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La Juventus acabó con el espejismo blaugrana

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19/04/2017
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(AFP)

El equipo italiano salió ileso del Camp Nou. Conscientes de las debilidades del FC Barcelona, los dirigidos por Massimiliano Allegri jugaron un partido soberbio, siendo dominadores de las áreas. El sueño de los de Luis Enrique quedó como lo que realmente era: una ilusión sin mayor fundamento que las tripas y las emociones.Invito al lector a acompañarme en una de las reflexiones en las que invierto buena parte de mis horas: la batalla está perdida. No me refiero a las discusiones futbolísticas ni a la ética, tan golpeada en estos tiempos que ya es casi imposible reconocerla. Lo que le planteo es alejarnos un poco de lo más mundano y sumergirnos en temas menos llamativos pero más relevantes.

Nada de lo que hagamos impedirá nuestro único destino; nuestras acciones, lejos de vencer a semejante enemigo, no hacen sino alargar la agonía. La discusión entre la vida y la muerte no tiene otro desenlace que el triunfo de la segunda. Llegamos a este mundo con una única certeza: nada, ni nosotros mismos, es eterno. Cada vida, como cada ciclo, tiene un principio y también tiene un fin. El FC Barcelona está viviendo esa despedida que no se atrevieron a planificar y ahora, como cualquiera de nosotros, presionaron el botón de pánico sin poseer un manual de instrucciones.

A la muerte nos enseñaron a temerle. Bien porque la incertidumbre de lo que viene después de la vida nos aterroriza, o porque despedirse es quizá la conducta humana más dolorosa. Pero, si nos apartamos un poco de la desesperanza que viene con ella, encontraremos que también la acompaña una pizca de optimismo que le da un toque de gracia: con la muerte de los procesos también llegan nuevas oportunidades y nuevos ciclos.

“La muerte y la soledad de la muerte son las únicas certezas comunes a todos. ¡Cuán extraño es que esa única certeza, esa única comunión sea casi incapaz de influir sobre los hombres y que tan lejos estén de sentir esa fraternidad en la muerte! Advierto con placer que los hombres se resisten en absoluto a concebir la idea de la muerte y desearía contribuir a hacerles más digna cien veces de ser meditada la idea de la vida”. Friedrich Nietzsche

 

En el caso que nos compete, la eliminación del FC Barcelona de la Liga de Campeones, no supone el deceso de la institución catalana sino de una etapa, que no debe personalizarse en la figura del entrenador sino en toda la junta directiva que conduce al club.

Correr no es lo mismo que jugar

Luis Enrique había anunciado, en la rueda de prensa previa al duelo, que su equipo no tenía otra opción que atacar y seguir atacando. Su indicación era mucho más que lógica: la cercanía con el final nos hace pensar que aún hay algo de tiempo para conseguir lo que en plenitud de condiciones ni siquiera intentamos.

Barcelona no cayó eliminado por culpa de un mal partido en Turín; durante toda la temporada, el equipo español siguió apartándose de las cualidades que lo definieron durante mucho tiempo. Ese proceso de destrucción ha sido mucho más extenso, claro está, pero ha sido en este año en el que las consecuencias se hicieron palpables e insoportables.

Embriagados por el milagroso partido de vuelta ante el Paris Saint Germain, la prensa catalana hizo creíble que hacer jugadas es lo mismo que jugar al fútbol. Aquella remontada frente al conjunto francés tuvo como raíces fundacionales la desesperación y la vergüenza deportiva, idénticas causas que invitaban a algunos a creer que ante la Juventus todo podía repetirse, que lo extraordinario pasaría a ser ordinario, obviando que jugar bien y jugar mal no son consecuencia exclusiva de la intención de los intérpretes sino de muchos otros factores. En el episodio ante los parisinos, los blaugranas hicieron gala de un esfuerzo sin igual, pero el juego, más allá de la recuperación de la presión alta como herramienta, no fue el de las viejas noches en las que los rivales abandonaban el Camp Nou sin saber qué les había pasado por encima.

Hago referencia al pressing porque pareciera, siempre según algunas opiniones interesadas, que esa herramienta era suficiente para volver a dominar los partidos, y no es así. El juego no es una suma de mecanismos y cualidades, ni tampoco puede activarse a disposición de los protagonistas, casi como si el rival no tuviese injerencia en el partido.

Soy un enamorado de la creación, pero nunca ignoraría los aspectos del fútbol que tienen que ver con la voluntad. Correr es un acto voluntario, no de inspiración. La diferencia es que correr pueden hacerlo todos y crear, unos pocos“. Marcelo Bielsa

 

Esa búsqueda suicida del balón no salvó al equipo catalán, ni tan siquiera le sirvió para agarrar mal parado al equipo italiano. Va siendo hora de aprender que la intención no hace al ingenio: hace falta mucho más que el afán de querer ser, y este Barcelona, condicionado por las maravillosas cualidades de sus tres delanteros, sacrificó a los “viejos” interiores del idioma Barça con el objetivo de disimular lo que la MSN dejaba sin hacer. Puede que parezca exagerado, al fin y al cabo hablamos de Suárez, de Neymar, y como no, de Messi. Pero, a diferencia de episodios anteriores, esa magnífica delantera no encontró ante la Juve respuestas al formidable dispositivo italiano.

