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La percepción internacional

GERMANY-VENEZUELA-DIPLOMACY
10/10/2017
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FOTOGRAFÍA: TOBIAS SCHWARZ | AFP

Venezuela se ha convertido en un problema internacional que nadie quiere que se agrave más pero que todos temen que lo hará.

Que entre el lunes 4 y el viernes 8 de septiembre, cuatro de los estadistas más importantes y ocupados del mundo recibieran al Presidente de la Asamblea Nacional, no es sólo la gira internacional más relevante de político venezolano alguno hasta ahora, sino un síntoma protuberante de tres realidades innegables.

Si el presidente francés Macrón, y los jefes de gobierno Rajoy de España, Merkel de Alemania y la británica May recibieron a Julio Borges con todos los honores, es por la enorme preocupación internacional que genera la situación venezolana, porque se reconoce y respeta a la institucionalidad de la Asamblea y a la oposición democrática coaligada en la Mesa de la Unidad, y porque el actual gobierno de nuestro país está en un nivel de deterioro y desprestigio que difícilmente tenga precedentes.

En nuestros vecinos latinoamericanos, ámbito en el cual ha ido cambiando la correlación político-ideológica aún cuando esos datos nunca son irreversibles, inquieta nuestra realidad económica y social. La migración de venezolanos, de cuya preparación y capacidad obtuvieron provecho, crece tanto y a un ritmo tan veloz y con tal desorden que ya no les permite ser indiferentes.

Los europeos se interesan por la situación de las comunidades originarias de sus países y por la situación de sus inversiones aquí, las cuales si bien menguan, tienen presencias de antigüedad y significación. Pero también entramos en su agenda porque la crisis se ha acentuado tanto que temen explosiones sociales o conflictos internos violentos.

Desde hace mucho el Congreso y el gobierno de Estados Unidos, históricamente nuestro principal socio comercial y el vecino más poderoso del hemisferio, siguen con interés la evolución de la situación venezolana, y a través de distintos pronunciamientos sostienen una línea que no es de indiferencia. Lo contrario sería ilógico, porque el cuadro ha empeorado.

 

Cierto que pasó la ola de protestas de abril a julio de este año, como antes la de 2014, pero nadie cree que no se repetirán pues saben que sus causas tienden a incrementarse. Y aunque todos lo animan, incluso EEUU que es la mano detrás de los encuentros en Dominicana, casi nadie confía en que tendrán algún resultado práctico mientras el gobierno venezolano no los asuma sinceramente.

La votación del próximo domingo será seguida atentamente afuera. Así como internamente un triunfo de la Unidad en la mayoría de los estados fortalecerá las esperanzas de cambio, reforzará la posición de quienes quieren ayudar diplomáticamente al cambio aquí.

Y al contrario, si los votos, la abstención o una conjunción de ambos, favorecieran a los candidatos del PSUV, el gobierno y su pretensión hegemónica saldrían inmerecidamente fortalecidos nacional e internacionalmente. Es lógico. El voto de los venezolanos el 15 de octubre puede tener un impacto mundial.

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