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¿Feliz Año?

La ciudad de Caracas se queda sin electricidad
02/01/2019
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FOTOGRAFÍA: EFE

Si hay alguna fecha con la que experimento una de las derivaciones filosóficas de la teoría especial de la relatividad de Einstein, es con el 31 de diciembre. Con dicha teoría, el tiempo dejó de ser absoluto, en términos científicos. Sin embargo, nosotros casi siempre hemos sabido que los sentidos de los seres humanos aprecian el tiempo de manera diferente.

Como lo expresó Borges en su poema El Instante: “El presente está solo. La memoria erige el tiempo. Sucesión y engaño es la rutina del reloj. El año no es menos vano que la vana historia”.

El tiempo además de ser un concepto científico, filosófico, es sobre todo una convención social para medir el paso de las cosas por este mundo. Es nuestra referencia anti-cuántica, para evitar asomarnos al abismo que surge si tratamos de desentrañar los entresijos de la realidad.

Nuestro año calendario denota el movimiento de traslación de nuestro planeta alrededor del sol, 365 días con 6 horas; 6 horas que se acumulan cada año, y que después de 4 años, se resuelve la cuenta con un año bisiesto de 366 días. Cada día nuestro se contabiliza con el movimiento de rotación de la tierra, una vuelta completa, que mira a las estrellas y las usa de contexto, esta vuelta, este día, dura 23 horas con 56 minutos 4,1 segundos. Si viviéramos en Marte el año sería de 321 días. Un nuevo año tendría lugar en Saturno (cada treinta años terrestres). Si la vida, hipotética y difícilmente hubiera surgido en Venus, cada 88 días se estaría celebrando el año nuevo.

Sin embargo, chinos, judíos, japoneses, indios, etc., celebran el año nuevo en fechas distintas, motivados por otras mediciones, tradiciones y concepciones.

Nosotros como sociedad necesitamos compactar en compartimientos (un año, por ejemplo) las experiencias buenas, y sobre todo las malas, para dejarlas atrás. También esperamos que otro compartimiento (año nuevo) pueda traer nuevos aires, cambios, energías. Casi siempre, la gente despide el compartimiento (año), con muchas recriminaciones y malos sabores, como si se tratara de un agente karmático que lo único que hizo fue atormentar nuestros días. También durante el año que va pasando recordamos a los que partieron a otros mundos, antes solo celestiales, ahora también terrenales.

La gente se sorprende de lo rápido que se va el año, y de lo increíble que es estar vivo otro año más. El año nuevo lo proyectamos como una caja de sorpresas de donde puede salir cualquier cosa, siempre esperamos que traiga las buenas. En la película Forrest Gump, Tom Hanks decía que la “vida es como una caja de chocolates, no sabes nunca cual te va a tocar”. Esto me recuerda a mi abuelo que a mediados de sus 70 años siempre decía que quizás ese era el último año que iba a despedir, y vivió 29 años más.

Lo que trato de transmitir es que el 31 de diciembre no se diferencia mucho del 1 de enero. Un día más. Los hitos con los cuales fijamos los cambios ocurren en momentos, una sucesión de momentos que algunas veces nos hacen concientizar los cambios y otras veces no (no decidimos ponernos viejos un día, nos damos un día cuenta de que estamos más viejos).

Ciertamente no controlamos muchas variables. Los cambios externos no dependen mucho de nosotros, pero si los internos, que pueden influir en un área de la franja externa. Esperar, sin hacer, puede ser tan inútil, como soñar sin despertarse.

Particularmente en Venezuela, tenemos la costumbre de repartir indiscriminadamente el “Feliz Año” hasta febrero, algunos, inclusive con cierta actitud vanidosa, y bulliciosa. Me recuerda lo que escribió Manuel Vilas en su último libro Ordesa: “La vanidad de las conversaciones, la vanidad del que habla, la vanidad del que contesta. Las vanidades pactadas para que el mundo pueda existir”.

El feliz año es como un mantra que repetimos mecánicamente, sin preguntarnos si nosotros contribuimos o no, a hacerles el año feliz a los demás. Me vienen a la mente una cantidad de personajes repitiendo impúdicamente esas dos palabras, mientras muchos no ven la felicidad por ningún lado. Es que, con decrecimiento económico, hiperinflación, corrupción, crimen y miles de problemas más, se pone difícil el asunto.

De todas formas, por no dejar. ¡Feliz Año!