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Fatalismo y determinismo en la crisis venezolana

VENEZUELA-CRISIS-OPPOSITION-PROTEST
16/06/2018
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FOTOGRAFÍA: AFP | ARCHIVO

La crisis que vive el país en este momento es de dimensiones gigantescas, sin exageraciones, no sólo porque en todos los indicadores económicos y sociales, entre muchos otros, estamos en las últimas posiciones, y la población sufre sin distingos sus efectos, sino porque no se ve en curso un esfuerzo orientado, sostenido, ni siquiera iniciado para cambiar el curso de la crisis.

Eso lleva a muchos a pensar en la situación del país como en la de una suerte de fatalidad de la cual es difícil escapar. Quizás, no lo sé, más que una fatalidad, lo que vive el país entra mas dentro del concepto del determinismo.

En el fatalismo la deliberación y acción no tienen sentido porque cualquiera que sea el curso de acción tomado el futuro ya está escrito, predeterminado. Si lo que está predestinado para nosotros es bueno, no hay problema. Si no, es ciertamente una fatalidad.

Algunos filósofos han acuñado el termino de fatalismo metafísico. Allí las cosas no están predestinadas por los dioses, cualquiera de ellos en el que sea crea, simplemente ocurren porque tienen que ocurrir, no por una razón o motivo, sino por una necesidad impersonal, ininteligible.

En el concepto de determinismo, la situación se enmarca bajo un patrón diferente. Allí todos los eventos que ocurren, sin excepción, son efectos, es decir, provocados por otros eventos. El margen de maniobra también pareciera no ser muy amplio, como en el fatalismo (Determinismo Duro). Si, por ejemplo, nos referimos al determinismo científico, o al histórico, entre los muchos que se han conceptualizados, estos permiten bajo unas premisas iniciales predecir los resultados, que vienen siendo los mismos en todos los casos.

Hay otro determinismo que es conocido como blando, que está asociado con la libertad de elección. Este correlaciona las decisiones en el presente con los futuros posibles. Las decisiones de hoy influyen en el futuro.

Cuando se discuten estos temas, y se mezclan con la política y con la economía se prepara un coctel, una ensalada o un pastel, en donde entra la religión, el New Age, el pensamiento optimista, pesimista, y pare de contar.

Volviendo a la crisis venezolana, uno puede ver elementos del determinismo duro, del blando, inclusive del fatalismo.

 

Desde hace muchos años las ocasionales fiestas de la renta petrolera, en la llamada Cuarta República, y la parranda continuada de la quinta, no prometían ningún paraíso económico, mucho menos social. No hay ningún ejemplo, de país, ni de persona, que, derrochando sus recursos sin producir, gastando mucho mas de lo que recibe, pueda alcanzar algún tipo de estabilidad. Allí está lo duro del determinismo.

Si aplicamos el determinismo blando al caso venezolano se encuentra que la mayoría de las decisiones adoptadas a lo largo de muchos años no han sido ni de lejos, las más apropiadas para generar prosperidad, evitar una crisis, aliviarla o salir de ella.

Sin apartarse de la realidad de otras latitudes, uno encuentra que tampoco hay ningún ejemplo histórico o no, de países, sistemas, o inclusive situaciones personales en las cuales sin crear estímulos, incentivos, reglas claras y transparentes que respeten la propiedad, y que generen un entorno estable y productivo deriven en crecimiento y prosperidad. El determinismo no es amigo de los milagros, al menos que este último abarque una serie de toma de decisiones adecuadas para producir algo similar a un milagro, como el que experimentó Singapur al pasar de ser un país pobre a uno rico, de pantanos a rascacielos.

Nuestra fatalidad, es que quienes deberían entender esta premisa vital, la de tomar las decisiones adecuadas para estos tiempos, no la entiendan.