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FOTOS | Trabajo, delincuencia y brujería, cómo se vive en el mayor cementerio de Caracas

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02/11/2017
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TEXTO: EL ESTÍMULO | FOTOS: ANTONIO HERNÁNDEZ

El Cementerio General del Sur es el camposanto más importante de Caracas, la malograda capital de Venezuela. Ocupa unas 246 hectáreas en la parroquia Santa Rosalía del municipio Libertador. Fue fundado en 1876, por el entonces presidente Antonio Guzmán Blanco y en estos 141 años de su funcionamiento, no se sabe a ciencia cierta cuántas personas han sido sepultadas en sus instalaciones. Este terreno dispuesto para las inhumaciones, colinda con la avenida principal de El Cementerio, así como con las urbanizaciones Los Castaños, Los Carmenes y con los barrios Primero de Mayo, Las Quintas, Los Alpes y El León, considerados zonas rojas por su alto índice delictivo.

La administración de la necrópolis corresponde a las autoridades de la alcaldía del municipio Libertador, encabezada por Jorge Rodríguez, uno de los dirigentes más importantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), quien al comienzo de su gestión como alcalde de Caracas había prometido realizar el rescate integral del espacio y convertirlo en un paseo turístico, tomando en cuenta la variada gama de obras de artes que adornaban algunas tumbas y los inigualables mausoleos construidos en los lugares de reposo de personajes importantes, como el general y expresidente, Joaquín Crespo.

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Ninguna de las dos promesas del edil se cumplieron y por el contrario, ahora más que nunca el espacio se encuentra en total abandono, lleno de basura, escombros y mala hierba. Ya son comunes las denuncias de los familiares de los fieles difuntos de encontrar las tumbas profanadas y los restos de sus seres queridos desaparecidos, los cuales quizás van a parar en manos de los llamados “paleros”, espiritistas o brujos que utilizan restos humanos para realizar sus conjuros -trabajos de magia negra-con la ayuda de espíritus del más allá, solicitados por personas de este plano terrenal.

En las calles de estos espacios ya es común ver restos de urnas, lapidas y cruces partidas, producto de las acciones de los buscadores de tesoros entre los cadáveres que revisan para ver si han sido enterrados con dientes de oro o su cadenita de bautizo, para robárselas y venderlas.

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Este cementerio también se ha convertido en una zona roja por el alto índice delictivo, “aquí hay que realzar los sepelios rapidito, ya que se han dado casos que han robado a todos los acompañantes del difunto antes de meterlo en la fosa. Aquí hasta se han registrado asesinatos, en plenos entierros”, comenta uno de los trabajadores del camposanto.

La inseguridad, las profanaciones de tumbas, el deterioro del cementerio ya se han convertido en situaciones “normales”, en donde los visitantes ya ni denuncian, pues las autoridades nunca ofrecen respuesta. Solo les queda a los familiares pedir protección al alma de su familiar, allí sepultado para que lo ampare de todo mal y peligro.

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Cuando ya se acerca el Día de los Muertos, el equipo reporteril de El Estímulo, visitó este cementerio, pero para conocer las historias de personas que realizan diversas actividades dentro de estos espacios y han encontrado un trabajo, “un rebusque”, para ganarle a la crisis económica que vive el país.

En nuestro recorrido también entrevistamos a personas, que con una fe ciega, buscan la solución a sus problemas terrenales con oraciones y promesas para aquellas almas, que se consideran milagrosas.

Aquí los testimonios.

“Soy la reina del mondongo”

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Esther Miranda, es una caraqueña de 66 años de edad, vecina de la parroquia Santa Rosalía, que desde hace 14 años trabaja dentro del cementerio vendiendo arepas y mondongos (sopas), los fines de semana a los personas que vienen a visitar las tumbas de sus difuntos.

