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¿Feliz Navidad?

Pesebres de la exposición del Museo del Convento de San Francisco
20/12/2018
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FOTOGRAFÍA: EFE

Hay un libro al que vuelvo algunas navidades para leer algunos pasajes; “Mitos y Ritos de la Navidad” de Pepe Rodríguez. Es un libro que hay que leer con mente abierta, para no perder la esencia de lo que debe significar la navidad en cada ser humano.

Lo que creemos que es, podría no serlo. Por ejemplo, el natalicio de Jesús un 25 de diciembre no se fijó sino hasta el siglo IV, (la biblia no indica fecha), por ello como señala el autor citado, no es casualidad que el nacimiento de Jesucristo se haya establecido en esa fecha, ya que muchas culturas pre- cristianas celebraban ese día el nacimiento de la divinidad salvadora, el natalicio de dioses solares, inclusive el nacimiento del Sol Invictu en el Imperio Romano. Algunas iglesias ortodoxas la celebran el 7 de enero, por la pérdida de días que tuvo lugar cuando se migró del calendario juliano al gregoriano.

Los Reyes Magos no siempre fueron tres y Baltasar no fue negro sino hasta el siglo XVI. Santa Claus nació en el siglo XIX, con su apariencia actual producto de la publicidad de la Coca Cola, y así muchísimos mitos y ritos más, que se basan más en tradiciones que en realidades. Hasta aquí no he dicho ni que Jesús no existió, ni que tampoco no se deba tener fe en él, para el que así lo decida. (para algunos Jesús es el hijo de dios, para otros fue un gran maestro. Algunos lo consideran simplemente un personaje histórico, otros dudan de su existencia, etc. (No soy el “grinch”, ni estoy poseído).

El problema de la navidad es que, como muchas cosas en esta vida, palabras, hechos, etc, varias personas la han vaciado de su contenido esencial. En medio de la bullanguería y despliegue de ansiedades consumistas por el bombardeo de publicidad (que tampoco lo crítico en exceso), la gente olvida que la navidad, además de ser una ocasión para celebrar el nacimiento de cristo, lo es también para hacer una pausa, reflexionar, perdonar, y tratar de renacer espiritualmente dando, y dándose una nueva oportunidad para hacer las cosas bien.

No puedo dejar de vincular estas reflexiones con el acontecer nacional. Pienso en los corruptos que tienen pasando hambre al pueblo venezolano, celebrando la navidad con sus fortunas mal habidas, intercambiando feliz navidad, llenos de vacuidad, en el medio de fiestas ostentosas, honrando a no sé quién, y a no sé qué, mientras mucha gente no tiene recursos ni para picar una hallaca entre varios.

Pienso en Santa Claus o el niño Jesús que llegarán a algunas casas llenos de regalos, mientras que en otras lo harán con las manos vacías, o pasando de largo. Pienso en los que celebran un hito de estar juntos, mientras que otros recuerdan el hito de la separación física de sus seres queridos.

Pienso en las historias de anti-navidad, como la de Christian Armando Reverol, muchacho de 26 años, agricultor, que fue asesinado en estos días por dos delincuentes en la vía Petare- Santa Lucia, para robarle dinero, ropa y regalos que le iba a llevar a su hija de tres años en navidad. Su hija de luto. Los hijos de los malandros de fiesta. La justicia de duelo, la injusticia de parranda.

También pienso en la gente que decreta cosas a diestra y siniestra sin concientizar que, en la práctica, con sus acciones, con su egoísmo, con su codicia y sobre todo con sus miserias, contribuye a que no ocurran para los demás. Me vienen a la mente tantos nombres, sonrisas falsas, compromisos de apariencia con el futuro del país, mientras por otro lado lo destruyen y saquean, etc.

En fin, lo importante de la navidad no es todo lo que se ve por encima, lo superficial, lo decorativo (divertido, por cierto), sino las energías que mueve para que un Ebenezer Scrooge, como el del Cuento de Navidad de Dickens, se transforme en una mejor persona.

En vez de feliz navidad, quiero desear una muy feliz nueva oportunidad.