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FOTOS | Pasar la vejez en cola para comprar comida con una mísera pensión

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23/03/2018
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

Bolsillos vacíos, despensas desocupadas y compras escasas son parte del actual estilo de vida del adulto mayor en Venezuela. Ellos no imaginaron que parte de su vejez la pasarían en una eterna cola, ya sea para comprar algunos alimentos o cobrar la pensión.

Este 22 de marzo, en un supermercado de Chacao se formaron tres largas filas: dos de ellas llenas de ancianos con papeles y números que certifican que viven en la zona, mientras que la tercera es aquella a la que vinculan a los bachaqueros. Todos esperan cuatro litros de aceite y sus pensiones difícilmente cubren el precio del producto.

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El reloj sonó a las 3:00 a.m. Lo primero que Edith Pedrozo hizo fue vestirse para ir a buscar comida. Ella no está pensionada porque dice que salió en la recordada Lista Tascón, que fue un proceso que se llevó a cabo en 2003 y 2004 para recoger firmas que solicitarían la renuncia del entonces presidente Hugo Chávez y que al ser fallido el referéndum que se invocó, fue usada para señalar a aquellas personas que estamparon su rúbrica contra el mandatario al prohibirle acceso a los beneficios estadales y que aún hoy en día, sigue siendo una barrera.

“También opté por En Amor Mayor y sigo esperando. Fue una opción desesperada”, admite.

Ella recibe de vez en cuando la caja CLAP como alternativa para su alimentación, pero no le llega desde noviembre de 2017. “Todos los productos de esa caja no sirven. Desde la sardina hasta la leche son malos y el arroz viene picado”, pero se resigna al decir que no le queda de otra y le toca comer eso.

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Ella puede darse el lujo de comer tres veces al día, pero otros no. Ese es el caso de María Moreno, quien tiene 83 años. Su cabello corto está totalmente blanco. Llegó a Venezuela a los 23. Desde ahí vive en Chacao y ve con decepción que el dinero de la pensión de sobreviviente no le rinde. El último pago que recibió fue de 425 mil bolívares y le quedaron debiendo 75 mil.

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Acude todas las semanas al mismo supermercado a comprar lo que encuentre. Esta vez llegó a las 8:00 a.m. y le quedan unas 15 personas para entrar y llevarse los cuatro litros de aceite de cocina. El dinero con el que va a pagar es de su hija, la única que le queda en el país porque los otros dos se fueron con sus nietos.

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Come dos veces al día y en pocas cantidades. Su cuerpo luce muy delgado y frágil. Nunca pensó que tendría que pasar su vejez parada en una acera por horas “para llenar un espacio en la despensa”.

La única vez que la octogenaria trabajó fue por unos meses en una pastelería y porque su marido estaba desempleado. Siempre se dedicó al hogar.

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Saliendo del supermercado, María Montero de 76 años, sale con los cuatro litros de aceite que le costaron 360 mil bolívares. “Es algo necesario en una casa”, refiere. Además del valor del producto, debió estar siete horas de su vida en la cola, puesto que son las 12:00 PM. y llegó a las 5:00 AM. En sus manos lleva una pequeña bolsa en donde guarda el resto del dinero en efectivo (440.000 bolívares).

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Mientras Montero cuenta su dinero, comienza un alboroto entre las personas de la tercera edad al ver a tres guardias de seguridad de los servicios de transporte de valores, conocidos también como los “panamericanos”, quienes sin hacer cola compran café y aceite para luego salir del comercio en total calma.

“¡Sin vergüenzas, abusadores, ladrones!” gritan los presentes mientras los funcionarios se meten en el camión blindado.

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Con la nevera vacía de alimentos y llena de luz

A unas cuadras de distancia de ese supermercado está el antiguo mercado municipal de Chacao, que a pesar del aspecto de abandono aún tienen clientes y venden productos. Una de esas es Gertrudis Núñez de 75 años, lleva lentes de sol y el cabello recién arreglado en la peluquería.

Espera que la atiendan en uno de los kioscos para pagar 100 mil bolívares por medio kilo de frijoles con lo que recibió de su pensión. “Esto es un abuso, pero peor es que la gente le quite los ceros a los precios para hacerlos ver más baratos. ¡Las cosas como son!”, alertó.

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Siempre ha considerado que el pago de la pensión es insuficiente  porque “Sólo dan 850 mil bolívares y a mi esposo le dieron nada más 100 mil, que sirven para pagar estos granos”, los cuales nos muestra. En su bolsa lleva seis naranjas que le costaron 30 mil y dijo que no compró la docena porque era más costosa.

“Mi despensa y nevera están vacías de lo único que están llenas es de luz y agua, más nada”. Núñez también ha perdido peso producto de la falta de alimento. Ya no almuerzo, quizás se come una fruta y con eso amortigua hasta la noche cuando cena un poco de avena o arepa.

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Por mucho que viva con su familia, nada es como antes “Recuerdo que siempre comíamos arroz con pollo o paella, pero esos tiempos murieron”, lamentó.

De una Guerra Mundial a cuarentena alimentaria

Saliendo del nuevo Mercado Municipal del Chacao, adyacente al original, baja con mucho cuidado las escaleras Ida Toppeta, quien sobrevivió a la segunda guerra mundial en la Italia de Benito Mussolini. Viste una bata larga y va acompañada por su hija, Claudia Guillo.

Toppeta tiene 92 años, vive sola y a dos cuadras del recinto y su hija afirma que es muy difícil para la nonagenaria tener que buscar comida sin parar. “Ella en Italia producía todo lo necesario para estar bien alimentada”, explicó.

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Tuvo problemas para recibir su pensión, por lo que debió realizar un tour bancario en todo Chacao porque en unos no había sistema y en otros no había efectivo y les tocó esperar .“Mi mamá no está en condiciones para caminar calle arriba  calle abajo” agrega Grillo. Al final sólo le dieron 500 mil bolívares, de los cuales le quedan 300 mil porque los gastó en dos plátanos que lleva dentro de una bolsa plástica.

De nuevo en la avenida Francisco de Miranda, Edith Pedrozo sigue esperando entrar al supermercado está agitada y se contonea para luego hablar mal del que considera el culpable de su crisis, Nicolás Maduro, a quien le hace una seña muy gráfica en desapruebo a su gestión.

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