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Venezuela se descapitaliza: hasta 82% de estudiantes quiere irse para no volver

AVN
12/05/2015

La vasta mayoría de los estudiantes de las principales universidades de Venezuela quieren irse después de graduarse, empujados por la violencia ciudadana y la pérdida del ingreso, señala una reciente encuesta sobre esta descapitalización acelerada de recursos humanos que contribuye al retraso del país frente al resto del mundo.

Esta perspectiva refuerza la tendencia de un éxodo sostenido, que se ha acelerado en los últimos años, especialmente de talentos con educación universitaria, que hoy encuentran refugio en unos 96 países en los cinco continentes, explicó el sociólogo Iván De la Vega, doctor en ciencias, especialista en temas de tecnología y recursos humanos, y uno de los investigadores más acuciosos sobre las olas de migraciones de venezolanos que cada día pisan los aeropuertos rumbo a otras tierras.

“Venezuela es el país de América latina con mayor emigración de personas cualificadas”, dijo De La Vega en una reciente entrevista para el programa Análisis Venezolano, por ElVenezolano.TV.

“Hoy en día el tema del ingreso es equivalente en algunos porcentajes al de la inseguridad como determinantes para que la gente tome la decisión de emigrar”, dijo sobre los hallazgos de estudios en la Universidad Central de Venezuela, la Católica Andrés Bello, la Metropolitana y la Simón Bolívar.

“Lo grave del asunto es que entre 67, 72 y hasta 82 por ciento de los estudiantes (según la universidad) dicen en todos los casos (de la consulta) querer irse del país y no retornar bajo las condiciones actuales”, señala De la Vega sobre el sondeo de las intenciones y deseos de este grupo.

“Eso es muy grave porque en la sociedad global del conocimiento lo más importante ya no es el capital, la tierra o el trabajo, es el valor de las competencias de las personas. Las organizaciones, multinacionales o los países de mayor desarrollo se nutren de las personas más cualificadas para que ayuden en ese desarrollo”, señaló.

Venezuela está perdiendo aceleradamente su principal riqueza: este capital humano que está abandonando el país para escapar de la violencia callejera y del derrumbe de la economía.

Esa nueva vocación migratoria ha invertido una tradición que durante todo el siglo XX caracterizó al país como una tierra prometida. Hoy comienza entre los jóvenes estudiantes, se prolonga en profesionales recién graduados y con post grados y doctorados y sus familias.

Durante buena parte del siglo XX Venezuela fue un país receptor de inmigrantes que ingresaron en dos grandes oleadas. La primera con los que llegaron huyendo de la Segunda Guerra Mundial, desde el sur de Europa, a los que le siguieron en los 70 personas de Colombia, Ecuador, Perú, República Dominicana. También familias del cono sur americano: argentinos, chilenos, uruguayos, que en promedio tenían un nivel de instrucción superior, señala el experto.

Algunos hitos históricos marcan cómo ese perfil del país receptor se fue deteriorando hasta llegar a lo que somos hoy.

Comenzó con el Viernes Negro, de 1983; los estallidos sociales de 1989 que “marcaron un hito negativo en la conciencia, pues se supo que el país no iba a en una senda correcta de progreso, de desarrollo” señala De la Vega, quien dirige el Laboratorio Internacional de Migraciones.

Después, en los años 90 fueron las intentonas de golpes de Estado y las corridas e intervenciones bancarias.

“Venezuela comenzó a sufrir el retorno de personas que comenzaron a tomar la decisión de irse”, señala el sociólogo.

Pero el proceso se ha acelerado en los últimos años y hoy vemos por ejemplo como colombianos están regresando masivamente a su país de origen y hay una subestimación de datos porque se van con su doble nacionalidad. Así pasa con ecuatorianos y dominicanos y los que vinieron del cono sur, puntualiza.

Chile es hoy el país emergente más importante de la región; Ecuador ya ha superado a Venezuela hasta en el número de artículos científicos publicados en revistas internacionales, al igual que Colombia, que nos quintuplica en este renglón.

“Venezuela ha decaído y el resto de los países de la región han avanzado. Ese un indicador muy claro de cuales políticas públicas tienen repercusiones para el desarrollo de las naciones y cuales no las tienen”, sintetizó.

En las encuestas levantadas entre 2010, 2011 y 2013, las principales causas para emigrar que citaban los estudiantes eran éstas:

1. Inseguridad
2. Gobierno
3. Polarización política
4. Poco poder adquisitivo
5. Falta de oportunidades laborales
6. La corrupción

En 2010, más del 65% de los consultados en las cuatro universidades decían que la inseguridad era el principal incentivo para irse, después la polarización política y el tema salarial, la imposibilidad de tener acceso a buenos salarios. Pero ahora esos valores se han ido equilibrando.

”Hoy en día, en la última encuesta que se está tabulando en este momento, el tema del ingreso es equivalente en algunos porcentajes a la inseguridad como los dos principales determinantes para que la gente tenga la intención de emigrar”, explicó.

Acaso el problema mayor es que todas esas causas son estructurales, de difícil solución en un país donde la economía marcha en caída libre, con la inflación más alta del mundo, recesión económica y pérdida del poder adquisitivo de los asalariados.