“Antes recorría las calles del cementerio con una carrucha y la olla de sopa, platos, cucharillas, refrescos y maltas. Atendía a las personas que limpiaban las tumbas, los enterradores,  pero desde hace siete años decidí montar mí puesto de venta sobre la tumba de un desconocido, que se encuentra en una esquina de la calle 31, del Camposanto”, dijo Miranda.

 

Por iniciativa propia, Esther reparó la tumba sobre la cual trabaja. Todos los domingos coloca un mantel y allí pone el termo de sopa caliente, una cava con arepas rellenas de chicharrón (cochino) y otro envase con hielo en donde ofrece refrescos y maltas frías a los comensales, que sin ningún problema utilizan otra tumba que se encuentra al lado, como una mesa de comedor y allí degustan los alimentos, que tiene un costo de Bs. 14 mil el plato grande.

“Ya tengo mi clientela fija, aquí vienen de distintas parte de Caracas a comer. Me conocen como la reina del mondongo, me lo piden por encargo. En los últimos años ha bajado la afluencia de visitantes al cementerio, por la serie de problemas que aquí se presentan, pero sin embargo muchas personas siguen fieles y vienen a revisar las tumbas de sus conocidos. A mis hijos les he dado instrucciones que al momento de mi muerte, quiero que me cremen, pues aquí no quiero dormir mi sueño eterno”, manifestó.

 

“Le recojo los huesos, le reparo la tumba y hasta le rezo al muerto”

La proliferación de tumbas es ya una actividad común en este cementerio. Guillermo Rojas fue a visitar el panteón de sus padres. Encontró un enorme hueco en la lápida y lo que supone que son algunos restos de sus progenitores regados alrededor. Intentó colocar la denuncia en la oficina administrativa del cementerio, pero los mismos empleados le dijeron que no perdiera el tiempo.
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Los mismos trabajadores le recomendaron contratar a un hombre conocido como  Fermín, para que reparara los destrozos ocasionados por el hampa.

Cuenta Rojas que, sin mucho protocolo, Fermín subió hasta la tumba familiar, inspeccionó el trabajo y le dijo que por un módico precio “le recojo los huesos, le reparo la tumba y hasta le rezo al muerto”.

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Y es así en cada calle de este cementerio hay personas hombres, mujeres y hasta niños que han encontrado en el oficio de reparar tumbas profanadas, cortar monte y limpiar lápidas; una actividad para ganar un dinero extra, que irá directamente al presupuesto familiar.

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Un par de niños, con machete en mano, ofrecen sus servicios de cargar agua para las flores y desmalezar desde Bs 10 mil, según la altura del monte y la cantidad de basura que haya que retirar. También prometen un mantenimiento mensual de la tumba por 20 mil bolívares. “Nos comprometemos a mantener esa tumba limpiecita”, dijo uno de los menores.

Trabajos de brujería vía internet 

La práctica de la brujería y la oferta de trabajos espirituales es otro de los negocios que han ganado terreno entre las tumbas. A cualquier hora del día y la noche se ven personas (entre ellas muchas mujeres) que fuman tabaco, prenden velas y rezan pidiendo favores a los espíritus. Sobre las tumbas dejan envases con restos de pociones, pólvora, envueltos en trapos negros, blancos y rojos.

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En los alrededores de la calle en donde se ubica el altar de la Corte Cale o los Santos Malandros, encontramos a un hombre alto, moreno, en cuyo cuello lucia varios collares y sus brazos muchas pulseras. El sujeto se dedicaba a limpiar los restos del material usado después de un rezo y la consulta a un cliente. Nos acercamos y le preguntamos cómo se podía contratar sus servicios.

“Mira yo trabajo por citas, búscame en Facebook con el nombre Corte Cale Venezolana, allí me vas dejar tu teléfono, te llamo y luego cuadramos, para vernos”, señaló el personaje, quien también anuncia su itinerario de visitas, aniversarios e historias de muertos famosos y otras fechas importantes en las redes sociales.

