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Grandes frustraciones

ColasCaracas La Urbina
19/07/2016
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FOTO: ANDREA HERNÁNDEZ

La última de las Grandes Misiones reconoce el más evidente de los grandes fracasos revolucionarios. Cuando el presidente Chávez decidió crear la Gran Misión Vivienda y sustituir la desde entonces pequeña Misión Vivienda y sus pequeñas derivaciones, como la Misión Hábitat, abrió una puerta para reconocer en grande los desastres provocados por su gobierno y luego por los de sus herederos.

Entre 2003 y 2010, Pdvsa registró aportes a la llamada Misión Vivienda por 300, 500, 500, 476, 659, 221, 157 y 1.251 millones de dólares cada año. En 2011 fue creada la Gran Misión y Pdvsa le hizo un gran aporte por $4.010 millones. Luego, nada, y en los registros de Pdvsa la historia de asignaciones de la pequeña misión se fundió con la de la grande, como si la grande existiese desde 2003.

La contabilidad pública de otros aportes a la Gran Misión se perdió en la opacidad administrativa del gobierno, en presupuestos deliberadamente mal elaborados y memorias incompletas. La obligación trasladada al sistema bancario de financiar gastos no fue seguida de la pública rendición de cuentas públicas. Y las viviendas ubicadas en lugares muy visibles, para que fuesen vistas, no son todas de calidades similares ni facilitan la convivencia ciudadana.

No es la necesidad garantía de capacidad. En 2011, cuando fueron creadas las primeras Grandes Misiones, quedaban dos a tres años de precios altos del petróleo. Habían pasado ocho de precios crecientes. Las pequeñas misiones surgieron al lado de la administración pública existente. El presidente Chávez propuso consolidar dos administraciones públicas en su propuesta de reforma constitucional de 2007, reservando las “necesidades más sentidas” de la población a la misionera. Y a la vuelta de unos años, la multiplicación de las “necesidades más sentidas” deja muy a la vista lo que fue muchas veces advertido: sin organización y transparencia, la abundancia de recursos no significaría grandes esperanzas, sino grandes frustraciones.

Con la Gran Misión Abastecimiento Soberano el gobierno, ahora bicéfalo, reconoce que ve lo que todos vemos. Colas inmóviles y dolientes en las calles de las ciudades. Quien tiene ojos, las ve. Es más difícil que todos puedan ver la desnutrición de los niños, las muertes en los hospitales o los crímenes en las cárceles, pero todos podemos ver colas en las calles.

Que el gobierno, ahora bicéfalo, se disponga a seguir por el camino destructivo que ha elegido agrava desde ya nuestra tragedia.