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Hay razones para votar y no votar, pero ¿qué es mejor?

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12/05/2018
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FOTOGRAFÍA: ALEJANDRO CREMADES | EL ESTÍMULO

De un gobierno cada vez más totalitario no se puede esperar que mejore las condiciones electorales. Estas siempre serán peores porque del desprestigio de la institución del voto depende la continuidad del régimen. Por eso, un gobierno totalitario evitará mejorar las condiciones y garantías electorales que puedan desplazarlo del poder.

Ciertamente, las condiciones electorales para las presidenciales del 20-M lucen muy deterioradas en comparación con las Parlamentarias de 2015. Para empezar, en aquella oportunidad la MUD -como coalición opositora-, se pudo presentar con su tarjeta, que esta vez fue ilegalizada para desmotivar y dispersar a sus seguidores.

En 2015, el CNE no estaba tan abiertamente parcializado ni se había prestado a conculcar derechos constitucionales de los ciudadanos como el referendo revocatorio, ni a manipular a conveniencia del gobierno la fecha de las elecciones de alcaldes, gobernadores, concejales, legisladores regionales y presidente de la República.

La ilegalización de varios de los partidos de la MUD, la persecución, inhabilitación y encarcelamiento de emblemáticos dirigentes y la anulación de la tarjeta de la MUD, ciertamente constituyen un deterioro de las condiciones electorales que es necesario reconocer.

Ahora bien, es iluso esperar que las condiciones electorales mejoren mientras siga la degeneración totalitaria en el poder. El oficialismo en cada elección abusa de los recursos públicos para correr con ventaja frente a los candidatos de la oposición. Y ahora este ventajismo se refuerza con la implantación de un entramado de chantaje electoral que incluye la entrega de bolsas Clap, bonos, pensiones y otras dádivas clientelares que se reparten a través del Carnet de la Patria.

Pero la falta de plenas garantías electorales no implica que el fraude esté cantado y que ir a votar sea legitimar una farsa electoral. Con un 80% de rechazo a la reelección de Nicolás Maduro, la maquinaria gobiernera puede terminar arrastrando a votar a sus propios sepultureros que ya no aguantan el azote de la escasez, la hiperinflación y la criminalidad. El clamor nacional por reemplazar al principal responsable de la tragedia nacional se extiende a la clientela electoral del oficialismo que ve a Maduro como un traidor al legado de Chávez.

Condiciones políticas vs condiciones electorales

A pesar de las favorables condiciones políticas para lograr el cambio, un significativo porcentaje del electorado no quiere ir a votar porque interpreta que una alta abstención es lo que puede deslegitimar al gobierno hasta provocar su caída. Descartan la posibilidad de propinarle una paliza electoral al candidato oficialista porque tienen la certeza de que el fraude está cantado.

Pero a pesar del deterioro en las condiciones y garantías electorales, todavía queda un importante margen de maniobra que puede aprovecharse para convertir el enorme rechazo al actual gobierno en una abrumadora expresión electoral que lo reemplace. Sin embargo, si la abstención facilita la continuidad del autoritarismo, esta podría ser la última elección con voto universal, directo y secreto y, en adelante, podría implantarse una elección de segundo grado, tal como se ensayó con la elección de los diputados sectoriales a la ANC. La abstención le resulta totalmente funcional al continuismo gubernamental y puede terminar siendo el tiro de gracia para la mal herida democracia venezolana.

A vigilar y defender cada voto en cada mesa

Recordemos que la abstención y falta de testigos fue lo que facilitó que se inflaran los resultados en la elección de la ANC y se forjaran algunas actas en el estado Bolívar que sirvieron para arrebatar el triunfo del candidato opositor. La masiva participación del electorado y los testigos defendiendo cada voto en cada mesa será la mejor defensa ante la amenaza de fraude. Y si aun así la trampa se perpetra, esta será una razón más poderosa que la abstención para deslegitimar al régimen.

La abstención aborta la posibilidad de lograr el cambio político de manera pacífica, democrática, electoral y constitucional. La abstención como solución parte de una falsa expectativa: la presión internacional obligará a Maduro a renunciar. Pero veámonos en el espejo de Cuba, que fue expulsada de la OEA y ni siquiera un bloqueo económico de más de medio siglo pudo provocar el cambio político que salvara a los cubanos de la precariedad y falta de derechos políticos y civiles.

La apuesta a la intervención internacional está asociada a un escenario de resistencia y confrontación violenta que elevará los costos humanos y materiales de una transición política que se puede lograr en paz si se acude a votar masivamente. La única opción para superar por la vía pacífica la actual crisis es a través del sufragio.

Hoy existe la posibilidad real de reemplazar a los responsables de la tragedia que sufre Venezuela. El clamor por un cambio en la conducción de la Nación se puede materializar si la ciudadanía no renuncia a la única herramienta que tiene para sustituir pacíficamente a sus gobernantes: el voto. Si participa masivamente y el poder ciudadano se activa como maquinaria electoral y defiende los votos, la soberanía popular se impondrá y el cambio político se podrá lograr en paz.

 

En las presidenciales del 20-M no se trata de elegir a un nuevo mesías. Votar significa reemplazar a un gobierno incapaz y corrupto y darle una lección a las cúpulas partidistas que no supieron escuchar el clamor del 80% del electorado que ansía un cambio político. Esas mismas cúpulas que ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo en el método para escoger un candidato unitario, ahora pretenden -con la falacia argumental de la falta de condiciones electorales-, desperdiciar la mejor oportunidad para sacar del poder a los responsables de la tragedia nacional.

Con estos mismos argumentos esa dirigencia llamó a la abstención en las Parlamentarias de 2005 y le facilitó al oficialismo el control del 100% de la Asamblea Nacional, lo cual le permitió colonizar todos los poderes públicos.

Para que el descontento nacional se convierta en una fuerza de cambio político hay que votar masivamente el 20-M y defender con actas en la mano la victoria popular.

Si los resultados del CNE no coinciden con los números consolidados de las actas, el pueblo sabrá defender en la calle su soberanía expresada a través del voto. La cuestión radica ahora en canalizar el enorme descontento a través de la candidatura con mayor opción y esa, sin lugar a dudas, es la de Henri Falcón.

@victoralvarezr