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La vida y la muerte valen su peso en oro en las minas de Venezuela

12/03/2016
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FOTOGRAFÍA: FABIOLA FERRERO

Detrás de los frecuentes asesinatos cometidos en las dantescas minas de oro de Venezuela subyace el móvil del dinero y la codicia, esos clásicos que también están presentes en muchos otros crímenes del género humano. El oro también es la moneda corriente en una economía distorsionada que gira en torno a la minería destructiva y depredadora.

Hay un economía fuertemente distorsionada e inflacionaria en todas las zonas del oro de Guayana y en pequeñas ciudades adyacentes, como Tumeremo, El Dorado y El Callao, que funcionan como bases de operaciones de estas actividades mineras, describieron varias fuentes.

El oro hace que el producto se encarezca de manera desproporcionada. Muchos piensan que todos vivimos de la minería, pero el hecho de que estemos en la zona minera no significa que todos vivamos de esa actividad”, explica vía telefónica Eric Leiva, presidente de la Cámara de Comercio de Tumeremo.

Calcula que el 65% de los trabajadores de la parroquia capital, de Tumeremo son asalariados formales y el otro 35% depende de la minería. Las otras parroquias del municipio son esencialmente mineras y solo el 10% es asalariado.

La minería del oro está rodeada de fábulas, leyendas, rumores, conjeturas y pocas certezas. En esa apuesta de riqueza instantánea tentando a la fortuna mucha gente deja la vida, la salud y los sueños. Se vuelve como un vicio en pos de la posibilidad de sacar en pocos días suficientes gramos de oro para resolver el futuro personal y el de la familia.

El oro incide en las referencias de precios y mientras más alejada esté la parroquia más caras van a ser las cosas, explica Leiva.

“El gramo de oro está en un promedio de 30 mil bolívares y cualquiera puede sacar 100.000 a 300 mil bolívares en 15 días. Eso, comparado con un salario mensual de 25.000, hace que indiscutiblemente la gente prefiera irse a la mina”, explica Leiva.

En momentos de crisis como la profunda recesión que atraviesa Venezuela aumentan los incentivos económicos para arriesgar el pellejo en las infernales minas de oro, enfrentar las adversidades del clima, las amenazas del zancudo y la malaria y las balas, machetes y motosierras de bandas armadas que controlan estos espacios como trincheras en tiempos de guerras.

Al riesgo de internarse en esos lugares donde la ley la imponen las balas y las mafias, hay que sumarle otro costo: 5.000 bolívares mínimo para llegar hasta allá, y hasta 7.000 por 20 litros de gasolina (lo que pone el litro en Bs 350, es decir, 350 veces más caro que fuera de la zona).

Y si un minero artesanal con todo y eso insiste en apostarle a esa vida, aunque sea por corto tiempo, tiene que destinar cinco gramos de oro a la semana para pagar a las mafias que controlan los yacimientos, revelaron otras fuentes que trabajan por la zona.

Para muchos el verdadero negocio no está en ese metal amarillo que en el imaginario popular fomenta los sueños, sino en varias actividades conexas.

El tráfico de combustible, armas, herramientas, licores, alimentos y mujeres en torno a las minas ilegales genera mucho más dinero que la propia explotación del metal.

 “El negocio indiscutiblemente va a ser sacar el oro. Lo que pasa es que alrededor de ese oro se crea una red de comercialización bastante amplia, puesto que el poder adquisitivo de la persona (el minero) es mayor y permite proliferar ese tipo de negocios, más donde está la explotación aurífera”, explica Leiva.

Es un ingreso alto, pero los gastos también son altos.

Algunos estudiosos en el tema calculan que por cada mil bolívares generados sobre una balanza en pepitas de oro, se mueven otros nueve mil en estas actividades. Y este curso del dinero que irriga varios sectores genera una fuerte inflación que golpea con saña los poblados y pequeñas ciudades en torno a las minas y socavones.

El precio de la gasolina es el mismo que en el resto del país, en las estaciones. Pero como estas bombas son controladas por militares y hay quienes burlan esos controles, algunas personas acumulan el combustible y lo revenden a precios exorbitantes: una pimpina de cinco litros está costando 5.000 mil bolívares, cuando hasta la semana pasada antes de la tranca provocada por las protestas costaba 600, dijo una fuente.

