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FOTOS | El suplicio de los caraqueños por tener agua

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02/04/2019
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FOTOS: DANIEL HERNÁNDEZ

Desde tempranas horas de la mañana los caraqueños buscan la forma de conseguir agua. El objetivo es obtener el líquido, sin importar la forma que sea, desde la que cae del cerro El Ávila hasta cualquier fuente improvisada para hacerse de ella.

En la avenida Boyacá -mejor conocida como Cota Mil- a la altura de La Castellana, muchos caraqueños llegan para llenar tobos, baldes, potes, envases, botellones de todas las formas y tamaños de agua. En el lugar, se pueden ver toda clase de vehículos e incluso motociclistas que hacen maniobras para llevar el líquido.

 

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Liliana González caminó cerca de 16 kilómetros para ir hasta Montalbán. Dijo que el agua no les llega desde hace tres semanas: “Se me ocurrió venirme con mi hijo y mis familiares a lavar aquí”.

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Como ella está Teresa Lameda quien fue al lugar desde Petare, en el municipio Sucre. “En La Bombilla, de donde vengo, no tenemos agua hace meses y con lo de los apagones es más difícil que llegue a mi barrio. Tengo niños que atender en casa y dos ancianos a los que tengo que tenerle la ropa limpia”

Lameda indicó que la Venezuela actual está como estaban los pueblos de la época de Simón Bolívar: “Ahora tenemos que venir aquí por agua. Qué desgracia, qué retroceso”.

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En el barrio Los Erasos, en la parroquia San Bernardino, los vecinos van a buscar agua potable al hospital de Clínicas Caracas porque no tiene de donde surtirse.

En la parroquia La Candelaria, a una cuadra de la clínica Luis Razetti, hay un punto de venta disponible para la compra de agua potable.

“El botellón cuesta BsS 1800, parecemos camellos. Tengo 67 años de edad y estoy cansado de cargar agua, solo tengo dos botellones y tengo que hacer varios viajes desde donde vivo en Parque Caracas, en el piso 10”, comentó Julio García quien hace su trajinar de pipotes arriba y abajo, para volver a formarse y hacer la larga cola para tener agua.

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García es también víctima de la diáspora. “Mis hijos se fueron a Chile y aunque me manden dinero no puedo solo con las cosas de la casa”.

En otro lado de la ciudad, los habitantes de San Agustín continúan sacando el agua del cauce del río Guaire, pese a que la Guardia Nacional les ha impedido hacerlo en ese lugar.

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Sin embargo, por obtener el agua los residentes de San Agustín son capaces de entrar en el río y “resolver” sus penurias. Lo mismo ocurre en la entrada del Túnel de la Planicie, la gente se aglomera en las pequeñas tomas de agua y se organizan en colas.

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La Guardia Nacional cuida el espacio, en este lugar los uniformados intentaron impedir el trabajo a la prensa, pero son los jóvenes del sector lo que salen en defensa de los reporteros que constataban que también allí la población busca agua desesperadamente.

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Dentro del túnel, otro grupo de personas saca agua de tomas improvisadas rompiendo las paredes y haciendo orificios en las tuberías de PVC, para extraer el agua.

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En Los Higuitos de la parroquia 23 de enero y los Flores de Catia intentan aprovisionarse con el agua que sale de las tanquillas. El líquido no es trasparente, luce amarillo, incluso marrón. José Carmona, una de las personas que carga con esta agua, dijo que es para lavar la ropa y bajar las pocetas de la casa. 

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En la entrada del barrio El Guarataro la cola para recargar el agua potable dobla las esquinas. Muchísimas personas  amanecieron para comprar el botellón de agua a un costo de BsS 500.

En la fila estaba María Teresa Istúriz quien lamentó quedar sola en el país con su nieto. “Me vine con mi nieto de tres años al llenadero a las 5 de la mañana y apenas estoy en mitad de la cola, estoy cansada, tengo dolores en las piernas, mi vecina se vino conmigo y la gente aquí ya está arrecha con este gobierno”.

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Isturiz, visiblemente agotada después de soportar seis horas y media de espera con el sol abrasador ahondó: “Parece que se divierte haciéndonos pasar roncha, por lo menos puedo comprar el agua aquí, no me quiero imaginar cómo hacen esas personas que sacan agua del Guaire”.