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La crisis económica venezolana y el síndrome de abstinencia

Petroleo

El paciente, de nombre Venezuela, otra vez está bajo el efecto del “Síndrome de Abstinencia”.No solo sufre las alteraciones físicas propias del síndrome, sino también las psíquicas, quizás mucho más intensas. De nuevo, su adicción a la renta petrolera a la cual estaba cómodamente habituada, le está dejando secuelas.

Por más de 80 años, el diagnostico había sido realizado, y el tratamiento había sido prescrito. Desde Arturo Uslar Pietri, con su reflexiones sobre la necesidad de “Sembrar el Petróleo” (frase que según algunos historiadores fue acuñada por el economista andino Alberto Adriani), pasando por todos los foros, libros y documentos que advertían sobre ese día que se sabía iba a llegar, pero no tan pronto.

En dos platos, “sembrar el petróleo” invitaba a reflexionar sobre la necesidad de entender que la riqueza proveniente del petróleo es transitoria, puesto que proviene de un recurso no renovable, y por consiguiente, se urgía a aprovecharla invirtiéndola en sectores que permitieran diversificar la economía y que pudieran permitirle al país afrontar el futuro.

Lo que más sorprende no es tanto que no se estuviese adecuadamente preparado para lo que muchos sabían y advertían que venía, sino que se esté descubriendo lo que llegó, ahora, después de más de 80 años de advertencias, y de numerosos ejemplos de países que si han estado sembrando su petróleo: Noruega, Emiratos Arabes Unidos, Canadá, solo por nombrar algunos.

La mayoría de los países del mundo, que no dependen de una renta, se han visto obligados a motorizar sus sectores productivos de bienes y servicios, mediante varias estrategias, pero especialmente, a través del desarrollo de su sector comercio, orientado a las exportaciones y de la atracción de inversiones extranjeras aunado a la generación de estímulos e incentivos para el capital nacional.

En el caso de las inversiones extranjeras el país recibió en el año 2014, solo $320 millones (para el 2015, el acumulado de inversiones a septiembre, según el BCV, suma $1.383 millones sobre todo por reinversiones de utilidades que son dividendos que no obtienen divisas para volver a sus países de origen y tienen que permanecer en el país)

Solo por poner algunos ejemplos, en el año 2014, Brasil recibió $62.495 millones, Chile $ 22.949 y Colombia $ 16.054. Imagínese que el país estuviese recibiendo esas cifras de inversiones anuales, sumado al hecho, que muchos capitales nacionales no estuviesen mirando a otros horizontes, sino que tuvieran todos los incentivos para permanecer en el país.

En relación al comercio exterior de Venezuela, del total de sus exportaciones, 96% son petroleras. Allí también la creciente dependencia del petróleo hizo estragos. En el año 2014, se exportaron $ 2.983 millones de exportaciones no petroleras, después de mantener promedios superiores a los $ 7.000 millones en años previos. Imagínese de nuevo si las exportaciones no petroleras alcanzaran los $ 437.000 millones de Singapur o más cercano en nuestro continente, la diversificación de exportaciones que tienen Argentina, Brasil o Chile.

Lo fundamental para superar la crisis económica y superar este nuevo síndrome de abstinencia, es comprender que para exportar, hay que producir, y para producir, hay que invertir y para que esto último ocurra el entorno legal, económico y político debe ser el apropiado, conforme ocurre en otros países, pero sobre todo entender que hasta que no llamen las cosas por su verdadero nombre, los diagnósticos y tratamientos van a ser los errados.

Así lo determinó Confucio hace más de 2500 años. Cuando le preguntaron qué es lo que primero haría tras haber sido puesto al frente de la administración de un Estado, respondió: “Si hay algo que tenga prioridad, es seguramente la rectificación de los nombres, es decir, establecer una correspondencia entre los nombres y la realidad” (XIII.3 Analectas)