Si eso se combina con la falta de acciones para sacar a Venezuela el vergonzoso podio de los tres países con mayores asesinatos en el mundo por cada 100.000 habitantes, con la creciente confrontación política y la radicalización del gobierno, hay pocas razones para creer que se frenará en el mediano plazo este desangre de talentos.

Las encuestas que cita De la Vega y su equipo buscan medir esos aspectos medulares de la situación del país. Se consultaron a 300 estudiantes en cada una de esas cuatro universidades, en facultades de Medicina, Economía, Ingeniería y Ciencias, para tomar algunos indicadores, pues “una cosa es querer hacerlo y otra poder hacerlo”.

La idea era estudiar medidas para que esa gente no se vaya del país, o minimizar el fenómeno.

Una pregunta crucial en la encuesta antes pasar a la segunda fase, era si tenían intención de emigrar.

“Ningún estudiante ha dejado de pasar” a la segunda parte de la encuesta, donde les preguntaban si tenían intención de, al graduarse, salir del país a buscar trabajo o  estudiar un postgrado sin retornar a Venezuela.

Al analizar este problema surge el dilema de cómo decirle a estos profesionales que no se vayan del país.

“Cada persona es un proyecto de vida. Me ha tocado entrevistar a profundidad a gente muy cualificada, con doctorado, PHD y lamentablemente Venezuela ha tenido un deterioro progresivo y sostenido, con cada vez menos oportunidades. Ese punto de inflexión hace que la gente tome la idea de pensar como irse del país y a dónde irse”, señaló.

“Cada cabeza es un mundo. Los distintos momentos de la vida de una persona son complicados y tomar la decisión de emigrar no es un asunto trivial”, agregó al recordar experiencias de algunos que han vendido todo, han estado dos años afuera y luego han tenido que regresar por que no consiguieron espacios. Pensaron que allá siempre hay buenas oportunidades y “no necesariamente es así”.

Venezuela, recalca, se está quedando atrás mientras en el mundo países como Estados Unidos, India, China, Japón y muchos de Europa, viven un importante proceso de transformación cualitativa y convergencia tecnológica.

“En la sociedad global de conocimiento el único país que no trabaja en esa manera sino en el desconocimiento es Venezuela”, afirma.

Los organismos del Estado ni siquiera divulgan las cifras del flujo migratorio venezolano. Pero investigaciones independientes dirigidas por De la Vega revelan que hoy cerca de 1,5 millones de venezolanos viven en el exterior, lo que equivale a casi cinco por ciento de la población del país.

En el año 91 teníamos en España menos de 10 mil, hoy hay 160.000 oficialmente. En Estados Unidos eran menos de 40.000, hoy son 260.000.

“El asunto es que tenemos venezolanos repartidos por Asia, Oceanía, y hasta Africa. Es un tema dramático. Venezuela está perdiendo su capital mas importante, el intelectual. Hay un trafico pesado de venezolanos cualificados hacia múltiples destinos”, dice.

Según las investigaciones entre los más de 260.000 venezolanos registrados en Estados Unidos el 51% tiene como mínimo nivel profesional hacia arriba: maestrías o doctorado. El segundo grupo de nacionales son de Argentina, con 36%.

Es un dato muy revelador. Indica que el venezolano que está emigrando es clase media, media alta con altas cualificaciones. Eso es grave, mucho peor  si estos profesionales no se reconectan con el país a través de tecnologías de información, proyectos formales, ofertas de trabajo de cooperación científico técnica internacional, visitas cortas y otros mecanismos formales de transferencia de tecnología y conocimiento, explica.

Mientras esto pasa, el país se queda estancado.

“Vamos a un nuevo orden nanotecnológico mundial. En los próximos 10 años vamos a un cambio en toda la industria manufacturera mundial con componentes nanotecnológicos. Aquellos países que no tengan interlocutores válidos en nano, biotecnología y ciencias de información y comunicación van a estar muy por debajo y las brechas de desarrollo se van a seguir amplificando”, afirmó.

Otros países de la región, como Colombia, Argentina, Brasil y México están reforzando y formando gente en estas áreas porque entienden que si utilizan esa ventana de oportunidad pueden colocarse en una mejor situación. Acá en Venezuela no tenemos capacidad en estos temas y lo más grave es que en el gobierno pareciese que no los interesa o no tiene capacidad de entender que el mundo va hacia allá”, dice.

La pregunta es si este proceso es irreversible.

“Estamos en Venezuela con graves problemas estructurales. Si no los solucionamos evidentemente las posibilidades de ir saliendo de esta problemática van a ser complejas”, dijo.

Pero hay casos en el mundo, como el de Corea del Sur, que tras ser devastada por una guerra invirtió mucho en educación, salud y tecnología y planificaron a largo lazo para lograr un desarrollo importante.

“Si Venezuela cambia sus políticas publicas, si se coloca gente competente en cargos gubernamentales y comenzamos a identificar y conectar a los venezolanos y el conocimiento en el exterior y nos montamos en la ola de la ventana de oportunidades, pudiésemos estar empezando a reconstruir las posibilidades. Pero hay que trabajar a profundidad y con un cambio cualitativo en el gobierno”, concluye.

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