canelón, uno de los más desequilibrantes de partidos recientes. El rojo echó en falta su presencia.

 

En Táchira, siguen dándole la vuelta para encontrar el compañero de Cermeño en el medio de recuperación tras la lesión de Lucena. Melo, Pérez Greco ajustado, Moreno, Villamizar. Varios han pasado por ahí y en el clásico terminó siendo el central colombiano Lopera quien se pusiera el overol para dar guerra en el centro donde no deslució. Se acerca la posible liguilla y aún no hay nadie que convenza en ese trabajo en zona de destrucción – construcción. Lopera lo hizo bien, pero el tiempo de lesión de Benítez marcará si el neogranadino debe volver a la zaga o continuar al lado de Cermeño.

Duelo trabado, con intensidad pero sin ocasiones claras, fueron las pinceladas de fantasía de Esli García las que rompieron con la tónica de fricción. Y sería el jovencito de Acarigua, cuando merodeó el área rival, el más efectivo en su juego para vulnerar el arco de Flores en una jugada que contó con mucha fortuna. 0-1 al descanso y Caracas volcado al ataque.

Sanvicente desesperado por las pocas ocasiones generadas mandó a Chacón al campo para acompañar a Arrieta y armar un 4-4-2. La falta de gol ahora también venía cargada con poca aproximación al arco rival. Táchira se dedicaba a destruir y buscaba opciones al contrataque, hasta que Esli García, quien venía ya cargado por una amarilla absurda (el sacarse la camiseta ya le impedía jugar el choque próximo ante Aragua por acumulación) se hizo expulsar. Hay que jalar varias orejas en el camerino aurinegro porque luego de lo que pasó Johan Moreno tras hacer lo mismo contra Zamora, es inexplicable que vuelvan a ocurrir este tipo de inocentadas.

Caracas con lo que tenía fue a buscar el empate. El ingreso de Saggiomo (para mí, inexplicablemente ausente en los últimos partidos como titular) cambió el panorama para su equipo. Filtró, cambió el ritmo, aportó fluidez. Su presencia revolucionó al rojo que comenzó a aprovechar la poca marca que Táchira tenía en la zona de recuperadores porque Lopera tuvo que retrasarse a la zaga en la lesión de Benítez y fue Pérez Greco quien se ubicó en el doble cinco.

Extraña decisión teniendo a Melo en el banco, un jugador de perfil más defensivo justo cuando el equipo tenía que defender el resultado favorable. La poca confianza en el fútbol del barinés es por demás evidente.

 

Luego del desconcierto generado por la detención del partido por más de diez minutos debido a la agresión a la que fueron objeto aficionados y directivos de Táchira por parte de miembros de la barra de Caracas y de los mismísimos cuerpos de seguridad (se apreció a leguas la nula preparación y efectividad de un plan de seguridad por parte de las fuerzas de orden público), Robert Hernández empataba el partido en el agregado con un gol de otro partido.

Un resultado que terminó siendo justo para lo visto en cancha, donde la intensidad sobrepasó el buen juego y la tensión ganó en atención por encima de lo que ambos equipos mostraron con su fútbol. El empate favorece a Táchira que de a poco va viendo más cerca su clasificación a la liguilla, pero lo deja con un saldo muy pobre en sus cuatro clásicos de 2018 ante Estudiantes y Caracas: tres derrotas y un empate. Para Caracas, la igualdad le mantiene con el oxígeno necesario para enfrentar dos partidos pendientes como local. Ganándolos, recupera el tren de clasificación.