“Aquí no todo el mundo es minero y los precios son altísimos”, resume el alcalde del municipio Sifontes, Carlos Chancellor en medio de una entrevista reciente con un canal de TV.

La compra y venta de oro influye muchísimo en el alto costo de la vida en la zona, constataron periodistas de El Estímulo al recoger al voleo algunas referencias de precios.

El gramo de oro, (o grama, como lo llaman por allá) que por estos días vale entre 30.000 y 31.000 bolívares, es la moneda común en los poblados mineros y referencia para la fijación de los otros precios de intercambio.

Hay una no tan extraña coincidencia. Por estos días en el mercado mundial, el gramo de oro se cotiza en torno a $40. Dependiendo del tipo de cambio que uno aplique podrá constatar la dolarización libre que gira en torno a esta actividad en los parajes de Guayana.

En Tumeremo, un pueblo de 50.000 habitantes, los productos de mayor consumo como refrescos, agua y frutas son muchos más caros que en una gran ciudad como Caracas. También son caros los alimentos básicos que suelen ser consumidos en los campamentos mineros con una mínima cocción.

Por estos días un paquete de un kilo de arroz vale Bs 7.500, una botella de Coca Cola de dos litros Bs 1.000, un pollo crudo entero 4.000 y asado 8.000; una hamburguesa simple en un carrito callejero Bs 1.800.

Los mineros tienen que lidiar con una inflación mucho mayor que la que enfrentan los ya agobiados habitantes de los pueblos consolidados. Una bomba de agua pequeña, de esa que se utiliza para destruir las riberas de los ríos haciendo correr los sedimentos con mangueras, vale 600.000 bolívares; un simple pico de hierro con cabo, que se usa para excavar, vale entre Bs 15.000 y Bs 25.000 y una batea, el instrumento clásico del minero, un pedazo de madera torneada de forma circular para que en su fondo quede el oro, vale hasta Bs 50.000.

“Si el minero quiere llevar su comida a la mina debe pagar Bs 5.000 a la Guardia Nacional para que le dejen pasar al campamento”, comentó una fuente que prefirió el anonimato.

El letal mercurio, un metal líquido llamado popularmente azogue, y que se usa para separar el oro de la tierra y amalgamarlo, cuesta hoy entre 120.000 y 130.000 por kilo, según una fuente vinculada a la explotación formal.

Es usado indiscriminadamente y cuando es volatizado con fuego para que quede sólo el oro en los recipientes, ese vapor nocivo es inhalado por el propio minero. Otra parte va a la tierra directamente, con el mineral desperdiciado, y otro tanto queda en al aire, de donde regresará para contaminar suelos y aguas, personas, plantas y animales. Provoca graves enfermedades en el sistema nervioso central y deformaciones en fetos.

En esta economía de extracción y destrucción del entorno, todos los precios son altos porque la propia minería puede arrojar grandes ganancias. No importa si es un dinero trágico que se pierde en una noche en un bar, en una extorsión a manos de un uniformado, o en la inversión en materiales carísimos para seguir sucumbiendo a la codicia de querer conseguir todavía más.

El alto costo del transporte impacta a todas las parroquias, dentro y fuera de las zonas mineras. Un gandola cargada de productos cobra por flete desde Maracay a Puerto Ordaz, lo mismo que desde Puerto Ordaz a Tumeremo, por ejemplo. Es un viaje de 10 a 12 horas, contra uno de cuatro horas, describen los comerciantes.

El que negocia puede darse el lujo de pagar los sobreprecios y vender los productos muchos más caros porque por allá tampoco hay fiscalización y los mineros no quieren que la haya, porque prefieren estar abastecidos de lo que necesitan. De modo que un kilo de harina de maíz para las arepas vale en las localidades más cercanas a las minas Bs 400, cuando su precio marcado es de 19; la leche en polvo vale Bs 2.000 y el litro de aceite Bs 1.300, cuando marca menos de 100.

“Una persona que puede sacar 10 gramos de oro puede pagar ese precio y la misma población ha impedido que los organismos intercedan y hagan su trabajo”, dice al respecto Leiva.

