Newsletter

Recibe nuestro Newsletter con lo mejor de El Estímulo en tu inbox a primera hora cada día.

SÍGUENOS

Hacinados en El Valle: Sin cama propia ni privacidad

_MG_3339
21/05/2015
|
EN LA FOTOGRAFÍA DE PORTADA: TODOS LOS QUE APARECEN ALLÍ COMPARTEN LA CAMA EN LA QUE FUERON RETRATADOS.

A propósito del intento de invasión de la casa Padre Machado en El Valle el pasado lunes, los vecinos de la zona mostraron sus hogares al equipo de El EstímuloPoco antes de que a Siul García la trasladaran a El Valle desde Nueva Tacagua, su casa le daba techo a ella, sus padres, un hermano y dos sobrinas. Todos ellos viven hoy en hacinamiento con otras personas. Menos su hermano, que fue asesinado en un atraco hace más de diez años.

En el intermedio tuvo una vivienda provisional: una carpa. En ella conocería por primera vez lo que se siente compartir hasta los centímetros más íntimos de una habitación. La inestabilidad del terreno, que amenazaba con fuerza por las lluvias, los obligó a desalojar. “Cocinábamos en la casa y en la noche bajábamos a la carpa a dormir”, recuerda.

Poco después, el edificio que alguna vez resguardó los recuerdos de su infancia se vino abajo. Ella ya estaba a salvo. El entonces presidente Hugo Chávez había inaugurado en el año 2000 el conjunto residencial Juan Manuel Cajigal, que consiste en tres etapas, para dar techo a quienes necesitaran.

Etapa 1 del conjunto Juan Manuel Cajigal en El Valle.

Etapa 1 del conjunto Juan Manuel Cajigal en El Valle.

A pesar de que en una edición del diario El Universal de junio de ese año se lee que los vecinos de El Valle no cederían “ni un milímetro” de ese conjunto, los desalojados de Nueva Tacagua están ahí hoy. Y García nunca ha tenido problemas. Hoy es una de las líderes de su comunidad.

Niñas jugando en los espacios comunes del conjunto residencial.

Niñas jugando en los espacios comunes del conjunto residencial.

A todos les da instrucciones sobre cómo sacar la “carta de no residencia” y otros trámites necesarios para solicitar una vivienda al Estado. Y al que puede, y se muestra interesado, le hace un recorrido por las casa de sus vecinos. Todos ellos viven apretados.

Una de las habitaciones de la familia Centeno.

Una de las habitaciones de la familia Centeno.

Su apartamento fue recibiendo personas que, circunstancialmente, terminaban buscando hogar allí. Cada uno llega con una historia distinta. De los 13 que viven con ella, una vino desde Sucre a Caracas para estudiar en la UCV. Otros dejaban los rincones de casas ajenas donde vivían “arrimados” y volteaban a García para una mano de su propia sangre. Y otros tantos fueron naciendo con los años. La familia, a la que nunca se le puede negar techo, se fue haciendo más grande; y el espacio, más pequeño. Casi ninguno ha tenido nunca una vivienda propia. Forman parte del déficit de 3 millones que tiene el país, según la Cámara Inmobiliaria de Vivienda.

En las tardes, cuando todos están trabajando, los niños aprovechan el espacio para jugar.

En las tardes, cuando todos están trabajando, los niños aprovechan el espacio para jugar.

Los momentos de más calma llegan cuando todos se van. Mientras algunos trabajan, el que queda tiene varias horas para estirarse. Eso sí, antes debe guardar las camas tipo gaveta, que solo sacan a la hora de dormir. “Si las dejas afuera no puedes caminar”, señala García. En las mañanas no es asunto fácil el turno para cepillarse los dientes. Pero las noches también tienen sus complicaciones. Las parejas que comparten habitación con hijos y madres deben hasta aguantarse las ganas de meterse bajo las sábanas.

“Hay que esperar a que se vaya la gente y rebuscarse. O ligar que no despierte nadie mientras…”, explica uno de los hombres, cuya esposa está a la espera de su segundo hijo. Este sería el miembro número 19 de otra de las familias que vive en hacinamiento. Es uno de los más de 700 mil hogares que tienen esta condición en todo el país, según cifras del INE de 2011.

Vivir en hacinamiento es, según lo define este instituto, compartir habitación con más de 3 personas. La familia Centeno se reparte así: 8, 5 y 3 personas en cada una de las 3 habitaciones. Uno duerme en la sala. Otros dos en las barrigas de sus madres, hasta dentro de un par de meses, cuando habrá que buscarle algún espacio.

Alimentos, productos de limpieza y de higiene personal se mezclan en los estantes.

Alimentos, productos de limpieza y de higiene personal se mezclan en los estantes.

Los alimentos son guardados en tobos, pues en la nevera no alcanza el espacio para todos.

Los alimentos son guardados en tobos, pues en la nevera no alcanza el espacio para todos.

Aunque para García la desesperación no es excusa para el intento de toma del centro de rehabilitación Padre Machado, entiende a las vecinas que participaron. “Nos reunimos con [el Jefe de Gobierno de Distrito Capital] Ernesto Villegas y nos pidió que nos organizáramos para poder resolver el problema”. Y en eso trabaja estos días. La angustia se le nota en sus maneras aceleradas. Y no es para menos, de su capacidad de organización dependerá que el Estado atienda o no una necesidad que lleva años reduciendo sus espacios. Llamadas, cartas y reuniones van y vienen con la esperanza de que, sin tener que usar la fuerza, puedan abrir la puerta de una casa nueva.

Una de las habitaciones de la familia Centeno.

Una de las habitaciones de la familia Centeno.