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La comunidad internacional vs la opacidad

GERMANY-VENEZUELA-DIPLOMACY
29/09/2017
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POR: AMADO FUGUET | @AMADOFUGUET

Los organismos regionales y multilaterales, así como las cancillerías, se nutren de datos, testimonios y documentos generados por grupos y entidades no gubernamentales, para contrastar o llenar el vacío de información oficial. De esta forma cuenta con información de calidad para fijar posiciones y tomar iniciativas ante la crisis venezolana.

Cuando el presidente y el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges y Freddy Guevara, visitaban a los presidentes europeos semanas atrás, les ofrecían información y datos sobre la realidad situacional de Venezuela. Pero se encontraban con la afortunada circunstancia de que los líderes de cada país no sólo asumían una clara posición de respaldo al parlamento venezolano como institución. También tenían en sus manos -y en sus cabezas- una documentada información y data sobre los distintos componentes de la crisis del país.

No debería sorprender, dado que una de las tareas que tiene toda embajada es investigar adecuadamente los distintos elementos del entorno donde representan a su nación de origen. De esta forma, pueden reflejar información fidedigna a sus cancillerías y a los jefes de gobierno sobre los asuntos clave de interés mutuo.

Pero en este caso, llamaba la atención de la comitiva de la Asamblea Nacional venezolana que cada argumento y cada posición que expresaban los presidentes de Francia, Alemania, Inglaterra o España, estaban sustentados en una información bien ordenada y precisa sobre el acontecer nacional. Sobre todo, resaltaba el hecho de que las cancillerías tenían a mano información en buena medida no provista por organismos oficiales venezolanos.

Información insuficiente o no satisfactoria

 

Horas antes de cada visita de Borges y Guevara, los embajadores de Maduro en Europa hacían diligencias ante las cancillerías de cada país europeo incluidos en la gira. La intención era anticipar su versión ante los acontecimientos, como también lo fue la presencia posterior que realizó Arreaza. Pero la información que de esta fuente provenía era insuficiente o al menos no satisfactoria -por no decir sesgada- para los organismos europeos.

Las mismas limitaciones de acceso a información fidedigna que debería ser pública y que aspiran los ciudadanos, los medios de comunicación y cualquier organización nacional, la están viviendo las instituciones y gobiernos que tienen necesidad de conocer en detalle lo que acaece en todas las áreas de la sociedad venezolana.

La opacidad informativa oficial en cualquier materia bien sea sobre derechos humanos, economía, situación humanitaria y social, migración o procesos políticos, entre otros temas; ha dificultado a la comunidad internacional contar con documentación sobre cada aspecto.

Las fuentes no gubernamentales

 

Pero los gobiernos, los organismos internacionales y las ONG de alcance regional o mundial, han podido traspasar ese muro de opacidad. Y para ello han contado con el enorme esfuerzo que distintas organizaciones civiles del país han venido haciendo para que existan cifras y evidencias sobre la realidad en cualquier asunto de interés para los distintos países que están siguiendo de cerca la crisis venezolana y su impacto internacional.

Las han obtenido y les han sido de suma utilidad para fijar posiciones y tomar medidas. Ha sido así, tanto para cada gobierno en particular, como para los distintos organismos de la comunidad global y regional.

Precisamente esta semana, al presentar el informe “Empresas propiedad del Estado en Venezuela: un modelo de control”, decía la directora de Transparencia Internacional, Mercedes de Freitas, que investigar este caso había sido muy exigente, por la dificultad en obtener información de las fuentes oficiales, pero que, gracias a la ardua labor de especialistas en cada sector investigado, se obtuvieron resultados fehacientes sobre el objeto del análisis. Y mencionaba que es tal la sed de información sobre éste y cualquier otro asunto, que aún antes de hacerse el anuncio del informe, ya había demanda en obtener estos datos por parte de entidades nacionales e internacionales, dado que no existe información transparente gubernamental.

Días previos, Cáritas de Venezuela ofreció un detallado informe sobre los resultados de un sistema de monitoreo que informa periódica y oportunamente sobre el estado nutricional de niñas y niños menores de 5 años. Allí se reportaba que 35,5% de los niños pobres en el país presentan desnutrición.

Y así como estas organizaciones, existen ONG especializadas que investigan sectorialmente para descubrir información que de otra manera no es posible conocer. El Ipys (Instituto de Prensa y Sociedad) y Espacio Público, por ejemplo, hacen un seguimiento a las violaciones a la libertad de expresión, con data precisa que permite determinar tendencias en esta materia. El Foro Penal, además del apoyo que ofrece a los perseguidos, hace un acopio sobre el volumen de presos políticos y su estatus, lo cual debería ser tarea de organismos como la Fiscalía o la Defensoría del Pueblo.

Las universidades llevan a cabo estudios para llenar el vacío sobre índices fundamentales, como el de la pobreza. Lo que debía ofrecer el Instituto Nacional de Estadísticas, lo ha tenido que llenar la encuesta Encovi que realizan la Ucab, la UCV y la USB.

Los gremios privados llevan cuenta de las empresas que han venido cerrando, papel que el INE dejó de cumplir desde finales de la década pasada. También registran los niveles reales de producción en cada sector, para que sus posiciones y exigencias tengan sustento en data real y confiable.

La Asamblea Nacional ha tenido que asumir el rol de medición del índice de precios al consumidor que religiosamente en otras épocas ofrecía el Banco Central de Venezuela.

Organizaciones especializadas en asuntos comiciales, como la Red de Observación Electoral de la Asamblea de Educación, el Observatorio Electoral Venezolano, Súmate o el Centro de Estudios Políticos de la Ucab, han establecido procesos de seguimiento que permiten conocer lo que ha venido ocurriendo con el sistema electoral venezolano.

Firmas especialistas en economía trabajan indicadores sobre variables tan críticas en este momento como la balanza de pagos, la inflación, la demanda, el desempleo o el PIB.  Y en muchos casos es más frecuente que usen asteriscos a pie de gráfico que se acompañan con la frase: “Cálculos propios”. El BCV como fuente es cada vez menos frecuente porque ha limitado la publicación de datos estadísticos que otrora divulgaba oportunamente.

Organizaciones especialistas en salud se nutren entre ellos mismos de información sobre epidemias, falta de medicinas, situación en hospitales y data relevante que demuestra la crisis de este sector.

Las academias realizan análisis y advierten tendencias. Y proponen soluciones basadas en experiencias y conocimiento experto.

Los medios de comunicación, superando la censura, reportan sus propios aportes investigativos o sirven de eco oportuno para descubrir las realidades a la opinión pública local y global.

Todo este trabajo, aun cuando no esté coordinado entre todos estos actores, está agregando mucho valor para superar la crisis de la verdad, y para que la comunidad internacional pueda recabar información demostrativa de lo que realmente está ocurriendo en Venezuela. Mientras mejor y más información oportuna tenga a la mano, más argumentada será su posición, dentro del firme propósito que ha manifestado de contribuir para que el drama venezolano sea resuelto sin los traumas de un conflicto mayor.

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