Así, con muchas más ganas que otra cosa, los catalanes creyeron posible someter a un señor equipo, sin más que lo individual por encima de lo colectivo. Este Barça se atragantó en su construcción de juego: la furibunda rapidez de sus jugadores no se acompañó con la mejor toma de decisiones; en este deporte vale más una cabeza fría que un organismo acelerado. Sin espacios para decidir, el tridente no encontró mayores apoyos: Iniesta y Busquets son apenas dos luceros entre tanta oscuridad.

Permítame hacer una aclaratoria. La Juventus NO se refugió en el tan manoseado catenaccio. Lejos de lo que los militantes de la banalidad y comerciantes de la estupidez han hecho creer, hay grandes equipos de aquel fútbol que, al igual que el equipo de Allegri, saben defenderse sin refugiarse en la retaguardia. Catenaccio significa cerrojo, y, como explica magistralmente Alex Couto Lago, en su libro “Las Grandes Escuelas del Fútbol Moderno”, este consiste en defenderse por acumulación de hombres cercanos al área propia y el ensayo de contragolpes una vez se recupere la pelota. Eso no describe a esta fantástica Juventus, por más que la dinámica de los partidos los lleve, como a cualquier equipo, a tener que replegarse momentáneamente. Pero los de Allegri no tienen en el contragolpe y el repliegue como sus principales armas.

La Juventus tuvo que defender buena parte del partido cerca del área de Buffon, pero aquello no fue una decisión propia sino la consecuencia del asedio blaugrana. El dato que mejor expone el enorme trabajo táctico defensivo de los italianos es que, de los 17 intentos barcelonistas, apenas uno fue bajo los tres palos. Los de Luis Enrique supieron sortear alcabalas hasta llegar a tres cuartos de cancha, pero a partir de ahí, la dinámica italiana, la solidaridad de sus jugadores y el conocimiento de las virtudes del rival dejaron en evidencia la ausencia creativa del Barça. Por ello debo recordar, aun en el momento más amargo para los seguidores del equipo catalán, que sin juego, sin aquella circulación del balón que desordenaba al rival, era y fue imposible generarle angustias al veterano portero juventino. Las estadísticas de UEFA son indiscutibles:

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Luis Enrique fue intervencionista. Volvieron Jordi Alba y aquel mediocampo con el que se venció a la propia Juve en la final de este torneo, allá por 2015. Pero el tiempo pasa, y mientras los italianos sumaron variantes de una incidencia brutal como Dybala, Cuadrado o Dani Alves, el club catalán no encontró, o no supo seducir, jugadores que, cuando menos, supusieran una ayuda al plan. La entrada de Mascherano como tercera modificación, cuando el Barça todavía creía posible la remontada fue un contundente mensaje del entrenador: no hay fondo de armario, y sin él es imposible competir contra los grandes rivales. Cuando el barco se hundía, ni André Gomes contó para el entrenador.

No hay nada más triste que decir adiós

 

En el inicio de estas líneas hacía mención a la muerte como, entre otras cosas, la posibilidad de reconstruir. La Juventus es el mejor ejemplo de ello: con paciencia y la constitución de un equipo técnico que trabaja a partir de líneas deportivas muy claras, los italianos han vuelto a su sitial natural. ¿Tiene el FC Barcelona en su staff institucional gente capacitada para tomar decisiones trascendentales? Las respuestas de Robert Fernández, secretario técnico, invitan a pesar que, al igual que cualquier intento de remontada, toda corrección será tan emocional como todo lo que hace esta junta.

A los catalanes les queda un inmediato enfrentamiento ante su máximo rival, con el aliciente de seguir peleando una liga que se ve muy cuesta arriba. Al igual que en la última temporada de Pep Guardiola al mando del equipo, los blaugranas llegan al clásico con el Real Madrid en medio de un torbellino emocional. Ganar el próximo fin de semana no serviría ni tan siquiera para maquillar la intranquilidad de la institución: no hay entrenador confirmado para la próxima temporada, y los relevos de Messi, Iniesta, Busquets y Piqué no aparecen en el panorama del club. Tampoco lo haría ganar la Copa del Rey, y es que, aunque parezca repetitivo, esta junta directiva hizo todo lo posible por dinamitar el modelo: lejos de potenciarlo y agregarle variantes para su natural evolución, lo combatieron, hasta el punto de que esas señales de identidad no son tan claras como hace un tiempo fueron.

La sensación final es que este Barça sigue despidiéndose de la excelencia que los llevó a reinar en el fútbol europeo durante los últimos años. Lo que no queda claro es si quienes conducen la institución tienen la humildad necesaria para aceptar sus errores y enmendar el rumbo. Es fútbol, y en él, todo es posible.

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