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FOTOS | Escuchar la palabra de Dios por un plato de comida

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12/01/2018
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FOTOS: EL ESTÍMULO | DANIEL HERNÁNDEZ

Las despensas de los venezolanos están cada vez más vacías en medio de una crisis humanitaria sin precedentes. Algunos, por fortuna, comen las tres porciones diarias. Otros se encuentran con la cara más dura de la miseria: el hambre. Hoy, personas necesitadas buscan en la calle lo que no tienen en sus casas, ni consiguen con sus familiares o amigos. Es así como aprovechan los almuerzos que sirven grupos cristianos en el centro de Caracas, cinco veces a la semana, a cambio de cinco minutos de oración.

Alejandra Colmenares viaja desde Los Magallanes de Catia, en el oeste de Caracas, hasta La Candelaria, en el centro de la ciudad, en busca de un plato de comida para ella y su hijo de un año. Unas cuantas veces por semana, cuando su trabajo de vendedora de café y cigarros frente a la estación de Metro de Pérez Bonalde no le da suficiente plata, va hasta la iglesia Catedral Renacer.

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La joven de 24 años no es la única. Cientos de personas hacen una gran cola desde temprano en la mañana y bordean el recinto religioso, ubicado en la avenida Andrés Eloy Blanco, de Bellas Artes, para llevarse algo de comida a la boca, sin importar el inclemente sol del día. El hambre, cuando ataca, no discrimina: ancianos, adultos, niños; indigentes, obreros, pensionados. Acuden solos o en grupos.

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El comedor no se da abasto para todos los que acuden para conseguir algo con qué llenar su estómago. La crisis alimentaria en Venezuela se ha incrementado luego de la grave escasez de alimentos, racionamiento oficial y controles de precios, en medio de una espantosa hiperinflación que según expertos va camino al 160.000% para 2018.

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Cáritas Venezuela y la Fundación Bengoa indicaron, después una encuesta rápida publicada el pasado noviembre, que durante 2017 los venezolanos perdieron en promedio al menos 14 kilogramos y la desnutrición entre menores de cinco años ya se ubica en 14,5%.

Por su parte, las cifras de la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) 2016 apunta que 81,1% de los hogares se encuentra en estado de pobreza y aproximadamente 9,6 millones de venezolanos ingieren dos o menos comida al día. 

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La iniciativa “José” de la iglesia Catedral Renacer, sede principal del Ministerio Obispal Latinoamericano fundado por el obispo Jesús Pérez, tiene siete meses recibiendo alrededor de 500 personas de lunes a viernes. ¿El pago? Cinco minutos para escuchar un mensaje de la palabra de Dios. No hace falta formar parte de la iglesia ni ser cristiano para ello. 

 

El pastor Paul Flandinette contó a El Estímulo que los inicios no fueron sencillos. “Al principio salíamos a la calle y le ofrecíamos a la gente un plato de comida del Señor. Nos miraban como si estuviéramos locos, no nos creían”. Solo repartían 60 almuerzos.

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El alto costo de los precios de los productos, la dificultad para adquirir alimentos y la cantidad de gente que se acercó al lugar cambió la modalidad del proyecto religioso. A mediados de 2017 empezaron sirviendo pabellón, con cada uno de sus componentes: carne mechada, arroz, caraotas negras y plátanos.

Para la fecha, solo sirven dos de ellos. La ayuda para conseguir las raciones suficientes la envía el obispo Jesús Pérez desde Miami, Estados Unidos, mientras que los aliños y las verduras se obtienen en los mercados locales del país.

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Flandinette confiesa que, muchas veces, las cifras para alimentarlos a todos no son las más optimistas. Pero bien reza el dicho que donde come uno, comen dos -y hasta 500-. “Si nos ponemos a sacar cuentas, humanamente los números no dan. Ni el dinero ni la comida suficiente para darle a todos. Ahí es donde están las manos del Señor”, explica el clérigo.

Todo el que puede, también ayuda. Voluntarios de la iglesia o vecinos del sector se avocan a colaborar en la organización: a donar dinero, ayudar a cocinar o a lavar los implementos sucios. Gudila Fernández es miembro de la congregación y sirve almuerzos una vez a la semana desde hace tres meses. “El trabajo es gratificante, el poder servirle a tanta gente necesitada”, expresó la sexagenaria, quien se turna las jornadas diarias con otros grupos de 20 integrantes.

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Los panes -y las bocas- se multiplican. Ahora entregan unos papeles enumerados para mantener el orden y garantizar que todos puedan alimentarse. Cerca de las 12 del mediodía, abren las puertas y la gente entra en grupos de aproximadamente 35 personas, cada tanto tiempo. Cuatro ollas de caraotas y dos de arroz aguardan en la cocina; el olor que se filtra hasta la entrada es implacable y cautivador.

Ante las palabras del pastor, algunos cierran los ojos y otros juntan sus manos en señal de oración. A unos pocos se les inundan los ojos de lágrimas solo al pensar tener un plato caliente al frente, después de haber pasado días sin ingerir bocado. “Ayer no comí y hoy desayuné solo un pedazo de arepa”, le comentó un señor a otro.

Tras un “Amén” y unos segundos de aplausos, logran saciar el hambre.

 

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Catedral Renacer, para muchos, es la única fuente segura de alimento. Raúl Vásquez lleva solo dos días almorzando en el comedor de la iglesia, luego de que un amigo le diera el dato. Se despierta temprano en la mañana y ya a las 10:30 am está haciendo la fila. Era albañil, pero no trabaja hace tres años por dolores cervicales.

Ahora es pensionado y relata que ese dinero no le rinde para comer tres veces al día. “Eso no alcanza para nada, la cosa está muy dura”, dijo mientras guardaba en un pote de plástico parte de su porción para más tarde.

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