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Los muertos no cuentan

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Estuve en El Salvador la semana pasada. Hay muchas cosas que podría decir que me llamaron la atención. Desde lo de pagar todo en dólares o que las calles estuvieran en su mayoría asfaltadas, hasta la tremenda humildad y educación de su gente. Pero lo que más me sorprendió fueron las portadas de los periódicos. Había muertos.

Homicide Monitor pone a El Salvador como el sexto país más violento del mundo. Las cifras de 2012 son de 35,7 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Se sabe que 62,8% de las víctimas lo fueron por arma de fuego, 85,7% eran hombres y 48% tiene entre 15 y 29 años. Los datos salen de tres fuentes distintas: Corte Suprema de Justicia, Instituto de Medicina Legal y la Unidad de Estadísticas Forenses.

En los diarios nacionales estaban los muertos que se prevé haya en el mes. Y el promedio de muertos al día. Y el anuncio de que hay un incremento diario de estos muertos. Incluso una cifra de este aumento. Pero lo sorprendente es que los muertos no son una cifra extraoficial de alguien que tuvo a bien contarlos uno por uno según entraban en la morgue. Son un dato de un organismo público.

En el Foro Centroamericano de Periodismo organizado por El Faro hablamos de muertos, de cómo hablar de los muertos, de las víctimas y los victimarios. Después de las charlas y los talleres formales se dan esos foros paralelos en los que todos compartimos experiencias y batallitas alrededor de una mesa con trago.

Tras varias micheladas encima empezó el infértil debate de qué región era la más violenta. Podría decir que estaba en desventaja porque era la única representante de Venezuela y el resto era de Centroamérica. O que, para mi suerte, no pude contar ni una sola vez que me hayan apuntado con una pistola, frente a los múltiples asaltos a mis contertulios. Pero mi debilidad no estaba ahí.

La web mencionada sitúa a Venezuela como el segundo país más violento del mundo, con 16.072 muertes en 2012, 53,7 por cada 100 mil habitantes. No se sabe más. Ni cuántas muertes fueron cómo, ni edad, ni género. Ni siquiera es confiable la cifra porque no sale de fuentes concretas y no hay organismo oficial con el que contrastarla.

Expliqué que en Venezuela no hay cifras oficiales de violencia hace rato, que algunos piensan que es un modo eficaz para que no aumente, que los muertos son un estimado, que no es algo tan ‘estructurado’ como una mara o una pandilla. Traté de explicar más y me di cuenta que ni yo misma lo entendía.

Me callé. Tomé un trago de mezcal. Recordé el periódico de la mañana: El modo de luchar contra algo es saber la magnitud de ese algo. “Homicidios diarios se incrementan de 14 a 21, según autoridades”.