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Entre libros y política marcha la dirigencia estudiantil

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19/05/2017
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FOTO: ANDREA HERNÁNDEZ

Son los que casi nunca usan máscaras antigases para que sus compañeros los reconozcan. No pasan de los 25 años y se ubican a la vanguardia de su grupo en las manifestaciones. “¿Quiénes son?”,“Estudiantes”, “¿Qué queremos?”, “Libertad”.

A diferencia de universitarios de otros países que caminan por sus campus y pasan horas en bibliotecas, los venezolanos aseguran que, desde la calle, están luchando por “garantizar el presente y el futuro de las próximas generaciones”.

Son las palabras de Rafaela Requesens, presidenta de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV) con tan solo 24 años. Durante la sesión de este martes en la Asamblea Nacional recordó a la Generación del 28 que precipitó la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, y sostuvo que la labor del movimiento estudiantil es mantener el legado de otros jóvenes que marcaron hito en la historia.

Por eso afirmó que los estudiantes seguirán en las calles “cueste lo que cueste”. Y ha costado. Hasta ahora, se cuentan 46 muertos, según cifras de Provea, caídos en manifestaciones y disturbios que iniciaron tras las sentencias emitidas el 29 de marzo por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que arrebataron funciones de la Asamblea Nacional.

Requesens no se considera una pitonisa. Alumna de la carrera de Ciencias Políticas, reconoce que no puede predecir cuándo va a terminar la crisis, pero se transa en que la idea es “mantenerse fuerte”.

“Esta lucha se trata de resistencia, de mostrar y seguir demostrando que nosotros somos los pacíficos. No podemos acabarla de una noche a otra porque tenemos a compañeros caídos, otros tras las rejas y otros más que se han ido del país buscando una mejor calidad de vida”, expresó en la Plaza Alfredo Sadel durante el homenaje a Miguel Castillo organizado un día después de su homicidio ocurrido el 10 de mayo en Caracas.

Castillo se había graduado de Comunicación Social de la Universidad Santa María (USM) en enero de este año. No ha sido el único universitario asesinado en 49 días de protestas. El mismo destino tuvo Juan Pablo Pernalete muerto presuntamente por el impacto de una bomba lacrimógena el 26 de abril en Altamira. Tenía 20 años y cursaba Contaduría en la Universidad Metropolitana.

El Presidente de la Federación de Centro de Estudiantes de esa casa de estudios, Samuel Díaz, expresó que tras la muerte de su compañero no puede “echarse a morir”, y aseguró que toma la palabra de los padres del joven, recordado por muchos como un excelente deportista.

“Me pidieron explícitamente que el legado de su hijo no muriera con él. Que a él lo habían inmortalizado y que lo que nos queda a nosotros es asegurarnos de que la vida de Juan Pablo no haya sido entregada en vano. Su papá me dijo que él va a llorar a su hijo cuando logremos tener el país que él quería”, dijo Díaz.

 

De la Universidad Monteávila, José Ignacio Arcaya a sus 21 años habla como un abogado con experiencia, a pesar de no haber culminado todavía la carrera. El Vicepresidente del Centro de Estudiantes, mejor conocido como “Nacho”, considera que las protestas tienen que conducir a “resolver la situación del país”, y sostiene que la mejor manera será con una nueva “gerencia”.

“Las protestas tienen que estar encaminadas a generar la presión necesaria para una salida de este gobierno. En que estos tipos que lo dirigen se echen a un lado. Nadie habla de un derrocamiento, sino de que ellos permitan lo que la gente les está pidiendo. Nosotros lo que queremos es que se cumpla la Constitución”, explicó y enumeró formas constitucionales para generar un nuevo escenario: “una es la renuncia del Presidente, y eso está en la Carta Magna. Otra, es que se vote, que haya alguna enmienda”.

Nadando entre dos aguas

 

Fungir a la misma vez como dirigentes y estudiantes, se trata de “pocas horas de sueño” y “mucho trabajo”. Daniel Ascanio, presidente del Centro de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, cursa Ingeniería Geofísica y a sus 23 años tiene un verbo envidiable para cualquier político.

“Todas estas protestas conducen al objetivo que hoy persigue Venezuela: lograr un país distinto donde la forma de pensar no nos condene, ni sea motivo de persecución. Un país de todos y para todos”, afirmó el martes 17 de mayo durante la “concentración de las luces por los caídos” en Chacao.

Su razón para estar en las calles, dijo, más allá de la ruptura constitucional “no es para tumbar el gobierno de Nicolás Maduro, pero si en el camino para conseguir a esa Venezuela libre tiene que caer el gobierno, entonces caerá”.

Santiago Acosta lleva, casi siempre, una franela roja con una mano blanca estampada. El consejero universitario de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) cree en diálogos pero no en “enfriar la calle”.

“Tiene que haber un proceso de transición y hay que entender que aquí va a haber una negociación para poder alcanzar la democracia y la libertad. Muchas veces vamos a tener que tragar grueso”.

 

Por su parte, Diego Cerboni, consejero universitario de la Universidad Santa María (USM), aseguró que “el Gobierno, está volviendo a unir a los venezolanos en contra de las decisiones que toma”. El alumno de décimo semestre de Economía sostuvo que “ningún venezolano por más que sea su ideología quiere vivir en la miseria, hacer cola, no tener acceso a medicamentos y alimentos. Ni ver a sus hijos marcharse. Por esta razón el 90% de los venezolanos queremos un cambio y queremos reconstruir este país”.

El viernes 19 de mayo no hubo convocatoria a las calles. Estos jóvenes aprovecharon para adelantar sus tareas. El sábado les tocará levantar nuevamente los estandartes de sus universidades en la autopista Francisco Fajardo.

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