Los habitantes de Tumeremo optan por ir a hacer compras al kilómetro 88 y Las Claritas, otro poblado cercano a una mina, donde hacen mercados de 100.ooo bolívares y pagan transportes de al menos 3.000.

“Pero si no eres minero, ¿cómo hace uno?” dice Sonia Arismendi, una camarera de un hotel de la zona.

La tranca de la carretera que paralizó la zona durante cinco días hasta ser disuelta con la represión  militar, dejó pérdidas millonarias a la altura del movimiento de dinero en torno al oro.

Leiva calculaba un millón de bolívares por cada comercio en los últimos días y suma unos 650 millones promediando los 650 comercios registrados.

Es difícil calcular el impacto de las protestas en la actividad informal en las bullas, como se llaman los nuevos descubrimientos que atraen a centenares de personas de la zona y de todo el país.

“Con 90 mil bolos aquí no se hace nada, eso es comida para 15 días”, afirma Omaira, mamá de un joven miner‎o que hoy vive en Ciudad Bolívar pero trabajó hace tiempo como cocinera en un campamento.

No hay gran actividad bancaria, ni abundan los cajeros automáticos en los pueblos más grandes, mucho menos en las minas y sus alrededores.

Todo se paga en efectivo, inclusive la compra y venta de oro, que se suele hacer en tenderetes donde en una sola transacción se mueven de un solo golpe 70, 80, 100 mil bolívares, billete sobre billete. Incluso son frecuentes las transacciones de un millón o dos millones de bolívares en una venta común de oro en una tienda pequeña, constataron reporteros de El Estímulo.

El alto costo agrava los problemas de escasez de medicinas y alimentos que torturan a toda Venezuela y, como en cualquier cola, todo el mundo se queja de que no hay nada. Pero si tienes con qué pagar, puedes comprar algunas cosas. Motorizados van de un lado a otro por las calles de Tumeremo y por los polvorientos caminos rumbo a las minas cargados con paquetes de suministros y vituallas.

El kilómetro 88 es un pueblo consolidado a la orilla de la carretera que conduce hacia la Gran Sabana, el sur del estado Bolívar, hacia la frontera con Brasil.

Nació de un campamento minero que hace algunos años era solo un rancherío de casas de zinc y calles llenas de barro, donde de vez en cuando se escuchaban las detonaciones de los disparos de escopeta, con los que ahuyentaban a los invasores que se disputaban la mina. Grandes cráteres y árboles derribados eran entonces el testimonio del avance de una minería depredadora y contaminante.

Pero hoy allí se consiguen más cosas básicas que en Tumeremo. Es posible comprar aceite, café, azúcar, carne, leche y hasta pañales, pero claro, todo a precios de pepitas de oro, mucho más altos que en el resto del país.

Hay minas muy prósperas, dominadas por mafias conocidas como “El Sindicato” que imponen su orden y su ley, como lo haría una banda guerrillera en Colombia. Todo el mundo advierte a los desprevenidos visitantes que ni se les ocurra acercarse a las explotaciones como Hoja de Lata, o la propia Atenas, la vinculada con la desaparición de los 28 mineros, a menos que estén bien apadrinados por alguien.

Ni en Tumeremo ni en el Kilómetro 88 hay cadenas comerciales ni supermercados. Los establecimientos son pequeños, con propietarios chinos y árabes que controlan las cadenas de comercialización y fijan los precios que les da la gana.

“Aquí no hay Sundde (el organismo del gobierno nacional que controla los precios en el país) ni nada de eso. Aquí lo que hay es plata”, comentó una fuente.

Un minero necesita sacar más de un gramo de oro para pagarle a su familia un mercado mínimo que vale Bs 50.000, que aunque suena mucho es nada en esos parajes, agrega.

En la zona del Kilómetro 88 y las minas aledañas las transacciones con oro son tan altas y hay tanto poder de compra que un bien como un camión ya no se calcula en dólares, mucho menos en bolívares, sino en kilos de oro.

Armas, equipo de minería pesada como motobombas, mangueras y molinos también se mueven en efectivo. Los primeros compradores del oro actúan como casas de empeño o cajas de banco, que dan efectivo rápido a los mineros a cambio de una comisión del 10% de la transacción o del peso del metal de la muerte.

(Con reporte de Johann Starchevich, desde Tumeremo)