 

En esta misma calle encontramos a Mayra Aponte, que encima de la tumba de Félix Rico, montó su tarantín para vender velas, velones, tabacos y chucherías, a los interesados. “Las velas pequeñas las vendo en Bs. 1500; los velones siete potencia que son de colores cuestan Bs. 15 mil y los tabacos Bs. 1.500, la gente está contenta con mi servicio en el cementerio”, explicó.

Cervecita bien fría

Para combatir el calor y aplacar la sed, se van multiplicado los vendedores de helados, agua y refrescos. “Yo también vendo cigarros, chucherías, manzanilla y cervecitas bien frías, eso sí escondido de la policía”, dice unos de los vendedores ambulantes.

Los muertos más visitados

 

Un ángel de la guardia malandro

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No es necesario que llegue el Día de los Muertos para que la tumba del “Malandro Ismael”, que encabeza la llamada Corte Cale o Corte de los Santos Malandros, se encuentre concurrida por personas que van a pedirle favores o pagarle promesas. El fuerte olor a tabaco anuncia la llegada al lugar donde veneran las imágenes tamaño natural del singular personaje, que con una pistola en la cintura, gorra, lentes y fumando cigarro, se hace acompañar de otras figuras que representan otros hombres y mujeres, que a pesar que en vida eran mala conducta, ahora son los ángeles de la guardia, de muchos de sus compinches aquí en la tierra.

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Protege a los estudiantes

María Francia es conocida como la protectora de los estudiantes. Todos los días recibe en su tumba ofrendas por los favores recibidos de aquellas personas que alcanzan graduarse de bachilleres o logran un título universitario. Ana Pérez se acaba de graduar de abogado en la Universidad Metropolitana y como muestra de agradecimiento le llevo su birrete. “Le hice una promesa, le pedí que me ayudara y aquí estoy agradeciendo el favor recibido”, explicó.

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En la tumba abundan las placas, togas, libros, lápices, medallas y copias de títulos.

Una sucursal del Ministerio de la vivienda

Victorino Ponce tiene su tumba debajo de un frondoso árbol, que no pasa desapercibido en el Cementerio General del Sur, pues está lleno de casitas de madera, cerámica y barro como muestra de agradecimiento de ayudar a sus seguidores a encontrar un techo propio.

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Y es así. La creencia popular asegura que si la persona interesada no ha tenido suerte a través de los programas habitacionales del Ministerio de la Vivienda, haciéndole una promesa a Victorino Ponce, tiene la casa segura.

“Yo vivo en un rancho y vengo hacerle una promesa a Ponce para poder comprarme una casa, grande y bonita para mis hijos”, es la esperanza de Cristina Hidalgo, quien trabaja como vendedora informal.

José Ferrer, de 66 años, es el custodio de la tumba y desde hace 26 recibe propinas por su labor que realiza los 365 días del año. “Yo hago esto por que Victorino Ponce me lo pidió en un sueño”, aseguró.

Venta de flores, cuido de  carros y motos

A las afueras del cementerio también se mueve el comercio alrededor de la muerte. La venta de flores para honrar la memoria del ser querido son un negocio de tradición. Hay ramos populares que ofrecen desde Bs. 4 mil hasta coronas de rosas que pueden tener un precio que sobrepasan los Bs. 300 mil, todo depende del presupuesto del cliente. También ofrecen servicios para el cuido de carros y motos.

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Muertos con privilegios

Una crítica muy común de las personas que visitan el cementerio, especialmente de aquellas a las cuales les han sido profanadas las tumbas de sus familiares, son los privilegios que pueden tener algunos muertos que por haber pertenecido al partido de Gobierno. Les han construidos lujosas tumbas, con acabados de mármol y modernos diseños, que cuentan con vigilancia permanente.

“Pero la gente del pueblo, que les toca enterrar sus deudos cerro arriba, en las peores condiciones, solo les toca hacer una oración a Dios, para que de verdad su muerto pueda descansar en paz, en este cementerio olvidado por las autoridades”, dijo una de las visitantes.  

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