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Hasta Isaías se fue

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21/05/2019
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FOTOGRAFÍA: EFE

Yo viví en Maracay, estado Aragua durante 21 años. Cuando en 2001 Chávez nombró Fiscal General de la Nación a Isaías Rodríguez, muchas personas amigas se regocijaron. Ya se habían regocijado por su nombramiento como vicepresidente de la Constituyente de 1999. “Isaías es un hombre serio”…  “ es una elección magnífica”… “me alegro por él, pero más por el país”… Demás está decir que todos ellos, sin excepción, no sólo tuvieron que tragarse sus palabras ante la evidencia de sus actuaciones, sino que se arrepintieron públicamente. Hubo otras voces, sin embargo, que desde el día uno, auguraron lo peor… y tuvieron razón. Tal vez lo conocían mejor, porque nadie cambia 180 grados de un día para otro.

Todas las actuaciones políticas y no políticas de Isaías fueron lamentables, vergonzosas y cursis. Desde haber tenido el atrevimiento de publicar un libro suyo en la impecable Biblioteca Ayacucho (que en ese momento dejó de ser impecable), hasta aquel bochornoso show con el testigo estrella del caso Danilo Anderson. Contando, por supuesto, su pasantía como vicepresidente de la república.

De sus lealtades no conozco. Cuando vivía en Chulavista, casualmente en el edificio que vivía mi mamá, no aguantó los cacerolazos que le daban cuatro señoras mayores cada vez que llegaba o salía. A veces venían los vecinos de los edificios aledaños a cacerolearlo también, pero quienes lo sacaron fueron aquellas dignas representantes de la tercera edad. Una vez se apersonó en el edificio su amiga Luisa Ortega Díaz, a interrogar a los empleados, conserjes y guardias, sobre los nombres de quienes allí vivían. Sin embargo, a Luisa Ortega la atacó ferozmente cuando ésta se le volteó al régimen… ¿será que tenía esperanzas de volver a la Fiscalía?… Volvió al edificio sólo después de que incluyeron como delito en el Código Penal el cacerolear a funcionarios.

En el edificio hubo otro episodio que llenó de indignación a los vecinos: un día, Isaías dejó las llaves dentro de su apartamento. Pero en vez de llamar a un cerrajero, mandó a uno de los guardias a lanzarse con una cuerda del apartamento de arriba para que entrara por la jardinera. Por fortuna no hubo accidente que lamentar. Sólo un ser miserable pone en riesgo la vida de alguien de esa manera. Porque si se hubiera caído, se hubiera matado. No era un piso 1… era el piso 5 o 6, ya no recuerdo con exactitud.

Luego de tantos favores hechos a Chávez, Julián Isaías Rodríguez, el “buen soldado”, fue designado Embajador de Venezuela en Italia, donde permaneció hasta hoy 20 de mayo, cuando conocimos su carta de renuncia, un monumento al mal gusto, una depredación de la lengua española y un mamotreto repipi, como dicen en la Madre Patria. Encima, le echa una broma a Maduro, quien ya no podrá nombrar embajador sustituto.

En la película de Mervyn LeRoy, “Quo vadis?”, basada en el libro del mismo nombre de Henryk Sienkiewicz, hay una escena memorable:

Cayo Petronio invita a sus más íntimos amigos a cenar con él. Después de cenar hace venir a un médico para que le corte las venas del antebrazo. Eunice, su esclava y enamorada, se corta las suyas. Mientras los dos agonizan, Petronio dicta una carta a un escriba, que después de su muerte debe ser entregada a Nerón.

“Nerón… te perdono por haber incendiado Roma, por haber asesinado a tu madre Agripina y a tu esposa Octavia, por perseguir a los cristianos y culparlos de los crímenes por ti cometidos… pero nunca te perdonaré tus aburridas canciones, tus ramplones poemas, tus versos de tercera categoría”. Y termina suplicándole “por favor, Nerón: ¡no mutiles las Artes!”.

La escena me vino a la mente después de leer la carta. Por supuesto, demás está decir que la comparación con Nerón le queda inmensa a Isaías, porque Nerón antes de volverse loco, fue un gran emperador (hay historiadores que sostienen la tesis de que a Nerón lo volvió loco la sífilis).

En fin, Isaías dizque se va a cuidar nietos. Dizque deja la política. Dizque va a vivir con el dinero de la venta de las joyas de su mujer. Dizque se dedicará a “perfeccionar su dignidad”. Dizque se va sin enemigos.

En la primera curva pronunciada de la subida de Chulavista, escribieron un grafitti que mandaron a eliminar de inmediato y que apareció de nuevo más rápido que el tiempo que tomó pintar la defensa, de manera que decidieron dejarlo, porque todo lo que borraran aparecería de nuevo. Ahí permaneció por años. Decía: “Isaías, como poeta también eres una mierda”.